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El arte de blanquear la ropa


“Hacer la colada” es una frase que todavía hoy conservamos en el habla común para referirnos a lavar la ropa, aunque en realidad define una acción más concreta y es la de blanquearla e higienizarla.

Las culturas del mundo antiguo, como la fenicia o la griega, utilizaron distintos procedimientos para blanquear la ropa. La mayoría de aquellos métodos eran procedimientos naturales que empleaban agentes blanqueadores como la ceniza, la orina podrida o las tierras arcillosas, dada la alcalinidad de tales substancias. En la antigua Roma, era común unos cubos para la recogida de orina en las calles. Los transeúntes podría hacer sus necesidades en ellos y cuando los tanques estaban llenos se llevaban a una lavandería. Ahí se diluía en agua y se vertía sobre la ropa sucia, después un trabajador pisaba fuertemente la ropa para agitarla.

En la Europa de la edad media, fue Holanda quien mejor desarrolló las técnicas del blanqueo, siendo la ciudad de Haarlem su epicentro, donde comerciantes procedentes de diversas partes de Europa enviaban sus tejidos para su blanqueo. Los holandeses consiguieron mantener el monopolio industrial hasta el siglo XVIII.

Los blanqueadores modernos nacen de la labor de los científicos del siglo XVIII, como el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, quien descubrió el cloro y del francés Claude Berthollet, quien reconoció que el cloro podría ser utilizado para blanquear telas y el primero en hacer hipoclorito de sodio. Unas décadas después, en 1820 el farmacéutico Labarraque cambió el potasio por el sodio. Así nació la lejía moderna, cuya formula se ha mantenido hasta nuestros días.

La colada en Mira
Antiguamente en Mira como en la mayoría de lugares de España, se realizaba la colada con una lejía obtenida de cenizas vegetales, siendo las mejores las que provenían de la leña de la carrasca. Tal era la cotización de esta ceniza, para este y otros menesteres, que en las ordenanzas de Mira de 1737 se dictó que ninguna persona fuera osada de echar fuego a las carrascas por aquella desordenada codicia de llevar a vender las cenizas, con pena de cuarenta reales por cada pie que se encontrara quemado.

Antes de realizar la colada, se iba al río, a las acequias o a los lavaderos del pueblo (la Fuente Vieja o Valdefuentes) para limpiar la ropa con jabón. Casi todo era ropa blanca, sobre todo sábanas. Posteriormente se llevaba a casa y se ponía la ropa dentro de un cuenco que generalmente era de cerámica y que por estas tierras se conocía como cociol (En otras partes se le podía conocer como coladero, cuezo, barreñón para colar, coció,  tina,  codo,  cossi,  coladoriu, colaeru, coladem, boguen, bugadeiro). Encima del cociol, tapando la boca, se ponía un cenicero, que era una ropa gruesa sobre la que se depositaba la ceniza. Se calentaba agua en un caldero y luego se vaciaba sobre la ceniza formando una pasta líquida. Poco a poco el agua iba colando por el cenicero arrastrando la materia activa de la ceniza, produciendo la lejía. Se dejaba colar como mínimo 6 horas pero para ir bien era aconsejable tenerlo todo el día. Había quien ponían un poco de laurel en las cenizas para perfumar la ropa. Después de la colada, al día siguiente, se sacaba la ropa del cuenco y se volvía a llevar al lavadero y se le daba una o dos jabonadas más. El proceso terminaba poniendo la ropa al sol. El resultado era una ropa blanca e higienizada, aunque había un dicho en el pueblo que decía "El que mierda mete en el cociol, mierda tiende al sol" que quería decir que si no se había lavado bien en un inicio, difícilmente se podía blanquear y cuando se tendiera estaría sucia. El líquido sobrante de la colada, se reutilizaba para limpiar e higienizar suelos o utensilios.

 Lavadero de la Fuente Vieja. Mira 1965


Ejemplo de Cociol. Museo Etnográfico de Terque

La desaparición paulatina de la colada tradicional se iniciaría en 1889, cuando Salvador Casamitjana empezó a comercializar por la primera vez en España la lejía que hoy conocemos, aun así el antiguo proceso de la colada se mantendría en mucho lugares rurales de España hasta aproximadamente los años 50.


BIBLIOGRAFÍA:
- El gran libro de la historia de las cosas. Pancracio Celdran Gomáriz.
- Sign. 1387/21 y 1387/22. Libro de Mira. Archivo Municipal de Requena.
- Mira. Un siglo de Historia 1875 - 1975
- http://www.villadesesa.com
- http://hassam.hubpages.com 

La Guardia Civil


Al finalizar la Guerra de la Independencia contra Francia en 1814, la debilidad del Estado hizo que la inseguridad se apoderase de los caminos españoles. En la guerra se había utilizado como método de lucha la guerrilla, lo que provocó que, acabadas las hostilidades, quedasen diseminados por las zonas más agrestes de la península grupos de excombatientes o brigantes, desertores y delincuentes liberados que, inadaptados a la vida civil, hicieron del bandolerismo su forma de vida.

La gravedad del fenómeno hizo que se intentase establecer un cuerpo de policía de ámbito nacional que velase por la seguridad pública, pero no sería hasta 1844 cuando se produce la creación oficial de la Guardia Civil.

La expansión del cuerpo fue una evolución en círculos concéntricos, a través de pasos que abarcaron sucesivamente el ámbito regional, provincial, de partido y finalmente el municipal. En un inicio se establecieron 14 tercios siguiendo las 14 capitanías generales regionales. En una segunda etapa se fue estructurando la fuerza sobre la base de una compañía por provincia. En una tercera, la expansión se llevó acabo sobre los partidos judiciales, para finalmente llegar al nivel municipal [1].

