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El infante Pedro y su ilustre comitiva a su paso por Requena y Mira


Jaime I el Conquistador fue modificando su testamento a medida que iba teniendo hijos. Esta situación se mantuvo hasta el último testamento de 1262, cuando como resultado de la muerte del primogénito Alfonso, dejó a su segundo hijo, el infante Pedro, el Reino de Aragón, el Reino de Valencia y el principado de Cataluña, dando continuidad a la Corona de Aragón. Este hecho hizo que el futuro Pedro III de Aragón, colaborara con su padre de manera activa en varios aspectos de la vida política del reino.

A principios de abril de 1269, quizás con el objetivo de estimular la cooperación castellana a la cruzada de Jaime I, o quizás por la cuestión de reino de Navarra, no se sabe de manera cierta, el infante Pedro junto con una nutrida comitiva, inició un viaje hacia Toledo para entrevistarse con el rey castellano Alfonso X.

La comitiva
El séquito del infante estuvo formado por aproximadamente de ochenta personas. Entre los personajes importantes, figuraron los obispos de Barcelona y de Valencia, los nobles aragoneses Blasco Eiximenis, Blasco Maça y los catalanes Gilabert de Cruilles y Pere d´Ofegat entre otros. No faltó una representación de italianos, con el marino y militar Roger de Lauria en primer término. Por ultimo cabe destacar al famoso trovador, Guillermo de Cervera.

Cada noble llevó según su categoría una o varias cabalgaduras. De ejemplo, el obispo de Barcelona llevó 30 bestias y los nobles de alta categoría, Gilabert de Cruilles y Blasco Eiximenis, 8 cada uno. El número total de bestias fue de 168, entre cabalgaduras y bestias de carga.

Después de las personalidades, vendrían un grupo de oficiales y servidores de categoría inferior. Por último, las gentes de la compañía que iban a pie, los andantes. Hay que decir que para un viaje tan largo, los peones fueron, proporcionalmente, poco numerosos. Entre ellos los documentos nos indican; la panadera, el guarda de la avena, la lavandera y otros hasta 33 personas.

La logística
La comitiva disponía de un encargado de la intendencia, el repostero, que se encargaba de procurar los víveres, servicios y productos necesarios para el viaje. Él mismo o algún ayudante se avanzaba y entraba en las poblaciones donde el infante y sus acompañantes pretendían descansar, para disponer el alojamiento, negociar las adquisiciones o resolver servicios necesarios como la comida o el mantenimiento para los caballos.

La alimentación
La comitiva llevó una gran cantidad de provisiones desde el inicio del viaje, tales como gallinas, vino, pan, huevos, coles, ajos, vinagre y canela. Después las cuentas nos muestran la compra de vino y carneros principalmente. Las raciones irían en función del cargo, así hay apuntes de porciones especiales para los obispos y otros altos cargos. En Mira, queda constancia que el obispo de Barcelona recibió del infante una generosa ración.

El ocio
Para amenizar el viaje, en la comitiva no faltó un buen número de trovadores y juglares. Se especula que el famoso trovador Guillermo de Cervera, creó durante o después del viaje, la canción de Madona Santa María, de las impresiones recibidas por la presencia del rey castellano. En una de las estrofas alude a las pretensiones imperiales del rey Alfonso X.

Tots reys que haver vol nom d´emperador
Deu averar sos dits e sa lauzor,
Que hom non ha pretz, si ab vertat no s´afina.

También se sospecha que en alguna ocasión, el infante pudo disfrutar de alguna cacería. Esto se entiende al encontrarse partidas de gastos relacionadas con los perros que formaban parte de la comitiva.

El coste
Viajar en la edad media no era barato, y menos para un séquito de estas características. En la población de Requena y alrededores, la comitiva se gastó 296 sueldos y 6 dineros en cebada, 143 sueldos en vino, 80 sueldos y 6 dineros en pan de ración, y 70 sueldos en carne de carneros. Sólo este dispendio supuso más de 589 sueldos, equivalentes a lo que podía pagar al rey una villa mediana del reino de Valencia como Cocentaina en 1259. Esto nos puede proporcionar una idea del coste de este tipo de viajes.

