La Cueva Santa


La Cueva Santa se encuentra situada sobre uno de los frecuentes barrancos de la margen izquierda del río Cabriel, afluente del Júcar, del término municipal de Mira. El uso prehistórico de la Cueva era conocido desde antiguo, conservándose diversos materiales. La Cueva fue originariamente lugar de enterramiento, convirtiéndose posteriormente en santuario, si bien pudo haber tenido otras funciones más prosaicas, como sería la de simple lugar de refugio.

A partir de la reconquista de la zona, sería de nuevo frecuentada, remontándose las primeras referencias sobre el tema al siglo XIV, momento en que pasó a convertirse en un santuario mariano, recuperándose como lugar de culto.

La Cueva Santa alberga diversas salas comunicadas entre sí. La boca o entrada a la Cueva es un angosto pasillo de 11,50 m de longitud por 1,20 de anchura lleva al interior de la oquedad. El pasillo desemboca en una sala central (A) de planta semicircular de entre 22 y 29 m de anchura y una altura máxima de 10 m, en la que destacan, en el centro, dos grandes estalactitas y, al fondo de la cavidad, una cubeta de planta rectangular. La sala se comunica con otras dos salas menores (B y C), que quedan casi inundadas en épocas de grandes lluvias.

En el interior de la cueva se hallaron diversas piezas, entre los que destacan una serie de vasos caliciformes de época ibérica, que se conservan en el Museo de Cuenca.

Todos los años el segundo domingo de mayo se realiza una Romería a la Cueva Santa. La romería se divide en dos partes, una religiosa, en la que se celebra una misa en el exterior de la cueva y una más lúdica consistente en un almuerzo de todos los vecinos que da paso a la música y los bailes populares.


 BIBLIOGRAFÍA:
- La Cueva Santa del Cabriel (Mira, Cuenca): Lugar de culto antiguo y ermita cristiana. Alberto J. Lorrio, Teresa Moneo, Fernando Moya, Sara Pernas, Mª Dolores Sánchez de Prado

Como nombre de mujer



Mira puede ser utilizado como nombre femenino. Se relaciona con las palabras en latín "asombro" y "maravilloso". En diferentes lenguas eslavas, significa "paz" y se utiliza a menudo como parte de un nombre más largo, como Miroslava (forma masculina Miroslav) o Sławomira (forma plural: Slawomir). En sánscrito, significa "océano". En hebreo, es un derivado de Miriam o el equivalente femenino de Meir, es decir, luz. 

Algunas personas conocidas con este nombre son la actriz americana Mira Sorvino, la directora de cine Mira Nair o la compositora Bulgara Mira Aroyo.


BIBLIOGRAFÍA:
- Wikipedia.

Las hebillas visigodas en paradero desconocido



Los visigodos fueron una rama de los pueblos godos, enmarcados en el contexto de las grandes migraciones, conocidas como invasiones bárbaras, que alteraron la distribución de los pueblos en Europa y precipitaron el final del Imperio romano de Occidente.

Los visigodos invadieron Italia bajo Alarico I y saquearon Roma en el año 410. Se establecieron en el sur de la Galia como federados del imperio romano, y tras la derrota de Vouillé en 507 pasaron a establecerse en Hispania, donde posteriormente crearían el Reino visigodo de Toledo, hasta que fueron derrotados por los musulmanes en la batalla de Guadalete en 711.

Los restos visigodos en Mira son escasos. En fecha desconocida (posiblemente finales del siglo XIX, inicios del XX), se hallaron en los alrededores de la población dos hebillas visigodas descontextualizadas. Las dos piezas fueron fechadas entrada la segunda mitad del siglo VI, con perduraciones en los inicios del siglo VII, correspondiente al momento final de las necrópolis visigodas de la meseta y el inicio de su distribución por toda la geografía peninsular.

Características de las hebillas:

1.- Placa calada en bronce. Ha perdido su aguja, pero su conservación es buena. Toda la superficie de la placa está decorada por medio de círculos concéntricos realizados a  punzón, y orificios circulares perforados. La zona central también calada de forma geométrica. Los perfiles son sinuosos y su extremo distal semicircular. Su longitud es de 10,9cm.