En el municipio de Mira, no se sabe con exactitud cuándo se estableció. La primera noticia se obtiene de la prensa nacional durante la Segunda Guerra Carlista. En 1847, el periódico La Esperanza, informó que por precaución se reforzaron los puestos de la Guardia Civil de La Motilla, Mira, Tragacete, Cañete y Beteta, como una especie de línea avanzada para cubrir las avenidas más sospechosas y tener más concentrada la fuerza para evitar sorpresas. Posteriormente, no sería hasta finales del siglo XIX cuando volvemos a tener noticias [2]. En 1889, el comandante del puesto de la guardia civil de Mira, dio muerte a un criminal llamado Domingo Hernández en el término de Talayuelas [3], y cinco años después, en 1894, la Guardia Civil de Mira cruzó varios disparos con un grupo de criminales, resultando herido un guardia civil en el ojo derecho [4].

Los primeros documentos oficiales que hemos podido encontrar son bastante tardíos, de 1917, cuando en el pleno del ayuntamiento del día 6 de Mayo de mismo año, presidido por el teniente alcalde Luis de Fuentes Navarro, se aceptó el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito a la fuerza de la Guardia Civil para el puesto de Mira. Como en ese momento el ayuntamiento todavía no disponía de ningún edificio en propiedad adecuado, se tuvo que alquilar al precio de 300 pesetas anuales el edificio de la calle Calicanto número 10, en propiedad de Toribio Pedrón López, para que lo ocupara la guardia civil [5].  Este dato crea cierta confusión, pues no concuerda con la memoria de las personas mayores, quienes sitúan el antiguo cuartel en el edificio de la calle Calicanto número 8, es decir, justo al lado. Esto puede ser porque con anterioridad al acuerdo de 1917,  hubo un cuartel en el número 8, o bien porque en aquella época el número 10 correspondía al 8 actual.


Casa de la calle Calicanto número 8 que la gente mayor recuerda como la antigua casa cuartel.

A los pocos meses después del acuerdo de 1917, el ayuntamiento aprueba adquirir mediante compra unos terrenos en el paraje de la Serna. Dos años después, en 1919, el ayuntamiento firmar un acuerdo con el jefe de la Guardia Civil de Minglanilla, donde se acuerda proporcionar acuartelamiento gratuito a la fuerza de la Guardia Civil de Mira en un edificio de nueva construcción, de propiedad de la corporación ubicado en el paraje de la serna (donde está ubicado el cuartel en la actualidad) [5]. No sería hasta 1920, cuando finalmente el nuevo cuartel de Guardia Civil quedó inaugurado.

El edificio fue diseñado de forma cuadrangular y con un patio interior centralizado. Contaba con una oficina, un calabozo y varias viviendas para los guardias. Anexo al mismo, había un espacio solo techado en una de sus partes a modo de porche, que podía guardar hasta 9 caballos.

Fotografía del cartel de la Guardia Civil en 1920.

La dotación de efectivos destinados en el nuevo cuartel fue de cinco: un cabo, un guardia de primera y tres guardias de segunda [6].

En 1933, durante los conflictos de una huelga general anarcosindicalista, volvemos a tener noticias de la guardia civil de Mira gracias a varios diarios nacionales. Sería el 12 de Enero, cuando los disturbios llegaron a Mira al declararse esa misma mañana una huelga general en el pueblo. Según la crónica del diario La Libertad, todo empezó cuando un grupo de huelguista se dirigió a las obras del ferrocarril Cuenca-Utiel, con el objetivo de forzar a los obreros para que abandonasen el trabajo. Algunos se opusieron a ello, produciéndose por este motivo algunos altercados entre ellos. Por fin, al mediodía, consiguieron los manifestantes sus propósitos, y en actitud levantisca volvieron al pueblo. Antes de llegar, les salió al paso la Guardia Civil de Mira, que preguntó a los huelguistas que querían, respondieron estos con una agresión a los guardias, que recibieron una pedrada y varios disparos, resultando dos guardias heridos levemente. Las fuerzas del orden replicaron, hiriendo a dos manifestantes levemente y a uno con extrema gravedad [7].

Con el inicio de la guerra civil, el cuerpo continuó existiendo en el bando nacional, mientras que en el republicano se le cambió su denominación por el de Guardia Nacional Republicana, para poco después desaparecer al ser absorbido por un nuevo cuerpo de seguridad pública, que unificó diversas instituciones de carácter policial. No tenemos datos de la evolución de este cuerpo en Mira durante este periodo.

Pocos años después del término de la guerra civil, en la serranía conquense aparece con fuerza el fenómeno del “Maquis”. En 1944 fracasa el intento de invadir España por el Valle de Arán por la Agrupación Guerrillera Española, y a partir de 1945, el partido comunista de España cambia de táctica, dedicándose a introducir en España células de resistencia armada. En este contexto aparece la A.G.L.A., Agrupación Guerrillera de levante y Aragón, que llegó a extender su radio de acción por la provincia de Cuenca y alguna zona de Guadalajara. El campamento guerrillero del “Morro del Gorrino” en Salvacañete, fue uno de los focos de mayor actividad en la zona.

El peso de la lucha contra el maquis recayó principalmente sobre la Guardia Civil. El Gobierno preocupado por el fenómeno, amplió el número de puestos especialmente en las zonas afectadas. En la demarcación de Mira se crearon los destacamentos de la Cañada de Mira, Fuencaliente, Rento del Buitre y la del Puente de Enguídanos [8].