El itinerario
La expedición partió el 8 de abril de Tarragona, y desde allí se encaminaron hacia Valencia, donde llegaron el 14 de abril. Después de 9 días en la ciudad, el día 23 partieron hacia Buñol, para al día siguiente entrar en el reino de castilla y llegar hasta Requena. El día 25 de abril pernoctaron en Mira, donde se deja constancia de pagos a un posadero. A la mañana siguiente continuaron su camino hacia Reillo y el 27 hacían entrada en la ciudad de Cuenca. Posteriormente pasaron por Villar del Maestre, Huete, Santa Cruz de la Zarza, Ocaña y Yepes. El día 5 de mayo de 1269, por fin llegaron a Toledo.

El séquito realizó una media aproximada de unos cuarenta kilómetros diarios, con jornadas de hasta 60 kilómetros, un ritmo asequible para las cabalgaduras pero que puede parecer exigente para los que iban a pie, sin embargo el hombre medieval era un gran andarín: investigaciones realizadas a partir de restos humanos en enterramientos ponen de manifiesto, sobre todo a partir del siglo XI, su configuración física condicionada por y para la marcha, con largas y fuertes piernas. Aparte se puede especular que los andantes de la expedición tendrían la posibilidad de descansar en ciertos momentos de la jornada a lomos de alguna bestia de carga. Por último señalar que en las cuentas de la comitiva, a menudo consta la compra de zapatos para los andantes.

Relación de jornadas en el viaje de ida:
08 abril > Tarragona – Sant Jordi: 35 km
09 abril > Sant Jordi (La Ametlla de Mar) – Tortosa: 34 km
10 abril > Tortosa – Sant Mateu: 61 km
11 abril > Sant Mateu – Castellón: 61 km
12 abril > Castellón – Sagunto: 44 km
13 abril > Murvedre (Sagunto) – Valencia: 27 km
14 abril > Valencia – Buñol: 41 km
23 abril > Buñol – Requena: 35 km
24 abril > Requena – Mira : 43 km
25 abril > Mira – Reillo: 55 km
26 abril > Reillo – Cuenca: 35 km
27 abril > Cuenca – Villar del Mestre : 27 km
29 abril > Villar del Mestre – Huete: 25 km
30 abril > Huete – Santa Cruz de la Zarza: 58km
01 mayo > Santa Cruz de la Zarza – Ocaña: 29 km
02 mayo > Ocaña – Yepes : 12 km
03 mayo > Yepes – Toledo: 38 km


NOTA: Los kilómetros están calculados de manera aproximada según comunicaciones actuales.

BIBLIOGRAFÍA:
- Pere el Gran: Primera Part. Ferran Soldevila
- Jaume I i els valencians del segle XIII. Robert Ignatius Burns
- Saber viajar: Arte y técnica del viaje en la edad media. Elisa Ferreira Priegue

La conquista del castillo de Mira


En 1219, el arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada, predicó una gran cruzada. Consiguió juntar, según las crónicas, a más de 200.000 caballeros y peones, cifra que muchos ven extremadamente exagerada, siendo quizás más realista un ejército de 1000 a 5000 efectivos.

El ejército cruzado entró en tierra de moros desde Aragón, posiblemente desde Albarracín, e inició con éxito la conquista de los castillos de Sierra, Serrezuela y Mira el 21 de Septiembre de 1219, día de San Mateo el Evangelista. Ocho días después, el 29 de septiembre, día de San Miguel, se inició el asedio de la fortaleza de Requena con grandes máquinas de guerra, del tipo almajeneques, algarradas y libras. Se luchó con decisión y se derribaron varias torres y acitaras, sin embargo después de varios días de asedio y de sufrir un gran número de bajas, el cerco a Requena se abandonó el 11 de noviembre, día de San Martín.

Dos años después, en 1221, el mismo Arzobispo toledano hace entrega del castillo de Mira a su primo, el noble aragonés Gil Garcés de Azagra, convirtiéndose así en el primer señor de Mira tras la etapa musulmana.

