Las Guerras Carlistas


Carlos María Isidro de Borbón y Isabel II de España

La expresión Guerras Carlistas es empleada para referirse a las tres guerras civiles españolas del siglo XIX entre los carlistas (absolutistas), partidarios de Carlos María Isidro de Borbón y sus descendientes, y los liberales, partidarios del gobierno de Isabel II de España, sobrina de aquél, y sus descendientes:

  • Primera Guerra Carlista (1833–1840);
  • Segunda Guerra Carlista (1846–1849);
  • Intentona carlista: «Ortegada» (1860);
  • Tercera Guerra Carlista (1872–1876).

En el municipio de Mira no se registraron enfrentamientos como los tristemente sufridos en las poblaciones de Villora o Carboneras de Guadazaon. Tampoco Mira fue elegida por los carlistas como refugio base, como fueron Garaballa o Moya, sin embargo como muchas otras poblaciones, se vio obligada a proveer de raciones, contribiciones e incluso de personas al ejercito carlista, como detallan varios documentos.

Algunos sucesos documentados:

El día 4 de Julio de 1836 el comandante de la Guardia nacional de Mira, Don Antonio Fuentes Palencia, dio parte al Gobierno Civil de que el día 3, y a las diez de la noche, le avisaron de que en la casa del Charandel, sita en aquel término, y distante a dos leguas y media de aquella villa, se hallaban tres forajidos de el Campillo de Alto-Buey, pertenecientes a la gavilla de facciosos de Trones y Perejil (ilustres sobrenombres), y después a las hordas de Cabrera (durante las guerras carlistas), de las que se dispersaron para ocuparse a robar, cuya profesión habían desempeñado bárbaramente, conocidos con los sobrenombres de Pitorro, Garrafa y el Moreno. Actualmente regresaban a las facciones del tigre Cabrera; pero el bravo capitán, Palencia, que sin perder momento reunió 13 Guardias, frustró para siempre sus proyectos.

La descripción íntegra de las capturas de los tres facciosos: “Llegué al sitio (dice este patriota) y tuve la paciencia de estarme con mi gente emboscado por espacio de cinco o seis horas, hasta que los ví que entraban en dicha casa; entonces me arrojé sobre ellos cercando la habitación en que se hallaban; uno de ellos (Moreno) echó a correr, y arrojándose un Guardia sobre él se rindió, más visto y oído por él que se hacía fuego a sus compañeros, que no querían rendirse, se levantó, y a la voz de viva Isabel II un nacional le dio un golpe en la cabeza, hasta que se rindió; y después lo hicieron sus compañeros con bastante repugnancia; ésta ha sido la felicidad de mi expedición con la captura de estos tres vándalos que tenían aterrados día y noche a los pasageros”

El 20 de agosto de 1836, comunican desde Villora que ha dos leguas de allí, en Mira, estaban cometiendo toda suerte de tropelías los 80 forajidos de la nueva partida titulada del arcipreste de Moya.

La carne era el único alimento que se transporta por sí mismo. De esta manera, los carlistas podían realizar marchas acompañados de gran cantidad de bestias. En la primavera de 1837, un batallón carlista robó más de 1000 carneros en Mira, marchando con ellos a Chelva, donde les sirvieron de comida durante un tiempo. 

El 22 de febrero de 1838, fue sorprendida una facción carlista en la Fuenseca por tropas isabelinas que iban en su persecución, haciéndoles huir hacia Mira y la Fuencaliente.

El 5 de marzo de 1838, Pedro Navarro comunica que la facción de Vizcarro ha entrado en Mira, Fuenterrobles y Villargordo, llevándose raciones y algunas personas, temiendo entre en la Venta del Moro y suceda igual.

El día 8 de marzo de 1838, el citado Navarro da parte de que en Mira hay 200 carlistas; y que una partida suelta le ha quitado al vecino Francisco Garrido, de los Aldabones, dos mulas, llevándoselas con ellos a Mira.

El 18 de enero de 1840, han llegado dos o tres batallones de Forendell y están en Mira, Enguídanos, Cardenete y en Villora, recorriéndolo todo y llevándose cuentos comestibles encuentren que ya es muy poco. Es el estado de miseria en que están estos pueblos que los paisanos se unen a los facciosos carlistas para comer en sus ranchos o a lo menos procurar hacerlo, aunque no todos lo consiguen.

A principios de septiembre de 1873, el brigadier carlista Santés, inicia unas incursiones desde Utiel a la provincia de Cuenca obligando a todos cuantos alcaldes iba encontrando a su paso (Mira, Narboneta, Landete, Moya ... ) a proveer de raciones y contribuciones para sus tropas. Finalmente es obligado a retirarse por ser atacado por las tropas isabelinas que desde la ciudad de Cuenca fueron a su encuentro.

En octubre y noviembre de 1873, Santés vuelve nuevamente a invadir la provincia de Cuenca, penetra por Talayuelas y aprovecha de nuevo para recorrer varias poblaciones recaudando contribuciones y víveres. Entro en Landete, donde tuvo un pequeño enfrentamiento con un grupo de liberales de la población, quienes tuvieron que huir a las montañas próximas a Algarra. Luego pasó por Mira y llegó a Minglanilla, donde recogió armas y caballos. Posteriormente consiguió hacerse fuerte durante varios días en la fortaleza de Enguídanos, mejorando aljibes y acondicionando un lienzo amurallado. Con ello pretendía disponer de un punto de apoyo en su posible retirada hacia Chelva si fracasaba su intento de conquistar Cuenca.

Según un artículo que aparece en la revista "La Estampa" de 1929, Ramón Cabrera, el líder Carlista, estuvo en la población de Mira llevando una capa encarnada y una boina blanca.


BIBLIOGRAFÍA:

- El carlismo en la provincia de Cuenca. Miguel Romero Sáiz
- Vida militar y política de Cabrera. Buenaventura de Córdoba.
- Las Guerras Carlistas y su Repercusión en Venta del Moro ( L.n. 11 y 12) Autor: Feliciano Yeves Descalzo
- Gaceta (antiguo BOE) fechado el 12 de Julio de 1836
- Hemeroteca nacional

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