A finales de 1946, se estableció un campamento de guerrilleros en el paraje de la fuente Olmadilla, en el término de La Pesquera. Parece ser que fue la Guardia Civil de Mira quien dio con el lugar, para rápidamente organizar un asalto al campamento con unos 30 hombres. En la operación murieron nueve guerrilleros. Por parte de la guardia civil hubo varios heridos, entre los que figuraban un teniente y un sargento. Posiblemente como consecuencia de este hecho, en los primero días de febrero de 1947, varios guerrilleros se presentaron en la casa forestal del paraje del Pozo la Llave, en el término de Mira, dando muerte mediante ahorcamiento al Guardia Civil Dionisio Alcarria Ruiz [9].

Ruinas de la casa forestal del Pozo la Llave.

No sería hasta finales de los 40,  cuando el fenómeno del maquis en la zona desaparecería por completo, dejando en la memoria colectiva recuerdos de años muy duros.

En 1959 se produce el Plan de Estabilización económica y una cierta apertura del régimen que irá seguida de un gran desarrollo económico. En este mismo año, dado el aumento del tráfico rodado que se produce como consecuencia del crecimiento económico, se encomienda a la Guardia Civil la vigilancia del tráfico y del transporte por carretera. Se crea la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil que constituye un punto de inflexión en el proceso de la modernización del Cuerpo.

A partir de los años 60 se fueron cerrando progresivamente muchos cuarteles en la provincia de Cuenca, como el cuartel de Salvacañete en 1968, hasta llegar a la actualidad, donde quedan 49 casas cuartel en toda la provincia, entre ellos y esperemos que para mucho tiempo, el de Mira.

BIBLIOGRAFÍA:
[1] Francisco Aguado Sánchez, Historia de la guardia civil.
[2] La Esperanza, 22 03 1847.
[3] La República, 08 11 1889.
[4] El Imparcial, 23 06 1894.
[5] Archivo histórico de la Guardia Civil.
[6] Historia de la Villa de Mira.
[7] Gaceta, 25 01 1933.
[8] Marín Mariano López, Historia de Salvacañete.
[9] Francisco Aguado Sanchez, El maquis en España.

De escribanos a notarios


Desde los primeros momentos de la aparición de la escritura, surgida de la necesidad de comunicar, transmitir y dar permanencia a los hechos y pensamientos en las culturas de la Antigüedad, se tiene constancia de la existencia de personas encargadas de escribir para otras. A través, fundamentalmente, de las representaciones artísticas nos ha llegado la imagen, por ejemplo, del escriba egipcio. Sin embargo, para perfilar los rasgos que definen la función notarial desde la Edad Moderna hemos de remontar el estudio de su evolución histórica a la Roma de la época imperial, cuando se desarrolla un tipo de escriba profesional, denominado tabellio, dedicado a la escrituración de los negocios jurídicos de los particulares.

Bastantes siglos después, en el siglo XI, con la rápida extensión territorial de los reinos hispánicos derivada de los avances de la Reconquista y la subsiguiente incorporación de tierras, el resurgir de las ciudades y las transformaciones socioeconómicas experimentadas en el medio urbano, en los reinos de León y Castilla, el estamento de los scriptores profesionales contempló un notable desarrollo. Será desde el siglo XII cuando estos scriptores, que habían protagonizado un incremento sucesivo, empiecen a ser denominados en castellano “escribanos” y sean predominantemente laicos, sobre todo en el espacio urbano.

Un momento importante fue la ordenación notarial llevada a cabo por el Rey Alfonso X el Sabio, con las leyes promulgadas por el Fuero Real y Las Partidas, que asentó la idea de que el escribano no era un simple scriptor profesional, sino el titular de un oficio público cuya actividad quedaba regulada por la ley.

Entre las condiciones para ser nombrado escribano por el rey figuraban tanto las morales como las intelectuales. Debían ser hombres libres, cristianos de buena fe, saber escribir bien y ser conocedores del arte de la escribanía; debían ser legos y guardar secretos sin quebrantarlo excepto cuando podía perjudicar al rey; y ser vecino de los lugares donde ejercían para tener así un mejor conocimiento de las personas que acudían ante él para registrar sus actos.

Una característica de los documentos realizados por los escribanos era añadir un signum. Esta señal era concedida por el rey junto con el título real para que el nuevo escribano refrendase las actuaciones. Cada escribano tenía su signo personal.


Durante los Reyes Católicos, además de lo legislado en Las Partidas, la aprobación del consejo real debería ir firmada al dorso por tres de los letrados que formaban el consejo real. Y una vez recibida esta autorización el rey procedía automáticamente a su nombramiento.

Bajo el reinado de Carlos I se promulgará otra formalidad considerada indispensable, desde ese momento, para ser admitido al examen por el Consejo real y recibir el título de escribano, debía llevar un informe de la justicia del lugar donde residía en el cual se testimoniaba su habilidad y buena conducta. También se permitió la venta del oficio.

Posteriormente Felipe II fijará la edad mínima para poder ejercer el oficio de escribano en veinticinco años. Bajo el gobierno de Carlos II se dispuso que además de la información de legitimidad, limpieza de sangre y edad se justificara por escrito haber permanecido durante un periodo mínimo de dos años en el oficio de un escribano bien seguidos, o alternos, como escribiendo, durante los cuales se iría familiarizando con las fórmulas legales. Sin embargo las leyes, se fueron flexibilizando y adaptando a las necesidades temporales existentes.

Los nombramientos de los escribanos podían ser de varias clases, siendo los escribanos reales y los de número los más habituales: los escribanos reales, podía ejercer la profesión en cualquier punto del Reino y los escribanos de número, antecesores de los actuales notarios, quienes ejercían sus funciones en un enclave (Ciudad o villa) o zona en el que estaban autorizados a actuar. El nombre de esta última clase viene de que, ante las continuas mercedes que de estos oficios de escribanías otorgaban los reyes, las ciudades fueron obteniendo el derecho de limitar el número de escribanos.