Desde su conquista, el castillo de Mira quedaría situado en un peligroso territorio de frontera, donde las razzias serían frecuentes y la situación recomendaría reforzar su estructura y restaurar antiguas defensas en la zona, como el castillo de Aliaguilla. Las condiciones mejorarían en 1225, cuando Zayd Abu Zeit, el último walí almohade de Valencia, le reconoce vasallaje a Fernando III de Castilla, sin embargo la estabilidad plena de la zona no llegaría hasta 1238, cuando por fin se conquista la fortaleza de Requena.

Orígenes
La creación del castillo de Mira pudo darse con la descomposición del califato de Córdoba y el surgimiento de los reinos de Taifas, donde parte del territorio de la serranía baja conquense quedó enmarcado en una estratégica demarcación fronteriza, e hizo necesaria la edificación y la reconstrucción de un gran número de puntos defensivos. Teniendo en cuenta su ubicación y el registro de yacimientos prerromanos en la comarca, el castillo perfectamente pudo haberse construido sobre la base de una antigua fortificación ibérica o celtíbera.

¿Cómo debió ser el castillo de Mira?
No se tiene detalles del mismo, pero si tenemos en cuenta las características de otros castillos musulmanes de la península ibérica, el castillo debió ser sencillo, de forma cuadrada o adaptándose al terreno, con torres de planta rectangular y sin torre del homenaje. El solo hecho de su conquista nos confirmaría una cierta importancia, que quizás no sería tanto por el tamaño que pudiera tener, sino más bien por su valor estratégico para el control de las vías de acceso, en concreto el corredor bidireccional entre el altiplano de Utiel-Requena y la Serranía de Cuenca. Durante los siguientes dos siglos, aunque agregado a las Tierras de Requena, mantendría una relativa importancia, un hecho revelador es la mención de Mira en uno de los primeros mapas basados en la Geographica de Ptolomeo, con información del siglo XV.


Su decadencia
En 1537 Mira se segrega de Requena y varias edificaciones como el ayuntamiento y la iglesia de la Asunción se construyen en ese momento. Es de suponer que ante la gran demanda de material constructivo, se iniciase de manera determinante el desmantelamiento del castillo.

En 1801, el ilustrado José Andrés Cornide de Folgueira y Saavedra, visitó Mira y dejó por escrito la última referencia evidente de la existencia del castillo. En su crónica menciona que el pueblo de Mira está situado en la falda de un cerro y dominado por un antiguo castillo ya arruinado.

Vista aéria actual del cerro

Actualmente en el cerro donde estaba el castillo solamente queda la boca de lo que se sospecha podría ser un gran aljibe. Según una leyenda popular, desde él se iniciaba un túnel que bajaba por el interior de la montaña hasta el río Mira. Este pozo es conocido en el pueblo con el nombre de Pozo Mortero.

¿Dónde se ubican los otros dos castillos conquistados, Sierra y Serrezuela?


La identificación del castillo de Sierra con el castillo de Santa Cruz de Moya prácticamente nunca se ha dudado, sin embargo la ubicación del castillo de Serrazuela, también conocido como Serreilla, siempre ha generado numerosos debates. Niceto Hinarejos Ruiz, natural de Alcalá de la Vega y gran conocedor de la historia de la serranía baja conquense, siempre ha defendido por situar el castillo de Serrezuela/Serreilla en Alcalá de la Vega. Sin embargo el estudioso Guillermo de León, lo localiza en un cerro próximo al Molino de Orchova, al este del municipio de Santa Cruz de Moya.


BIBLIOGRAFÍA
-    Anales Toledanos.
-    Buscando el Castillo de Serreilla. Niceto Hinarejos Ruiz.
-    Itinerario de Jaime II de Aragón (1291-1327).
-    Los viajes de José Cornide por España y Portugal de 1754 a 1801.
-    Una cruzada, un noble y un castillo en la frontera de Moya. Guillermo de León y Luís Mombiedro.

