Iluminando la oscuridad

Los seres humanos somos criaturas diurnas, con los ojos adaptados para vivir a la luz del sol y con grandes limitaciones para el mundo de la noche, al contrario que una enorme cantidad de especies nocturnas que habitan el planeta.

En la prehistoria el hombre descubrió el fuego y lo utilizó para obtener calor y cocer alimentos, no tardaría en usarlo para la iluminación de su entorno. Se calcula que hace alrededor de unos 500.000 años se utilizó la primera llama para iluminar las tinieblas de la noche.

Bastantes siglos más tarde, posiblemente hace 50.000 años, aparecieron los primeros candiles rudimentarios, usando como combustible aceite o grasa de origen animal, y como base; piedras, conchas o cualquier otro producto natural con forma de cuenco.

Un gran adelanto tecnológico vendría al practicar en el pico de los candiles un orificio para salida de la mecha, de modo que ésta podía ser ajustada para cambiar el cauce de aire que la bañaba y obtener así el máximo de luz y evitar al mismo tiempo el humo y el hollín.

 Lucerna usada en las minas de lapis specularis cerca de Segóbriga (Cuenca)

En los tiempos de esplendor de Grecia y Roma, las lámparas de uso doméstico y ceremonial alcanzaron un alto nivel decorativo. A menudo eran de cerámica o de bronce, y estaban adornadas profusamente con palmeras, hojas de plantas, figuras humanas, animales, etc.

El uso de velas no era tan común como el de lámparas de aceite, no obstante su uso se incrementó durante el medievo mediante la utilización de cera de abeja o sebo. Hasta el siglo XIX, las velas fueron la forma más común para iluminar los interiores de los edificios.

A finales del siglo XVIII aparece la lámpara de Argand, artilugio que supuso un gran avance, pues su luminosidad era equivalente a 6 o 10 velas. Tenía una mecha cilíndrica montada entre un par de tubos concéntricos de metal, para que el aire se canalizara a través del centro y a través de la mecha. El combustible solía ser aceite. Se terminó conociendo como quinqué, porque Antoine Quinquet introdujo algunas mejoras sobre la idea de Argand que ayudó a popularizarla.

 Quinqués del siglo XIX

Con la revolución industria aparecerían importantes avances tecnológicos, como la iluminación a gas o la bombilla eléctrica, pero también sociales, al llevar al ámbito público la iluminación de las calles de varias ciudades. Posteriormente, desde el siglo XX hasta la actualidad, se han multiplicado los avances y la dependencia en la iluminación, creando un nuevo entorno radicalmente diferente para el ser humano.

La iluminación en Mira
En Mira como en muchos otros lugares, durante siglos la nocturnidad se vivió principalmente empleando rudimentarios instrumentos de iluminación; como teas, velas o candiles, y aunque los nuevos avances acabarían llegando en el pueblo, varios de estos instrumentos ancestrales serían utilizados prácticamente hasta mediados del siglo XX.


Antiguos instrumentos de iluminación

En tiempos de nuestros abuelos, los candiles funcionaban con aceite y con una mecha de algodón (también conocida como "torcida" por su forma trenzada). También había faroles y quinqués, fabricados en latón y abiertos en su parte superior para evacuar hunos y facilitar la combustión. Estos artículos se vendían en las tiendas locales o por chatarreros ambulantes. Las velas eran generalmente hechas por gente del pueblo con tradición colmenera, utilizando cera natural, un molde y una mecha de algodón como palillo que se le colocaba en el centro.

A finales del siglo XIX se iniciaría la implantación de la iluminación eléctrica en España, sin embargo este avance tardaría bastante tiempo en llegar en la gran mayoría de las zonas rurales. En Castilla La Mancha, parece ser que Villalgordo del Júcar (Albacete) sería la primera población de la comunidad en disponer de luz y energía eléctrica, cuando Santiago Gosálvez, instaló a finales del siglo XIX una central hidroeléctrica para sus fábricas de harinas, hilados y papel frente a Villalgordo del Júcar, pero dentro del término municipal de Casas de Benítez (Cuenca).