La imagen del escribano no fue muy buena hasta el siglo XIX, aparte de las continuas quejas por el excesivo número de escribanos y por las pérdidas de escrituras por no cumplir las leyes sobre inventariado y guarda de los registros de los escribanos muertos, había otra consecuencia que tuvo una mayor incidencia social, y será el elemento que mayor sombra proyectará sobre la figura del escribano: La inversión que significaba la compra de la escribanía, la tenía que amortizar con el cobro del arancel, y esto debió provocar, en más de una ocasión, el cobro de honorarios abusivos, a pesar de la minuciosa legislación que establecía el precio máximo por actuación.

La notaría moderna se inicia durante el reinado de Isabel II con la reforma de la Ley Orgánica del Notariado de 1862, cuando entre varias novedades, se consagra un principio fundamental: los protocolos no son de propiedad privada sino que los protocolos pertenecen al Estado. Esto inicia la red archivística, con el establecimiento, por la misma ley, de los archivos territoriales para protocolos de cierta antigüedad. También durante el mismo siglo la denominación de escribano se deja de usar progresivamente y se afianzará la de notario.

Escribanos en Mira
La referencia más antigua de este oficio la tenemos en los conflictos entre Mira y Requena por los gastos del corregimiento a principios del siglo XV. En ese momento Mira era una aldea de Requena y los mireños mostraron su disconformidad por tener que sostener económicamente los gastos abusivos del Corregimiento, entre ellos la escribanía de cámara que estaba en Requena. El problema se solucionó llegando a un acuerdo en varias condiciones. En lo que respecta a la escribanía, se estipuló que cada vez que el escribano requenense tuviera que ir a Mira a tomar y recibir cuentas del concejo mireño, se le pagara 70 maravedíes por día, no pudiendo emplear más de cuatro días entre ida y vuelta. Si los propios mireños se acercaban a la villa matriz eran eximidos de este gasto.

En 1537, Carlos I concedía la exención a Mira que se constituía nuevamente en villa, pero no sería hasta 1567 cuando tenemos noticias de que en la estructura de oficiales del Concejo de Mira estaba constituida con un escribano, aunque no conocemos su nombre.

No volveremos a tener noticias hasta el catastro de ensenada de 1753, donde se informa que en la villa de Mira cuenta con un escribano de número que ejerce Lorenzo Ferrer Yranzu, con un salario de seiscientos reales hasta mil quinientos reales de utilidad. Nada más sabemos.

En la primera mitad del siglo XIX, dos escribanos mireños serán protagonistas dando fe de certeza en varios documentos tanto en Mira como en pueblos próximos. Uno de ellos, fue Leandro Domínguez García, persona que nació en el municipio en 1777, hijo de Manuel Domínguez y Ana García, ambos también de Mira. Sería a la edad de 26 años, cuando formalizó una petición para presentarse al examen de escribano real, alegando la falta de escribanos tanto en Mira como en pueblos cercanos. Aparte de reunir los requisitos básicos, debió pagar una cuota de 200 ducados de vellón y presentar un expediente de limpieza de sangre. El dato de la cuota es interesante, si convertimos los 200 ducados de vellón a reales, estaríamos hablando de unos 2200 reales aproximadamente. Por aquella época un jornalero podría ganar sobre unos tres reales y medio al día en el mejor de los casos. Esto nos pueda dar una idea de que la profesión de escribano no estaba al alcance de cualquiera. Finalmente su solicitud fue aceptada y el examen aprobado, concediéndole una escribanía como escribano real. De entre los documentos que dio fe de certeza, conocemos uno realizado para el mireño Antonio Martínez Sierra, quien en 1818, presentó una solicitud para poder estudiar cirugía en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos.

Signum de Leandro Domínguez

El otro escribano mireño fue Tomás María Ferrer Sánchez, de cuya persona de momento tenemos poca información. Quizás fuera familiar de Lorenzo Ferrer Yranzu. Solamente conocemos que en 1804 fue admitido como escribano de número. De entre los trabajos realizados, tenemos constancia de un documento de 1822, sobre la venta de un terreno otorgada por Dª María Jiménez, a favor del conde de Salvatierra, marqués de Villora.

 Signum de Tomás María Ferrer Sánchez

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, Mira deja de tener escribanos en el municipio y los mireños tendrán que utilizar los servicios de profesionales de poblaciones próximas, como Tomas Sánchez en Camporrobles o Vicario Sánchez Mura en Landete.


BIBLIOGRAFÍA:
- Breve estudio sobre los escribanos públicos malagueños a comienzos del siglo XVIII. Marion Reer Gadow
- Los signos de los escribanos públicos. Eva Mª Mendoza García.
- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés
- La figura del escribano. María Jesús Álvarez-Coca González
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.14.2//CONSEJOS,29429,Exp.2
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.12.2//CONSEJOS,27468,Exp.83
- Pares. ES.28079.AHN/1.2.5.1//UNIVERSIDADES,1226,Exp.73
- Archivo de Teruel

Iluminando la oscuridad

Los seres humanos somos criaturas diurnas, con los ojos adaptados para vivir a la luz del sol y con grandes limitaciones para el mundo de la noche, al contrario que una enorme cantidad de especies nocturnas que habitan el planeta.

En la prehistoria el hombre descubrió el fuego y lo utilizó para obtener calor y cocer alimentos, no tardaría en usarlo para la iluminación de su entorno. Se calcula que hace alrededor de unos 500.000 años se utilizó la primera llama para iluminar las tinieblas de la noche.

Bastantes siglos más tarde, posiblemente hace 50.000 años, aparecieron los primeros candiles rudimentarios, usando como combustible aceite o grasa de origen animal, y como base; piedras, conchas o cualquier otro producto natural con forma de cuenco.