El sello concegil de Mira del siglo XIII

Sello concejil de 1252
 
El escudo actual, elaborado en el año de 1996, está basado en un antiguo sello concejil de Mira del año 1252. Este sello constituye desde luego un inestimable testimonio a la hora de crear el escudo de armas. Pero mayor interés estiba en que marca el límite meridional de la difusión de un tipo de sello concejil arraigado en Aragón a principios de XIII, bien diferenciado del que por entonces era común en los concejos castellano-leoneses. Son sellos de una sola cara y de módulo mediano, semejante a los que vemos en países ultrapirináicos. En Castilla y león eran habituales los bifaces de mayor módulo. El origen aragonés queda confirmado en el caso del sello de Mira, pues el documento donde se utiliza el sello es un convenio con el concejo de Teruel, que por cierto poseía en 1217 un sello análogo.


 BIBLIOGRAFÍA:

- Boletin de la Real Academia de la Historia. TOMO CXCIV. NUMERO II. AÑO 1997

La visita del rey Jaime II de Aragón


En 22 de enero de 1293, se celebró en Guadalajara una cumbre de estado entre los reyes Sancho IV de Castilla y Jaime II de Aragón. El propósito de esta reunión era tratar las diferencias del rey de la Corona de Aragón con la Santa Sede y Francia, a causa de la cuestión del Reino de Sicilia. Sancho IV actuaba de mediador.

El 13 de enero el rey Jaime II sale de Valencia, pasa por Requena y los días 14, 15, 16 y 17 se establece en Mira, donde firma varios documentos. El día 18 parte hacia Cuenca para volver a Mira el 20. Posteriormente iniciaría el camino hacia Guadalajara pasando antes por Alpuente y Albalate de Zorita.


BIBLIOGRAFÍA:

- Itinerario de Jaime II de Aragón (1291-1327)
- Archivo de la Corona de Aragón.
- Agradecer la ayuda del Sr. Niceto Hinarejos Ruiz en la transcripción de los manuscritos.

La mención escrita más antigua


El documento más antiguo que hace mención a Mira se encuentra en el archivo de la catedral de Santa María de Toledo. Este manuscrito fue realizado el 30 de septiembre de 1221 por orden del arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, para oficializar la entregar en feudo de los castillos de Mira, Santa Cruz (Santa Cruz de Moya) y Serreilla al noble aragonés Gil Garcés de Azagra, también conocido como Egidio o Gil García de Azagra.

Párrafo donde se menciona a Mira

Traducción del manuscrito -
"En nombre de la Santa e Indivisible Trinidad, Amen. Porque esta es la condición de la debilidad humana que públicamente en el trascurso de poco tiempo quita los hechos de la memoria de todos, Nos, Rodrigo, por la gracia de Dios arzobispo de la Sede toledana, Primado de las Españas, queremos  perpetuar este hecho nuestro y de toda la iglesia de Toledo y del señor E. García de Azagra y de la señora Tota, su mujer, con el testimonio del presente escrito:
Sea conocido por todos, tanto presentes como futuros que vean la presente página, que nos con el unánime consenso de todo el Capítulo de canónigos  de la iglesia catedral de la ciudad de Toledo damos y concedemos al noble hombre E. García en feudo perpetuo para sí y también para sus sucesores legítimos tres castillos, a saber: Santa Cruz, Mira y Serreilla que en otro tiempo con la divina protección y con el auxilio de los marcados con la cruz pasamos del dominio de los sarracenos al de Nuestro Señor Jesucristo. Con esta condición: que todos los años él y sus descendientes paguen a nos y a nuestros sucesores una marca de plata y si se mantuviera el censo de un año de dos o de tres se pague aquello que fuera requerido por el arzobispo de Toledo y como señor nuestro fijará  en estos castillos las suficientes poblaciones o para que a nos y a nuestros sucesores, yendo de paso por estos lugares, velen con la suficiente procuración.