En Mira, sería en 1911 cuando el ayuntamiento mostró su interés de establecer el tendido eléctrico por las calles para abastecer de luz la población, sin embargo no se llevó acabo. Pasaría varios años hasta que un grupo de emprendedores mireños denominado Faraday, realizó el primer hito con la electricidad en el pueblo al instalar un generador eléctrico en el molino de la Tía Carolina, convirtiéndose así el primer edificio del pueblo en tener luz eléctrica. Posteriormente varios vecinos del pueblo pudieron conectarse al molino y tener luz eléctrica a cambio de una tarifa periódica.

 Molino de la Tía Carolina a la derecha.

A nivel municipal, no sería hasta 1924 cuando por fin el ayuntamiento de Mira llevó a cabo el proyecto de instalación del alumbrado público. Para llevarlo a acabo se nombró una comisión presidida por Juan José Pedrón, Julio Esteban y Juan F. López, para que realizasen un examen sobre los lugares donde debería realizarse la instalación.

Hacía 1930 se pretendió formalizar el alumbrado público también para la aldea de La Fuencaliente.

En 1935, el ayuntamiento vio la necesidad de ampliar el contrato del suministro eléctrico. Se compraron 25 brazos, tulipas y 100 lámparas de filamento metálico. Del total, diez fueron destinadas a edificios públicos: cinco lo fueron para las oficinas del ayuntamiento, tres para las cárceles públicas y dos para el juzgado municipal y la casa-Cuartel. Varias instancias llegaron al Ayuntamiento para hacerse con el suministro, entre ellas la Sociedad Cooperativa Faraday del molino de la tía Carolina y del vecino Manuel Madrid Monleón. Finalmente fue este último quien se hizo con el suministro del fruido eléctrico.

La guerra civil resultó ser un parón para la expansión de la electricidad en España. Terminada la contienda, la recuperación de la industria eléctrica fue lenta, mucho más lenta de lo que cabría esperar dadas las necesidades de energía eléctrica en la posguerra. A partir de 1940 los abastecimientos de carbón y gas quedaron severamente racionados. La falta de estos suministros empujó a muchos consumidores hacia la electricidad, sin embargo, la oferta no estuvo a la altura de la demanda en parte debido al aislamiento internacional del nuevo régimen, que registraron dificultades para importar material y maquinaria eléctrica.

Una vez la economía se fue recuperando, se hizo posible emprender la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y la ampliación de las antiguas, para paulatinamente modernizar las infraestructuras eléctricas de todo el país.


BIBLIOGRAFÍA:
-.Wikipedia
- La industria eléctrica en España (1890-1936). Isabel Bartolomñe Rodríguez
- http://www.fragailuminacion.com.ar/publicaciones/historia-de-la-iluminacion/
- La historia de la villa de Mira. Tierra de Frontera. Miguel Romero, Marcelino Silla, Jesús Arribas.
- Etnología y costumbres populares de Salvacañete. Mariano López Marín.

Mira en época prerromana


Antes de la llegada de los romanos, en la Península Ibérica había dos grandes áreas culturales: la celta ubicada en el tercio norte peninsular y la íbera, ubicada en la mitad sur y en la zona mediterránea.

La cultura ibérica resulta compleja, pero a grandes rasgos fue el resultado de un proceso de formación iniciado en el siglo VI a.C. hasta finales del I a.C. Nunca llegaron a alcanzar una unidad política; sin embargo, tenían varios rasgos comunes que era producto de una misma herencia recibida de sus ancestros, a la que hay que añadir la influencia de los pueblos colonizadores: griegos, fenicios o cartagineses.