Un gran adelanto tecnológico vendría al practicar en el pico de los candiles un orificio para salida de la mecha, de modo que ésta podía ser ajustada para cambiar el cauce de aire que la bañaba y obtener así el máximo de luz y evitar al mismo tiempo el humo y el hollín.

 Lucerna usada en las minas de lapis specularis cerca de Segóbriga (Cuenca)

En los tiempos de esplendor de Grecia y Roma, las lámparas de uso doméstico y ceremonial alcanzaron un alto nivel decorativo. A menudo eran de cerámica o de bronce, y estaban adornadas profusamente con palmeras, hojas de plantas, figuras humanas, animales, etc.

El uso de velas no era tan común como el de lámparas de aceite, no obstante su uso se incrementó durante el medievo mediante la utilización de cera de abeja o sebo. Hasta el siglo XIX, las velas fueron la forma más común para iluminar los interiores de los edificios.

A finales del siglo XVIII aparece la lámpara de Argand, artilugio que supuso un gran avance, pues su luminosidad era equivalente a 6 o 10 velas. Tenía una mecha cilíndrica montada entre un par de tubos concéntricos de metal, para que el aire se canalizara a través del centro y a través de la mecha. El combustible solía ser aceite. Se terminó conociendo como quinqué, porque Antoine Quinquet introdujo algunas mejoras sobre la idea de Argand que ayudó a popularizarla.

 Quinqués del siglo XIX

Con la revolución industria aparecerían importantes avances tecnológicos, como la iluminación a gas o la bombilla eléctrica, pero también sociales, al llevar al ámbito público la iluminación de las calles de varias ciudades. Posteriormente, desde el siglo XX hasta la actualidad, se han multiplicado los avances y la dependencia en la iluminación, creando un nuevo entorno radicalmente diferente para el ser humano.

La iluminación en Mira
En Mira como en muchos otros lugares, durante siglos la nocturnidad se vivió principalmente empleando rudimentarios instrumentos de iluminación; como teas, velas o candiles, y aunque los nuevos avances acabarían llegando en el pueblo, varios de estos instrumentos ancestrales serían utilizados prácticamente hasta mediados del siglo XX.


Antiguos instrumentos de iluminación

En tiempos de nuestros abuelos, los candiles funcionaban con aceite y con una mecha de algodón (también conocida como "torcida" por su forma trenzada). También había faroles y quinqués, fabricados en latón y abiertos en su parte superior para evacuar hunos y facilitar la combustión. Estos artículos se vendían en las tiendas locales o por chatarreros ambulantes. Las velas eran generalmente hechas por gente del pueblo con tradición colmenera, utilizando cera natural, un molde y una mecha de algodón como palillo que se le colocaba en el centro.

A finales del siglo XIX se iniciaría la implantación de la iluminación eléctrica en España, sin embargo este avance tardaría bastante tiempo en llegar en la gran mayoría de las zonas rurales. En Castilla La Mancha, parece ser que Villalgordo del Júcar (Albacete) sería la primera población de la comunidad en disponer de luz y energía eléctrica, cuando Santiago Gosálvez, instaló a finales del siglo XIX una central hidroeléctrica para sus fábricas de harinas, hilados y papel frente a Villalgordo del Júcar, pero dentro del término municipal de Casas de Benítez (Cuenca).

En Mira, sería en 1911 cuando el ayuntamiento mostró su interés de establecer el tendido eléctrico por las calles para abastecer de luz la población, sin embargo no se llevó acabo. Pasaría varios años hasta que un grupo de emprendedores mireños denominado Faraday, realizó el primer hito con la electricidad en el pueblo al instalar un generador eléctrico en el molino de la Tía Carolina, convirtiéndose así el primer edificio del pueblo en tener luz eléctrica. Posteriormente varios vecinos del pueblo pudieron conectarse al molino y tener luz eléctrica a cambio de una tarifa periódica.

 Molino de la Tía Carolina a la derecha.

A nivel municipal, no sería hasta 1924 cuando por fin el ayuntamiento de Mira llevó a cabo el proyecto de instalación del alumbrado público. Para llevarlo a acabo se nombró una comisión presidida por Juan José Pedrón, Julio Esteban y Juan F. López, para que realizasen un examen sobre los lugares donde debería realizarse la instalación.

Hacía 1930 se pretendió formalizar el alumbrado público también para la aldea de La Fuencaliente.

En 1935, el ayuntamiento vio la necesidad de ampliar el contrato del suministro eléctrico. Se compraron 25 brazos, tulipas y 100 lámparas de filamento metálico. Del total, diez fueron destinadas a edificios públicos: cinco lo fueron para las oficinas del ayuntamiento, tres para las cárceles públicas y dos para el juzgado municipal y la casa-Cuartel. Varias instancias llegaron al Ayuntamiento para hacerse con el suministro, entre ellas la Sociedad Cooperativa Faraday del molino de la tía Carolina y del vecino Manuel Madrid Monleón. Finalmente fue este último quien se hizo con el suministro del fruido eléctrico.

La guerra civil resultó ser un parón para la expansión de la electricidad en España. Terminada la contienda, la recuperación de la industria eléctrica fue lenta, mucho más lenta de lo que cabría esperar dadas las necesidades de energía eléctrica en la posguerra. A partir de 1940 los abastecimientos de carbón y gas quedaron severamente racionados. La falta de estos suministros empujó a muchos consumidores hacia la electricidad, sin embargo, la oferta no estuvo a la altura de la demanda en parte debido al aislamiento internacional del nuevo régimen, que registraron dificultades para importar material y maquinaria eléctrica.

Una vez la economía se fue recuperando, se hizo posible emprender la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y la ampliación de las antiguas, para paulatinamente modernizar las infraestructuras eléctricas de todo el país.