Para esto, el citado E. y sus sucesores, si nos o nuestros sucesores hiciéramos la guerra  a los sarracenos en los citados castillos, nos recibirán a nos y a los nuestros y con nosotros harán la guerra y no harán paz ni tregua en ningún tiempo con los sarracenos en daño nuestro para que nosotros podamos hacer la guerra en estos castillos  cuando lo consideremos oportuno.  Además de esto, si en algún tiempo por enojo real o por otra voluntad que Dios mande a nos y a nuestros sucesores pareciera conveniente apartarnos a estos castillos el citado E. y sus sucesores tendrían que aceptarnos reverentemente a nos y a los nuestros.

Para esto el muchas veces citado E. o sus sucesores no pueden de ningún modo enajenar los citados castillos u otras cosas pertenecientes a estos castillos ni dar a nadie ni en modo alguno conceder a no ser que sea consanguíneo suyo en cuanto a la línea de consanguinidad de Miguel Muñoz de Fenoyosa y de la señora Sancha de Finestrells para lograr por vía de parentesco afianzar a  cualquier arzobispo toledano. El ya citado E. Garcia o su heredero legítimo, que fuere en el tiempo, presentará a su sucesor y a éste hará homenaje por estos castillos y le reconocerá el dominio y el arzobispo le renovará el presente documento. Una vez que el muchas veces nombrado E. falte, su hijo legítimo mayor venga al arzobispo de Toledo y a él hará homenaje por tales castillos y le reconocerá el dominio. Igualmente, si el ya citado E. falta sin descendencia legítima dejará los citados castillos al consanguíneo más cercano descendiente por vía directa de Miguel Munioni de Fenoiosa y de Sancha de Finestrells  o  sean devueltos a aquel a quien el citado E.  establezca como heredero. Si en verdad dicho E. Gracia o sus hijos o sus consanguíneos herederos en los citados castillos adquirieran algún o algunos castillos de cualquiera de aquella marca igualmente del arzobispo de Toledo o por algún tiempo tuvieran, tengan éste o aquellos castillos del mismo modo que los citados y le hagan homenaje y le reconozcan el dominio, excepto que por estos castillos en modo alguno se tenga que pagar.

Yo, E. García confieso que la donación de los citados castillos, como está ordenado, la he recibido prometiendo solemne y firmemente en mi nombre y en el de todos mis sucesores que nos observaremos todas las cosas fijadas y sobre esto en presencia de todo el Capítulo suyo le hago reverencia de manos añadiendo en la consideración de Dios y de mi alma y de mis padres que yo soy vasallo suyo y de la iglesia toledana. Además, yo, E., y la señora Tota, mi mujer, damos al señor Rodrigo, arzobispo de Toledo, y a sus sucesores nuestros castillos, a saber, Mora y Vallacroch y estos mismos castillos los recibimos de él como feudo, igual que los castillos citados anteriormente, excepto que por estos castillos no tenemos que pagar censo. Para estas cosas, yo, E., al señor Rodrigo, arzobispo de Toledo, y a sus sucesores en mi nombre y en el nombre de mis sucesores hago homenaje y le reconozco el dominio y añado, además, que si en algún tiempo, actuando la Divina Gracia, yo o mis sucesores pobláramos o adquiriéramos en los limites de los citados cinco castillos algunos castillos fronterizos o algún castillo, cualesquiera que sea, de éstos Nos seríamos vasallo del arzobispo de Toledo y de su iglesia, como se ha anunciado anteriormente y  tenemos que reconocer.
Muerto yo, el muchas veces citado E., y mis descendientes por línea directa, legítimos sucesores, todos los citados castillos serán entregados al consanguíneo nuestro más cercano que descienda de la familia de Miguel Munionis y de la señora Sancha de Finestrellas o sean devueltos a otro cualquiera de la misma familia que yo o nuestros herederos establezcamos por derecho hereditario como heredero de estos castillos. También nos Rodrigo, arzobispo de Toledo, primado de España, recibimos la donación de los citados castillos de Mora y Villacroch, hecha  por dicho E. Garcia y la señora Tota, su mujer, para nos y nuestros sucesores y damos en feudo estos mismos castillos a E. Garcia y a sus herederos legítimos o a aquel que de la familia de Miguel Muñoz y de dicha Sancha de Finistellas dicho E. o sus herederos constituyan como heredero de los citados castillos, exceptuando esto, que ningún censo se tenga que dar por estos castillos a nos o a nuestros sucesores.
Añadimos además que los hijos de E. Garcia o los hijos de su heredero legítimo o los hijos de cualquiera que sea de la familia de Miguel Munionis y de la señora Sancha de Finestrellas, que se constituyan como herederos,  no podrán dividir los citados castillos sino que un solo hijo, el mayor, recibirá estos castillos. Para que todas las cosas citadas tengan el vigor de la consistencia nos y el citado Capítulo nuestro apoyamos nuestras propuestas y la presente página, dividida por el alfabeto, corroboramos  con la fuerza de nuestros sellos.