Por su parte, la cultura celta en la península ibérica se ha explicado siempre por medio de invasiones. Se dice que la más antigua habría traído una lengua indoeuropea considerada precelta “denominada “lusitano”, extendida por las regiones atlánticas de occidente. A partir del Bronce final, hacía 1200 a.C., la cultura de los campos de Urnas, originaria de Europa central y del norte de Italia, penetra en la península. A inicios del I milenio a.C. pequeños grupos de agricultores, quizás gentes de un tronco celto-ligur, se extendieron hasta el valle del Ebro y el sistema ibérico, la futura celtiberia, entrando en contacto con el citado substrato atlántico. Por el lado este, entraría en contacto con el mundo ibérico, asimilando elementos mediterráneos. Dicho esto, se ha de poner en manifiesto que en la actualidad no solamente no hay una cierta homogeneidad entre los autores sobre el tema de la indoeuropeización de la península, sino que, muy al contrario, nos encontramos gran cantidad de teorías divergentes.


De todos los pueblos peninsulares, los celtiberos fueron los mejor conocidos, jugando un papel histórico y cultural determinante en las guerras en la península ibérica durante el siglo II a.C. La primera referencia a la Celtiberia se encuadra en el contexto de la II guerra Púnica, al narrar Polibio los prolegómenos del asedio de Sagunto, en la primavera de 219 a.C. Desde entonces, las menciones a la Celtiberia y los Celtiberos son abundantes y variadas.


A partir de fuentes tan distintas como las literarias, la epigrafía, la lingüística, y la arqueología, la Celtiberia se configura como una región geográfica individualizada, a partir de las fuentes literarias, la epigrafía, la lingüística y la arqueología, en las altas tierras de la Meseta Oriental y la margen derecha del Valle Medio del Ebro, englobando, en líneas generales, la actual provincia de Soria, buena parte de Guadalajara y Cuenca, el sector oriental de Segovia, el sur de Burgos y La Rioja y el occidente de Zaragoza y Teruel, llegando incluso a alcanzar la zona noroccidental de Valencia.

El territorio de Mira; ¿Íbero? o ¿Celtíbero?
Los resto arqueológicos hallados en el término de Mira no son lo suficiente claros para determinar la etnografía de sus pobladores, en cambio, en tierras vecinas si se han hallado diferentes elementos característicos del ámbito celtibérico, como determinados tipos de armas (sobre todo puñales biglobulares, en algún caso asociados con espadas de La Tène, pero también alguna espada de antenas) o de fíbulas (principalmente los modelos de caballito y de la variante de jinete, así como zoomorfas de jabalí o decoradas con cabezas de lobo) que cabe interpretar como objetos de prestigio de evidente valor étnico, que ponen de manifiesto cierta vinculación de este territorio durante los siglos III–I a.C. con la cultura celtibérica, sin embargo no está del todo claro los límites etnográficos, ya que con toda seguridad el espacio fronterizo no estuvo sujeto a lindes definitivos, sino inmerso en procesos continuos de oscilaciones puntuales tanto de ampliación como de reducción del territorio de cada uno. Aun así, se podría decir con todas las cautelas, que una línea imaginaria desde la Cabeza de Moya en Enguídanos, pasando por la Sierra de Mira hasta el valle del Turia, entre Tuejar y Benagéber, marcaría un área de transición fronteriza todavía confusa entre Íberos y Celtíberos. En el caso de la Sierra de Mira no debería sorprender, pues su naturaleza como elemento fronterizo se repetirá en varias ocasiones en su historia. Frente a este ámbito, las tierras llanas de la comarca Utiel-Requena destacarían por una clara vinculación con el mundo ibérico levantino.

 Puñal biglobular celtibérico de El Molón (Camporrobles)

Patrimonio arqueológico
El municipio de Mira cuenta con varios yacimientos prerromanos, siendo los más importantes: El Molón II, pequeño asentamiento fortificado situado en las estribaciones de la Sierra de Mira, claramente vinculado con su homónimo de Camporrobles. Los Castellares, yacimiento fortificado situado en un cerro superior, muy próximo al río Mira y la Hoya Hermoso, y por último la Cueva Santa, lugar que pasaría de santuario prerromano a convertirse en un santuario mariano a partir de la reconquista.