BIBLIOGRAFÍA:
-.Wikipedia
- La industria eléctrica en España (1890-1936). Isabel Bartolomñe Rodríguez
- http://www.fragailuminacion.com.ar/publicaciones/historia-de-la-iluminacion/
- La historia de la villa de Mira. Tierra de Frontera. Miguel Romero, Marcelino Silla, Jesús Arribas.
- Etnología y costumbres populares de Salvacañete. Mariano López Marín.

Baños y aguas termales

Se llaman aguas termales a las aguas minerales que salen del suelo con más de 5°C que la temperatura superficial. Estas se encuentran donde hay bolsas de magma próximas a la superficie que calientan las rocas que las cubren. El agua subterránea se caldea al circular por las fisuras de la roca, y surge a temperaturas superiores a la de la atmósfera en forma de fuentes termales. Además de estar caliente, el agua suele ir cargado de minerales.

Formación de las aguas termales.

Documentado desde el siglo XVIII, en Mira hubo un manantial de aguas termales situado en la antigua aldea de la Fuencaliente, exactamente en una oquedad de un risco calizo, de donde manaba un generoso caudal con una temperatura estable entre 15 a 20 grados rico en sustancias sulfúreas. El agua iba a parar a un estanque que se conocida como la balsa. Tomás López en sus relaciones de 1787, detalla que era una fuente con un agua mineral y medicinal, a donde concurrían muchos enfermos a bañarse con problemas de obstrucciones, reumas, humos salados y privación o entorpecimiento de algunos miembros.

En el siglo XIX, en toda Europa los baños pasan a convertirse en una práctica popular como sistema de relajación, de tratamiento o terapia. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen en la ribera mireña del Cabriel varios establecimientos aprovechando las condiciones naturales y privilegiadas de la zona.


En La Fuencaliente se abrieron los Baños de Cecilio Guaita, ubicados en un edificio de cierta prestancia cerca de la Balsa. El establecimiento disponía de bastantes habitaciones en las que se alojaban los huéspedes principalmente en verano, cuando venían a tomar las aguas y a meterse en bañeras de aguas calientes y saludables para desentumecerse y controlar el reuma.


 Fotografías aéreas de El Cañaveral y La Fuencaliente en 1956.

En el lugar de El Cañaveral, también se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionaba con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, Fidel García-Berlanga, ofreció a la familia Cervera la posibilidad de trasladar los Baños desde El Cañaveral al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente. El traslado tenía sentido, El Cañaveral estaba bastante aislado y con comunicaciones complicadas, aparte que no disponía de fluido eléctrico. De esta manera al poco tiempo los nuevos baños empezaron a funcionar en La Fuencaliente. En una zona del interior de la casa y separada del resto, se instaló el gran cajón de madera en el que se administraba al cliente el vapor. El cajón tenía en su interior un asiento donde el bañista, después de entrar, se sentaba y, para que el usuario pudiera sacar la cabeza holgadamente, disponía de una abertura en el centro que, finalmente, se obstruía con toallas y paños para retener el vapor. Una caldera a cierta distancia hervía hierbas y plantas medicinales como espliego, romero, tomillo etc. y a través de un conducto entraba en el cajón. El bañista recibía el flujo del vapor y, tras una sesión, subía a su habitación para descansar. Los clientes procedían de diferentes lugares, de pueblos vecinos y también de pueblos más alejados, como Iniesta, Villalpardo, Motilla, Requena y incluso de Valencia.

 Ejemplo de cabinas de vapor de baños ingleses.

En la década de 1970, cuando se acabó la construcción del embalse de Contreras, todo quedó sumergido bajo las aguas del río Cabriel.


BIBLIOGRAFÍA:
- Historia universal de las fuentes minerales de España. Pedro Gómez de Bedoya. 1765
- Diversos artículos de Eduardo Monleon
- Wikipedia.

El reloj de sol


Los griegos tomaron de los babilonios, y estos de los egipcios, muchos conocimientos astronómicos, entre los que se encontraba la técnica de medir el tiempo por medio de los relojes de sol, así como la costumbre de emplear como patrón de medida el resultado de dividir el tiempo comprendido entre el orto y el ocaso en doce partes iguales.

Los romanos asimilaron los conocimientos de los griegos, continuaron con el mismo sistema de medida del tiempo y llamaron a las horas con numerales correlativos, correspondiendo la hora sexta al mediodía (siesta).

En la época de esplendor del imperio romano los relojes de sol se encontraban en todas las ciudades y villas importantes, como el que había en la antigua ciudad de Segóbriga. Este reloj solar, que es el más antiguo de la provincia de Cuenca, fue hallado durante la campaña arqueológica de 1972, al excavar las ruinas de un pequeño templo. Realizado en piedra caliza, tiene tallado en su parte superior el cuadrante hemisférico con 11 líneas incisas que dividen la cavidad en doce partes que representan los círculos horarios.

 Reloj de sol de Segóbriga. Museo de Cuenca

En el siglo IX entra en escena la astronomía árabe. Los sabios musulmanes enriquecieron el legado recibido de los clásicos griegos.

En el siglo XIII,  Alfonso X "el Sabio" al reunir en la ciudad de Toledo un numeroso grupo de astrónomos cristianos, griegos, hebreos y árabes, para traducir al latín gran parte de las obras escritas en árabe, permite a la gnomónica europea salir del oscurantismo medieval en que se hallaba inmersa.

Con el tiempo, prácticamente cada población tendría su reloj de sol, especialmente ubicados en las iglesias o en edificios civiles. En la provincia de Cuenca, el reloj solar activo y fechado más antiguo, lo encontramos en la casa consistorial de la población de San Clemente, de 1566.