2.- Placa rígida de perfiles rectos en bronce. Ha perdido la aguja de sujeción. Su extremo distal semicircular. No presenta decoración alguna en su superficie. Su longitud máxima es de 14,2cm.

Según el arqueólogo Hans Zeiss en 1934, las dos hebillas estaban en posesión del señor Miguel Elizaicín, ex-alcalde de Alicante y uno de los precursores del museo arqueológico de la misma ciudad, pero actualmente se desconoce dónde o quien las podría tener.


BIBLIOGRAFÍA:
- Die Grabfunde aus dem spanischen Westgotenreich. 1934. Hans Zeiss.
- Los elementos de las artes industriales Visigodas. 1933. Hans Zeiss.
- La ocupación visigoda en época romana a través de sus necrópolis (Hispania). 1986. Gisela Ripoll López.

El molino de la Hoz


También se le conoce popularmente con el nombre del molino de la tía Veranea o el molino de Fermín Valero.

La primera referencia que se conoce es de 1533, cuando Diego Ruiz, vecino de Mira, solicitó licencia a las autoridades de Requena para construir un nuevo batán en el río Mira, en concreto, en la hoz de abajo.

No tendremos noticias claras del molino hasta el siglo XIX, cuando el 24 de diciembre de 1866, se anuncia en la Gaceta de Madrid, haber servido autorización a Don Trinitario Chafé para que aproveche las aguas del río Moya como fuerza motriz de un molino harinero que proyecta establecer en el punto denominado La Hoz, termino de Mira.

Según Antonio García Cuevas, sobre el año 1880 se conocía como dueño del molino de la hoz al tío Fermín Valero.

En los años veinte del siglo XX se hace cargo del molino José Valero Martínez y en el año 1930 la familia Valero lo vende a Julián Pérez Martínez. El tío Julián tenia de molinero al tío Ángel “El pajarillo” y de hortelano estaba Ángel Mateo, procedente de Enguídanos.

En los años cuarenta hicieron una gran reforma, quitaron los dos rodeznos y montaron una turbina, aumentando la potencia y por supuesto el rendimiento del molino.

El año 1950 Julián Pérez y su mujer Ana Fernández se encargan directamente de su propio molino, aunque también tienen de molinero ayudante a Francisco Valero Jiménez.

Julián Pérez, como dueño y molinero siguió hasta el año 1970 que cerró el molino al público.

Todavía a día de hoy, es el único molino harinero de la zona que mantiene toda la estructura constructiva e industrial y la maquinaria. Se alimentaba del agua del río Mira debidamente canalizada. Tiene intactas las tolvas y las cuatro ruedas (ya que molía harina y pienso) y todo el engranaje, así como la pasadora o limpiadora del grano. También mantiene la turbina generadora de energía hidráulica y el sistema de poleas y funcionamiento. El edificio del molino, aunque un poco alterado y modificado, se muestra como una vivienda de arquitectura tradicional adaptada a las necesidades industriales o técnicas del molino.


BIBLIOGRAFÍA:
- “Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca”. Antonio García Cuevas.
- Archivo histórico de Requena.
- Gaceta (antiguo BOE) fechado el 24 de Diciembre de 1866.

El escudo de piedra de la plaza de la Constitución.


Su origen podría estar en el siglo XVII y todo parece indicar que perteneció a una familia originaria de Requena, en concreto a los Ferrer de Plegamans y Pedrón. 


BIBLIOGRAFÍA
-    Información de los escudos por Valentín Casco Fernández

La Fuencaliente de Mira


La Fuencaliente de Mira fue una antigua aldea de Mira, que fue desalojada y posteriormente inundada por las aguas del embalse de Contreras.

La primera referencia que se conoce es en el siglo XIV, cuando en el testamento de D. Juan Alvar García, señor de Utiel, Beteta y Tragacete, dona a su hermana María Álvarez, la dehesa de la Fuencaliente.

Un siglo más tarde, Don Diego Zúñiga, en nombre de su madre, Doña Juana de la Cerda, reclama al concejo de Requena la mitad de la dehesa de la Fuencaliente. Este hecho llevaría a Requena a tener que comprar la parte demandada por 130000 maravedís, cosa que provocó las quejas de Iniesta, que se querelló contra el concejo requenense alegando la gran cantidad de tierras adehesadas que ya poseía dicha villa.