 1-El Molón de Mira. 2-Vaso caliciforme de la Cueva Santa. 3- Urnas de La Cañada de Mira.

De los diferentes elementos encontrados, su mayoría son de material cerámico, destacando una serie de vasos caliciformes encontrados en la Cueva Santa y varias urnas cinerarias con ajuar, encontradas en La Cañada de Mira.

BIBLIOGRAFÍA:
-.http://hesperia.ucm.es/
- Los celtíberos. Alberto J. Lorrio
- Los guerreros del sol. Martín Almagro-Gorbea
- Wikipedia

El Cañaveral


El Cañaveral fue un antiguo núcleo poblacional de Mira. El lugar posiblemente se empezó a habitar en tiempos de barbecheras, sementeras o recolección de frutos. La primera referencia que se conoce es del siglo XVIII, cuando en el catastro de Ensenada se menciona que en el partido del Cañaveral habitaba una persona llamada María Malavia. Posteriormente, a principios del siglo XIX, Francisco Portillo compró varios terrenos en el lugar y los puso en cultivo entre varios colonos, lo que conllevaría a la creación de un núcleo poblacional estable.

Entre finales del siglo XIX o principios del XX, se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionó con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, serían trasladados al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente, donde había una mejor comunicación de acceso y existía fluido eléctrico.

 Vista aérea de El cañaveral en 1956

 El Cañaveral en la actualidad

Un hecho dramático se desarrollaría en los años 60 del siglo pasado, cuando la aldea fue expropiada por el estado para la construcción del embalse de Contreras. La construcción del pantano llevó varios años, y cuando se terminó en 1974, la aldea quedó totalmente sumergida bajo las aguas del río Cabriel. En la actualidad según el nivel del embalse, es posible de ver las ruinas de algunas casas.


BIBLIOGRAFÍA:
- Catastro de Ensenada 1753.
- Diversos artículos de Eduardo Monleon.
- Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal 1829.

El alumbre


El alumbre es un mineral, de origen volcánico en muchos casos, conocido desde la antigüedad por sus propiedades cicatrizantes, antibacteriales y desodorantes. En la Edad Media fue utilizado con frecuencia para curtir el cuero, en técnicas de pintura, pero sobre todo como mordiente, para fijar los colores de los tejidos.

Hasta el siglo XV las minas de alumbre del Imperio Bizantino, con la aportación financiera y comercial de los genoveses, suministraron prácticamente toda la materia prima demandada por la industria textil europea. Tras la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453 se encarecieron los precios del alumbre por las rutas de distribución habituales, y se hizo oportuno buscar otras fuentes de aprovisionamiento, máxime teniendo presente el despegue de la pañería en muchos rincones de Europa. En 1459 se descubrieron las minas de Tolfa en los Estados Pontificios, que se pusieron en explotación en 1463. Edward Cooper ha recordado la importancia de las riojanas de Casacarrillo, estudiando el intento de explotación de las de Ademuz entre 1461 y 1462. También aparecieron en la Península las minas de Rodalquilar en Almería y las Mazarrón en Murcia.

El consumo de alumbre por la pañería hispana.
A principios del siglo XVI el negocio del alumbre en España adquirió un gran desarrollo, al crecer la demanda de mordiente en la fabricación textil a nivel europeo. La pañería conquense, que se remontaba a la Baja Edad Media, vivió su edad de oro y necesitaba ingentes cantidades de alumbre, aunque parece que se abastecía sobre todo de alumbre de importación, bastante más caro y de calidad superior, que los mercaderes genoveses traían de Italia. Situación comprensible por la calidad superior de los paños que generalmente se fabricaban en Cuenca.

A finales de siglo la producción de alumbres en España estaba en franca decadencia. Las fuertes exigencias tributarias de una Monarquía en guerra gravaron tanto la elaboración de paños como el consumo. Desde 1575 los conquenses se quejaron amargamente de los perjuicios ocasionados por las alcabalas. Los textiles de otros lugares de Europa resultaron más competitivos que los de Castilla, lo que fue varias veces denunciado por más de un arbitrista. La paz con Inglaterra en 1604 significó la llegada a través de Portugal, entonces dentro de la Monarquía hispana, de muchos productos textiles procedentes de aquel reino.