Yo, E. García, todo lo suscrito concedo y apruebo y confirmo y en testimonio de   todo ello la presente carta hice que fuera robustecida con el patrocinio de mi sello.

Fue hecha en Toledo el día de la fiesta de San Andrés, el día 30 de Septiembre de 1221 en presencia de los testigos firmantes y llamados especialmente para esto:

don Fortum Aznar de Tarazona,
don Ferrandi Aznar de Toledo,
Lupez de Lopez,
don Servando Garcia Yobis,
Diego de Diego de Asguilera,
don Pedro Suarez,
don Romeri de Cabrera.
Nos Rodrigo por la gracia de Dios arzobispo de Toledos, primado de España, confirmo
Yo J. Magister Scola,
Yo E. Tesorero de la iglesia  toledana,
Yo M. Archidiacono de Calatrava,
Yo Magister Lope Canónigo  Toledano
Yo  Alfonso, canónigo,  Ego M. Miguel canónigo."


BIBLIOGRAFÍA:

- A.C.T.  E.12 O 1-3   Catedral de Toledo
- Traducción del manuscrito por Niceto Hinarejos Ruiz

Gil Garcés II de Azagra


Gil Garcés II de Azagra, fue hijo del matrimonio formado por Toda Ladrón y Gil Garcés de Azagra, primer señor de Mira. Tras la muerte de este sobre 1237, obtendría por herencia la propiedad del castillo y la villa de Mira.

Sobresalió como diplomático y administrador, lo que le consagró como conductor de repartimientos y árbitro de litigios fronterizos entre los reinos de Castilla y Aragón. En 1257 realizó un nuevo repartimiento en Moya encargado por Alfonso X.

En 1258 compra por 4000 maravedís Gavá y Viladecans en Cataluña, y a principios de 1260, vende el castillo y la villa de Mira a Alfonso X, quien los agrega a la jurisdicción de Requena quedando como aldea suya. En el mismo año, el rey Jaime I le cede el castillo de Perpuchent a cambio del castillo de Planes, dominio que el monarca le había concedido con anterioridad. 

En 1263 comanda con el merino mayor de Castilla, Diego López de Salcedo, el ataque por tierra a Cartagena y en 1266, participa junto el infante Pedro (el futuro Pedro III de Aragón), en la conquista definitiva del reino de Murcia. Según la crónica de Bernat Desclot, Gil Garcés salvó la vida del infante durante la toma de la ciudad de Murcia.

En 1273 había muerto ya Gil Garcés II, y sus albaceas disputaban en la corte real de Aragón su herencia con García Ortiz de Azagra, primo del difunto. Al no dejar descendientes legítimos, dejaría dispuesto en su testamento liquidar sus castillos y propiedades para saldar sus deudas materiales y morales.

El castillo y villa de Perpuchent salió a subasta el día 12 de junio de 1273, en la localidad de Onteniente, tras treinta días de oferta pública, siendo vendido al mejor postor, Ramón de Riusec, ciudadano de Valencia, quien pagó 70.000 sueldos por él.

Gil Garcés II de Azagra mantuvo el espíritu cruzado de su padre, sobresaliendo como diplomático y administrador que le consagra como conductor de repartimientos y árbitro de litigios fronterizos entre los reinos de Castilla y Aragón


BIBLIOGRAFÍA:

- Una cruzada, un noble y un castillo en la frontera de Moya. Guillermo de León y Luís Mombiedro. 
- El Señorío de la Vall de Perputxent (Siglos XIII-XIV). Enric Guinot Rodríguez.
- Itinerari de Jaume I el Conqueridor. de MIRET I SANS, JOAQUIM
- Crónica de Bernat Desclot.