 Reloj de sol de San Clemente

El reloj solar de Mira
Este se encuentra coronando la antigua puerta de poniente de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Se desconoce su fecha de construcción, aunque si tenemos en cuenta que la nueva puerta de la iglesia, al mediodía, se construyó en 1792 y la iglesia tiene su origen según Gómez Serrano en el siglo XVI, el reloj pudo ser colocado entre los siglos XVI y XVIII.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Mira

El reloj es del tipo vertical, declinante a poniente. Le falta el gnomon, que posiblemente fuera de tipo polar con varilla de hierro forjado con un apoyo. Dada su orientación, su máxima capacidad horaria sería de entre las 10 de la mañana a las 20 de la tarde. El dial es un semicirculo de aprox. 1 m de diámetro enmarcado con una banda y rematado con forma de vieira, dando a pensar de que pudiera tener relación con el Camino de Santiago a su paso por Mira, sin embargo y sin descartar esta hipótesis, según la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol, hay que tener en cuenta que los modelos en semicírculo pueden dar pié a este tipo de diseños sin más pretensiones. Su estado de conservación es bastante malo.



BIBLIOGRAFÍA:
- Asociación Amigos de los Relojes de Sol.
- Fotografía del reloj de sol de Mora por Florentino Nevado y Vicente Hernández.
- Simulación y cálculos del reloj de Mira por Luís Vadillo.
- El reloj romano de Segóbriga. M.M.Valdés
- Wikipedia, Reloj de sol.

De los Caballeros de la Sierra a los Agentes Forestales

Con la reconquista castellana de poblaciones serranas con términos muy amplios, se vio la necesidad de vigilar, guardar y defender las fuentes de riqueza existentes en esos territorios (montes, dehesas, campos de cultivo etc). De esta manera en el fuero de Molina de Aragón de 1112, se menciona por primera vez la figura de los Caballeros de la Sierra o Caballeros de Sierra, cuya principal misión era la defensa de los bosques, encinares, pinares y sabinares, árboles y arbustos, pastizales, cobros del uso de estos bienes y montazgos. Salvando las diferencias, eran la versión medieval de los agentes forestales.

Posteriormente distintos fueros sistematizan el oficio de forma pormenorizada: el de Cuenca (1190) sirvió como ejemplo paradigmático para amplias zonas territoriales de la Castilla oriental –Moya, Huete, Consuegra, Alarcón, Iniesta, Alcaraz– y de Andalucía: Andújar, Baeza, Úbeda, Iznatoraf y Cazorla.

En Mira, los Caballeros de la Sierra son mencionados por primera en 1512, aun siendo aldea de Requena. Posteriormente son nombrados en la estructura de oficiales del Concejo de Mira en 1566, que estaba formada por dos alcaldes ordinarios, dos regidores, un procurador síndico, 4 diputados, un escribano y de sus propios caballeros de sierra.

El nombramiento de los caballeros era anual, dentro de los oficios menores del concejo. El sistema, sin embargo, defería de unos concejos a otros. Desconocemos como lo haría el concejo de Mira, pero para tener una idea, en Úbeda a principios del siglo XIII se realizaba después de la elección del concejo, entre los vecinos de cada colación, así como de las aldeas, viniendo para ello un caballero y un juez. En Segura de la Sierra se convocaba en el siglo XVI a todas las personas que quisieran ejercer el dicho oficio todos juntos en el día que para ello fuese nombrado y señalado por el cabildo.

Desde la aparición de la Caballería de Sierra, los concejos exigen a los caballeros una serie de requisitos que regula el derecho local (fuero, privilegio de villazgo, ordenanzas). Aunque pudiera haber diferencias de un concejo a otro, fundamentalmente se exigía que el aspirante tuviera caballo, armas y un patrimonio mínimo en bienes raíces, es decir, inmuebles. En Segura de la Sierra, se exigía que el caballo valiese doce mil maravedís sin la silla, las armas deberían ser aquellas para defenderse y coaccionar a los infractores, como puñal, lanza, espada o coraza y por último los bienes raíces debían ascender a 50.000 maravedís.

En diversas ocasiones los caballeros se vieron envueltos en distintas situaciones conflictivas entre concejos. En el siglo XVI los Caballeros de la Sierra de Requena y Mira serían protagonistas en varias ocasiones de las diferencias entre ambas comunidades.

Varias ordenanzas municipales ampliaron progresivamente sus funciones, sobrepasando la mera vigilancia forestal para ocuparse de la guarda de los bienes comunales, siendo más parecido a una policía rural.

A nivel real, serían durante el reinado de Carlos II, en 1677, cuando se dicte por primera vez, una real ordenanza que establece una “vigilancia de las masas arbóreas y los animales salvajes que las habitasen”. Posteriormente, en la época de Fernando VI, se dicta una ordenanza para la creación de los “Guardas de Campo y Monte” para que prendan, denuncien a los taladores, causantes de incendios y introductores de ganados plantíos. Esto crearía la desaparición paulatina de los Caballeros de la Sierra.

Durante el reinado de Isabel II, vigilaban los montes la Guardería Rural, los Guardas Mayores, los Guardas del Monte y del Estado y la Guardia Civil. En 1848 había dos Guardas de Montes asignados en Mira, Juan Zarzuela y Martín Martínez. 

En 1876, durante el reinado de Alfonso XII, desaparecen los colectivos anteriores, y es la Guardia Civil el único cuerpo encargado de vigilar el monte. Al año siguiente, por la Ley de Repoblaciones Forestales, se crea los Capataces de Cultivo en los distritos Forestales, y dos años después se les autoriza a denunciar los daños que se causen a los bosques y se contratan los vigilantes temporales de incendios. Este cuerpo es el que se considera como verdadero antecesor de los actuales Agentes Forestales.