Por si fuera poco la derrota de la Gran Armada determinó a un endeudado Felipe II a exigir un nuevo impuesto sobre los sufridos consumidores castellanos, los millones, que también gravaron el alumbre, hasta entonces generalmente exento. Nada de ello ayudó precisamente a la recuperación del sector. En 1591 se cerraron las minas de Cartagena y a fines de 1592 les tocó el turno a las existentes en Rodalquilar y Mazarrón, desapareciendo en pocos años las principales minas de alumbre de roca que había en España.

El alumbre de Mira
Frente a este proceso algunas modestas minas de alumbre supieron afrontar mejor la crisis al utilizar una tecnología sencilla y accesible, lo que reducía el coste, y por ser en muchos casos un mero complemento de las actividades agrícolas y ganaderas, adaptándose mejor a las fluctuaciones de la demanda del mercado. En este contexto conocemos que en 1601 se otorgó a Pedro Monteagudo el permiso para explotar una mina de alumbre en la villa de Mira. Se desconoce si el propietario de la concesión la puso en explotación o solo aspiró a controlar el yacimiento. Tampoco conocemos su localización exacta, aunque pudo estar cerca del río Cabriel, donde existen dos topónimos mineros. No fue la única en las tierras conquenses, se tiene constancia de una mina de alumbre en Beteta y de una mina de caparrosa en Enguídanos, mineral también utilizado como mordiente textil.

En la actualidad el alumbre es conocido en el sector naturista como cicatrizante, antibacterial y desodorante natural. En un conocido supermercado nacional podemos encontrar un desodorante compuesto de alumbre sintético, a base de Potassium Alum. Su funcionamiento es sencillo: en seco, las piedras de alumbre se mantienen neutras, pero en contacto con el agua o la piel húmeda por el sudor y en un medio ácido (como el sudor) el alumbre se disuelve y libera iones de aluminio. Así se obstruyen los poros, consiguiendo el efecto esperado en un antitranspirante.


BIBLIOGRAFÍA:
- La minería aragonesa en la cordillera ibérica durante los siglos XVI y XVII. Emilio Benedicto Gimeno, José Antonio Mateos Royo.
- Registro y relacion general de minas de la corona de Castilla. Escrito por Tomás González
- El acebo y el Rey sin Fe, HISPANIA, 2008, vol. LXVIII, número 229, pp. 315-340. Edward Cooper.. 

El molino de la Piedad


En 1817, Juan Claramunt, vecino de Mira, pide licencia para construir un molino harinero de dos piedras a 800 pasos de la población, en un lugar de su propiedad conocido como las eras del pontón. En la misma petición se menciona la existencia de un molino del concejo a más de dos mil pasos río arriba y que sin duda se refiere al molino de la Piedad, el mismo que se menciona en el catastro de Ensenada en 1753.

En la parte final de la primera guerra carlista, se llevó a cabo en Mira un ataque de las tropas liberales sobre los tradicionalistas. Sobre este hecho, el coronel Pedro Ortiz de Pinedo dibujó un croquis donde se ven los dos molinos que habían en el pueblo: el molino de la Piedad y el molino del Sargal(1).


Croquis de Pedro Ortiz de Pinedo, 1840


A mediados del siglo XIX se lleva a cabo la desamortización de Madoz donde se declararon en venta varias propiedades del Estado, del clero, de las Órdenes Militar, cofradías, de los propios y los comunes de los pueblos. En la población de Mira se declararon en venta cinco propiedades comunes y dos propiedades del clero. Entre las propiedades comunes se encontraban los molinos de la Piedad y del Sargal, y un batán que estaba contiguo al primer molino. Sería un vecino de Utiel, Pedro José Pardo,  quien compró los dos molinos con una inversión de 124.960 reales de vellón (2).