Gil Garcés de Azagra, el primer Señor de Mira


En 1219 el castillo de Mira es conquistado por el arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada. Dos años después, en 1221, el mismo Arzobispo toledano hace entrega del castillo de Mira a Gil Garcés de Azagra, convirtiéndose así en el primer señor en feudo de Mira tras la etapa musulmana.

¿Quién era exactamente Gil Garcés de Azagra?
Gil Garcés de Azagra (también conocido como Egidio o Gil García de Azagra)  fue uno de los hijos de matrimonio formado por Teresa de Hinojosa o Hinestrillas y García Ruiz de Azagra, hermano de los dos primeros señores de Albarracín. Era nieto de Miguel Muños de Hinojosa y Sancha de Hinestrillas, por tanto primo de Don Rodrigo Jiménez de Rada.

Debió de nacer en la década de 1170; como hijo de Teresa recibió en 1185 su parte en Deza junto con el obispo y abad de Huerta, su tío Martín de Hinojosa.

Gil Garcés se casó con Toda Ladrón (pariente de Teresa Gil de Vidaurre, una de las mujeres de Jaime I). En el testamento de su mujer se evidencia que Garcés gobernó Mora, hoy Mora de Rubielos, antiguo dominio de su suegro Pedro Ladrón, alférez de Pedro II de Aragón.

Desde Julio de 1202 hasta Diciembre de 1204 confirma diplomas de Alfonso VIII; luego sólo aparece en uno de 1206. En 1211 testifica junto a su primo, el señor de Albarracín Pedro Fernández de Azagra, que acude a la corte castellana en cumplimiento de una cláusula testamentaria paterna; desde entonces su presencia sólo consta en documentos de Albarracín y sobre todo aragoneses. En 1214 jura fidelidad al rey niño Jaime I entre los nobles aragoneses.

En 1221 obtiene de su primo Don Rodrigo Jiménez de Rada los castillos de Mira, Santa Cruz (Santa Cruz de Moya) y Serreilla.

Gil Garcés de Azagra debió de morir en 1237, cuando su viuda Toda Ladrón testa teniendo como albaceas a su propio hermano don Ladrón y al rey Jaime I durante el sitio de Valencia. El testamento menciona, junto al heredero varón Gil Garcés II, a una hija, Maria Gil, y una nieta, Elvira Gil.

Hay dudas sobre el lugar donde pudo ser enterrado; según un testamento de 1201, prometió varias donaciones y enterrarse en el monasterio de Santa María de Huerta, hecho que ratifica Antonio Ponz en el siglo XVIII, cuando vió un tablero en el monasterio de Huerta que decía: "Aquí yacen sepultados los nobles caballeros Gil Garcés, Don Diego Munóz y Don García Muñoz, que fueron nietos de generoso caballero Nuño Sánchez el noble”. Sin embargo sabemos que en 1228 se hizo freire de Santiago, orden que regularmente ligaba las donaciones a enterramientos en sus iglesias. De esta manera hay la hipótesis que pudo ser enterrado en la iglesia santiaguista de San Marcos de Teruel.

Gil Garcés de Azagra representa esos señores de frontera que durante la reconquista establecieron vínculos entre los reinos de Castilla y Aragón, según los intereses y alianzas por entonces muy cambiantes.


BIBLIOGRAFÍA:

- Una cruzada, un noble y un castillo en la frontera de Moya. Guillermo de León y Luís Mombiedro.
- Mira, tierra de frontera. Miguel Romero Saíz. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal. Nº. 22, 2007. ISSN 1139-4943.
- Historia de Albarracín y su sierra, Tomo III / dirigida por Martín Almagro.
- Feudo de Gil Garcés. Niceto Hinarejos Ruiz.
- Viaje por España. Antonio Ponz