En el siglo XVI, la dehesa sería protagonista de fuertes discordias entre Mira y Requena. Los mireños siempre defendieron que sus mojones antiguos iban desde el Pajazo hasta la Muela del Coso; Requena sin embargo, llevaba los lindes Cabriel arriba, prácticamente hasta llegar a la Cueva Santa. El conflicto generó varios procesos, solucionándose parcialmente en 1566, cuando por sentencia definitiva, la mojonera quedaba definitivamente incorporada al término de Mira.

A finales del siglo XVIII se conoce la existencia de varias casas de hortelanos, sin embargo la implantación de una numerosa población permanente en el lugar posiblemente no se iniciara hasta principios del siglo XIX, cuando Francisco Portillo, vecino de Motilla del Palancar, compró varios terrenos en Mira, entre ellos la Fuencaliente, y los puso en cultivo entre varios colonos, fabricando varias casas para ser habitadas. En 1856 consta que la aldea ya tenía una ermita y en 1890 se convertía en la aldea más importante del término de Mira, con 530 habitantes.

Un hecho dramático se desarrollaría en los años 60 del siglo pasado, cuando la aldea fue expropiada por el estado para la construcción del embalse de Contreras. Esto llevaría a que cuarenta y siete familias fueran trasladadas y instaladas en varias viviendas situadas en el pueblo de Picassent. La construcción del pantano llevó varios años, y cuando se terminó en 1974, la aldea quedó totalmente sumergida bajo las aguas del río Cabriel.

En la actualidad, algunos antiguos habitantes de La Fuencaliente vuelven a las tierras de Mira el segundo domingo de mayo, para participar en la Romería a la Cueva Santa.


BIBLIOGRAFÍA:
- Historia Genealógica de la casa de Lara. Tomo III. Madrid. 1697, Pag. 378.
- Historia de Requena. Rafael Bernabeu.
- Las relaciones de Tomás López 1787.
- Las relaciones entre Mira y Requena en el s. XVI (Revista "Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal" nº 23) Autor: Ignacio Latorre Zacarés.
- Diccionario geográfico-estadístico-historico de España y sus posesiones de ultramar.

La fuga de los zapadores

Cuadro "La gesta de los zapadores" de Ferrer Dalmau.

Cronológicamente, el primer hecho de relevancia militar en la Guerra de la Independencia, fue el episodio conocido con el nombre de la Fuga de los Zapadores, acaecido entre el 24 de mayo y el 7 de junio de 1808, y donde parte de los sucesos transcurrieron por tierras conquenses.

Las noticias de los sucesos del 2 de mayo en Madrid llegaron pronto a Alcalá de Henares, donde tenían su guarnición la Academia de Ingenieros y el Regimiento Real de Zapadores Minadores. Los oficiales y la tropa sabían que los franceses habían reprimido la revuelta popular con extrema dureza y había dudas sobre la situación existente en el país. Por un lado, por patriotismo se sentían inclinados a levantarse contra los franceses, si bien parecía locura sublevarse contra sus numerosos efectivos con tan escasa guarnición. Por otra parte, la situación no era clara, la legalidad se había respetado y aquellos hombres estaban acostumbrados a respetar los actos del rey como actos soberanos y legítimos

La situación se agravó el día 23 de mayo. Por la tarde, a la hora del ejercicio, los oficiales notaron desasosiego entre la tropa, y supieron que se debía al que creían que les iban a dar el prest francés, lo que les tenía disgustados porque ellos no querían ser franceses. Intentaron tranquilizar a las tropas, que además temían que los franceses les obligasen a jurar el nuevo gobierno de Pepe Botella, dada la proximidad de Alcalá de Henares a Madrid.