En 1878 una sentencia judicial, obliga a Pedro José Pardo a pagar a la Junta de riego de Mira, los gastos realizados en el cauce que conducen a su molino, denominado en la sentencia como en de Arriba (3).

El año 1900 se reconoce propietaria a Carmen Maudes. Estaba de molinero Félix Terrádez. Después lo cogió José Valero Martínez (4).

En 1957 se hacen cargo del molino dos hijos del tío Félix, José y Antonio Terrádez. En 1960 lo ceden a su hermana Carmen y a su marido, que siguen de molineros hasta 1965, cuando lo convierten en una fábrica de papel, pero el mal acceso para los grandes camiones hizo que lo tuvieran que cerrar al cabo de unos años, poniendo fin a la historia de este antiguo molino (4).

BIBLIOGRAFÍA:

1. Croquis del Sitio de la Sorpresa de Mira, don Pedro Ortiz de Pinedo
2. La Desamortización de Madoz en la provincia de Cuenca (1855-1886). Felix González Marzo.
3. Colección Legistativa de España. Sentencias del tribunal supremo en materia civil. Segundo semestre de 1878.
4. Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca. Antonio García Cuevas

Baños y aguas termales

Se llaman aguas termales a las aguas minerales que salen del suelo con más de 5°C que la temperatura superficial. Estas se encuentran donde hay bolsas de magma próximas a la superficie que calientan las rocas que las cubren. El agua subterránea se caldea al circular por las fisuras de la roca, y surge a temperaturas superiores a la de la atmósfera en forma de fuentes termales. Además de estar caliente, el agua suele ir cargado de minerales.

Formación de las aguas termales.

Documentado desde el siglo XVIII, en Mira hubo un manantial de aguas termales situado en la antigua aldea de la Fuencaliente, exactamente en una oquedad de un risco calizo, de donde manaba un generoso caudal con una temperatura estable entre 15 a 20 grados rico en sustancias sulfúreas. El agua iba a parar a un estanque que se conocida como la balsa. Tomás López en sus relaciones de 1787, detalla que era una fuente con un agua mineral y medicinal, a donde concurrían muchos enfermos a bañarse con problemas de obstrucciones, reumas, humos salados y privación o entorpecimiento de algunos miembros.

En el siglo XIX, en toda Europa los baños pasan a convertirse en una práctica popular como sistema de relajación, de tratamiento o terapia. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen en la ribera mireña del Cabriel varios establecimientos aprovechando las condiciones naturales y privilegiadas de la zona.


En La Fuencaliente se abrieron los Baños de Cecilio Guaita, ubicados en un edificio de cierta prestancia cerca de la Balsa. El establecimiento disponía de bastantes habitaciones en las que se alojaban los huéspedes principalmente en verano, cuando venían a tomar las aguas y a meterse en bañeras de aguas calientes y saludables para desentumecerse y controlar el reuma.


 Fotografías aéreas de El Cañaveral y La Fuencaliente en 1956.

En el lugar de El Cañaveral, también se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionaba con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, Fidel García-Berlanga, ofreció a la familia Cervera la posibilidad de trasladar los Baños desde El Cañaveral al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente. El traslado tenía sentido, El Cañaveral estaba bastante aislado y con comunicaciones complicadas, aparte que no disponía de fluido eléctrico. De esta manera al poco tiempo los nuevos baños empezaron a funcionar en La Fuencaliente. En una zona del interior de la casa y separada del resto, se instaló el gran cajón de madera en el que se administraba al cliente el vapor. El cajón tenía en su interior un asiento donde el bañista, después de entrar, se sentaba y, para que el usuario pudiera sacar la cabeza holgadamente, disponía de una abertura en el centro que, finalmente, se obstruía con toallas y paños para retener el vapor. Una caldera a cierta distancia hervía hierbas y plantas medicinales como espliego, romero, tomillo etc. y a través de un conducto entraba en el cajón. El bañista recibía el flujo del vapor y, tras una sesión, subía a su habitación para descansar. Los clientes procedían de diferentes lugares, de pueblos vecinos y también de pueblos más alejados, como Iniesta, Villalpardo, Motilla, Requena y incluso de Valencia.

 Ejemplo de cabinas de vapor de baños ingleses.

En la década de 1970, cuando se acabó la construcción del embalse de Contreras, todo quedó sumergido bajo las aguas del río Cabriel.


BIBLIOGRAFÍA:
- Historia universal de las fuentes minerales de España. Pedro Gómez de Bedoya. 1765
- Diversos artículos de Eduardo Monleon
- Wikipedia.

El reloj de sol


Los griegos tomaron de los babilonios, y estos de los egipcios, muchos conocimientos astronómicos, entre los que se encontraba la técnica de medir el tiempo por medio de los relojes de sol, así como la costumbre de emplear como patrón de medida el resultado de dividir el tiempo comprendido entre el orto y el ocaso en doce partes iguales.

Los romanos asimilaron los conocimientos de los griegos, continuaron con el mismo sistema de medida del tiempo y llamaron a las horas con numerales correlativos, correspondiendo la hora sexta al mediodía (siesta).

En la época de esplendor del imperio romano los relojes de sol se encontraban en todas las ciudades y villas importantes, como el que había en la antigua ciudad de Segóbriga. Este reloj solar, que es el más antiguo de la provincia de Cuenca, fue hallado durante la campaña arqueológica de 1972, al excavar las ruinas de un pequeño templo. Realizado en piedra caliza, tiene tallado en su parte superior el cuadrante hemisférico con 11 líneas incisas que dividen la cavidad en doce partes que representan los círculos horarios.

 Reloj de sol de Segóbriga. Museo de Cuenca

En el siglo IX entra en escena la astronomía árabe. Los sabios musulmanes enriquecieron el legado recibido de los clásicos griegos.

En el siglo XIII,  Alfonso X "el Sabio" al reunir en la ciudad de Toledo un numeroso grupo de astrónomos cristianos, griegos, hebreos y árabes, para traducir al latín gran parte de las obras escritas en árabe, permite a la gnomónica europea salir del oscurantismo medieval en que se hallaba inmersa.

Con el tiempo, prácticamente cada población tendría su reloj de sol, especialmente ubicados en las iglesias o en edificios civiles. En la provincia de Cuenca, el reloj solar activo y fechado más antiguo, lo encontramos en la casa consistorial de la población de San Clemente, de 1566.

 Reloj de sol de San Clemente

El reloj solar de Mira
Este se encuentra coronando la antigua puerta de poniente de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Se desconoce su fecha de construcción, aunque si tenemos en cuenta que la nueva puerta de la iglesia, al mediodía, se construyó en 1792 y la iglesia tiene su origen según Gómez Serrano en el siglo XVI, el reloj pudo ser colocado entre los siglos XVI y XVIII.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Mira

El reloj es del tipo vertical, declinante a poniente. Le falta el gnomon, que posiblemente fuera de tipo polar con varilla de hierro forjado con un apoyo. Dada su orientación, su máxima capacidad horaria sería de entre las 10 de la mañana a las 20 de la tarde. El dial es un semicirculo de aprox. 1 m de diámetro enmarcado con una banda y rematado con forma de vieira, dando a pensar de que pudiera tener relación con el Camino de Santiago a su paso por Mira, sin embargo y sin descartar esta hipótesis, según la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol, hay que tener en cuenta que los modelos en semicírculo pueden dar pié a este tipo de diseños sin más pretensiones. Su estado de conservación es bastante malo.



BIBLIOGRAFÍA:
- Asociación Amigos de los Relojes de Sol.
- Fotografía del reloj de sol de Mora por Florentino Nevado y Vicente Hernández.
- Simulación y cálculos del reloj de Mira por Luís Vadillo.
- El reloj romano de Segóbriga. M.M.Valdés
- Wikipedia, Reloj de sol.