Al día siguiente, 24 de mayo, el coronel Pueyo fue al cuartel y visitó separadamente a las dos compañías. Manifestó a la tropa que conocía sus temores y les ofreció marchar a quien lo quisiera a las distintas compañías del Regimiento destacadas en los trabajos de la Península en Badajoz, San Roque, Cádiz, etc. Su propuesta no fue aceptada por ningún soldado. Junto con sus oficiales, proclamaron "preferir morir de hambre a comer el rancho costeado por el dinero francés" y decidieron marcharse hacia Cuenca esa misma noche, teniendo al frente de la columna el comandante José Veguer. El coronel Pueyo no desaprobó su decisión e incluso la encontró justificada, pero decidió no acompañarles.

A las doce de la noche del día 24 de mayo, una columna de 600 o 700 hombres, se puso en marcha a tambor batiente en correcta formación con la bandera del 1er. batallón desplegada en dirección hacia Cuenca.

Al amanecer del 25 de mayo la columna llegó a Villalvilla, donde hicieron un alto para descansar. Tras el descanso prosiguieron hacia Yebra.

El día 26 de mayo pasaron el Tajo por la barca de Zorita, y marcharon hacia Almonacid, donde pasaron la noche..

El 29 de mayo llegaron a Valdecolmenas. El cura párroco les salió al encuentro, acompañado de un paisano que acababa de llegar de Cuenca. Les entregaron una copia de la proclama que había dado en Valencia el Conde de Cervellón el 23 de mayo llamando a las armas para combatir a los franceses. La noticia levantó el ánimo de los oficiales. El comandante Veguer ordenó la lectura a la tropa, que se mostró jubilosa y lanzó gritos de "¡Viva España!". El subteniente López fue enviado a Cuenca para contactar con las autoridades y enterarse de su actitud y la del pueblo. Por su parte, la columna prosiguió su marcha hasta Villar del Horno, donde pernoctaron.

El 30 de mayo los fugados celebraron la festividad del Santo Patrón San Fernando en Villar del Horno. Por la tarde llegó el subteniente López con noticias de la actitud dudosa de las autoridades de Cuenca, por lo que el comandante Veguer decidió dirigirse a Valencia.

Por la noche reanudaron la marcha y pasaron por Arcas y Carboneras, donde llegaron al amanecer el 31 de mayo.

El 1 de junio llegaron a Villora, donde supieron que el Reino de Aragón también se había levantado el 24 de mayo. Estando en Villora, los oficiales descubrieron cierta alteración en la tropa, motivada porque un paisano apodado el Mameluco, que acompañaba a las tropas desde su partida de Alcalá de Henares, pretendía inducir a algunos soldados a asesinar a los oficiales y robar la caja del Regimiento, debido al malestar producido porque algunos de los soldados aragoneses preferían que la columna marchase hacia Zaragoza. El comandante Veguer ordenó el arresto inmediato de el Mameluco y su custodia en un castillo cercano a Villora bajo una guardia de un sargento y ocho soldados. El arrestado fue conducido con esta guardia durante el resto del viaje hasta Valencia.

El 2 de junio continuaron la marcha y llegaron a Camporrobles (Aunque los documentos consultados no mencionan a Mira, es de suponer que pasaron por su termino.)

El 3 de junio, una vez rebasado Utiel se dirigieron hacia Requena, donde la columna de Ingenieros entró siendo recibida entre grandes aclamaciones de la población.

Cuatro días después, el 7 de junio los fugados hicieron su entrada triunfal en Valencia, con el Conde de Cervellón mandando la primera compañía de la columna, honor que obtuvo del comandante Verguer. Los Ingenieros recibieron las aclamaciones de los valencianos y fueron arengados por el Capitán General y por el Conde de Cervellón.

El dia 8 de juniola Junta Suprema del ejército de Valencia "dió la gracias a los heroicos zapadores minadores, un grado a los oficiales y un premio en metálico a la tropa".

Inmediatamente después de la llegada se formó el Regimiento de Zapadores Minadores de Valencia: un batallón con cuatro compañías, sobre la base de las dos compañías del 1er. Batallón del Regimiento Real, a cuyo frente se puso a Veguer, recién ascendido a coronel por la Junta Suprema de Valencia.


BIBLIOGRAFÍA

-  Gaceta de Valencia el 7 de junio de 1808.

-  Artículo publicado por Sebastian Ruiz Fernández en la página web Tarazona de la Mancha.