En 1907, se percibe la necesidad de contar con un cuerpo que se ocupe de los montes, y como sus misiones son incompatibles con el carácter de la Guardia Civil, se crea sustituyendo al anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal del Estado.

Guardas Forestales en la Nava de San Pedro (1920). Enrique Mackay.


La figura del Agente de Medio Ambiente sigue modificándose con diferentes títulos y colectivos hasta que en el año 1978, se firma un Real Decreto, por el cual la denominación de Guarda Forestal queda sustituida por la de Agente Forestal.

A partir de 1985, la Guardería Forestal es gestionada por las autonomías, por lo que este cuerpo sufre modificaciones según las necesidades en materia forestal, que presente cada Comunidad Autónoma.


BIBLIOGRAFÍA:
- El Fuero de Laredo en el octavo centenario de su concensión. Juan Baró Pazos
- La Guardería forestal en España: conservación de nuestros bosques. Tarazona Grasa, Carlos
- Concejo, poder y élites: la clase dominante de Cuenca en el siglo XV. José Antonio Jara Fuente.

- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés  
- Los Caballeros de la Sierra y la vigilancia de los montes en la baja edad media castellana. José Ignacio Ortega Cervigón.
- Jurisprudencia administrativa. Competencias de Jurisdicción y denegaciones de autorización para procesar. Tomo VI 1860

La estela discoidal


La mayoría de los expertos consideran a la estela discoidal como un monumento funerario, asociado a ritos ancestrales, pero no consiguen ponerse de acuerdo a la hora de interpretar su forma. Unos consideran que este tipo de estela fue creado como representación del disco solar o lunar, símbolo de una de las creencias más antiguas de la humanidad, como es la influencia del sol, la luna y otras manifestaciones astrales en la vida de la naturaleza y del hombre sobre la tierra, con el fin de que le siga alumbrando y protegiendo en la otra vida. Otros ven la estela como una interpretación antropomorfa, que pudiera representar la imagen del cuerpo enterrado a sus pies.

Las invasiones de los grupos indoeuropeos que poblaron la península del II al I milenio a.C. trajeron consigo una serie de modos de vida, ritos y creencias que, recogidas del Bronce Final, llegarían a la época del hierro. De este nuevo bagaje cultural encontramos colgantes, adornos antropomorfos y discos solares en un área tan amplia como la que comprende desde Rusia, Noruega, Francia, Italia, hasta la península Ibérica.

De estelas prerromanas en España tenemos los ejemplos de las estelas cántabras que habitualmente están fechadas entre los siglos I a.C. y I d.C., si bien hay divergencias y algunas podrían ser incluso de los siglos V o VI a.C. La más famosa es la llamada Estela de Barros la cual puede verse en el Parque de Las Estelas de la localidad de Barros. Tras las estelas discoidales celtas o ibéricas aparecen unas pocas de clara impronta romana. Interesantes son también las cruces laureadas de la época visigótica, hasta la Edad Media. A partir del siglo IX se produce, un renacimiento de la estela discoidal, que alcanzaría su punto álgido alrededor del XII. De este tipo de estelas abundan en la comarca de la Matarraña y en los fosos del País Vasco.

Según los expertos, el declive de su utilización vendría apartir del siglo XIV, cuando se empezó a generalizar los enterramientos en los interiores de las iglesias, lo que llevó a su desuso y desaparición.


En la provincia de Cuenca el conocimiento sobre este tipo de objetos es bastante escaso, de momento y según mi conocimiento, solo se conocen las estelas de Huete, Arrancacepas, Montalbo, Mira y Alcalá de la Vega. La estela funeraria de Mira es de piedra en forma de raqueta con cruz incisa en el centro, su fecha es desconocida y su estado de conservación es bastante malo.


BIBLIOGRAFÍA:
- Estelas discoidales de la Península Ibérica. Eugeniusz Frankowsky.
- Catálogo municipal de la Diócesis de Cuenca.
- El posible origen de las estelas discoidales. Antxon Aguirre Sorondo

El azafrán


El azafrán es una especia que se obtiene a partir de los estigmas de la flor del Crocus sativus Linnaeus, conocida vulgarmente como Rosa del azafrán.

Aunque los orígenes del azafrán son confusos, parece casi exacto afirmar que procede de las mesetas de Anatolia. Desde allí su cultivo se extendió en todas las direcciones, propiciado en gran parte, gracias a los árabes.

La tradición azafranera en España ahonda sus raíces en la alta edad media, siendo la civilización Hispano-Musulmana la que, en los siglos VIII y IX, recogió de los árabes el conocimiento de la legendaria planta, cuyo cultivo no tardó en extenderse por todos los territorios de Al-Andalus, siendo monopolizada por la alta burguesía andalusí.

En el siglo XV, en los territorios de la Corona de Aragón, el azafrán se convirtió en uno de los artículos comerciales más importantes. En concreto el azafrán catalán de la Horta de Sant Joan fue reconocido por su alta calidad nacional e internacionalmente y uno de los centros de venta más importantes del mediterráneo.

El primer documento escrito que hace referencia al cultivo del azafrán en La Mancha aparece en 1720, aunque parece lógico pensar que su cultivo estuvo presente mucho antes. Ya en el siglo XIX esta región producía el azafrán de mayor calidad de España, que es como decir del mundo. La variedad manchega se caracteriza por unos estigmas de mucho cuerpo, mayores que los estilos. Su poder colorante puede alcanzar 300 grados y su aroma es penetrante.

Recolección
En el mes de octubre comienzan a aparecer las primeras rosas. Su recolección tradicionalmente ha sido realizada a mano y de mañana, con las primeras luces y con gran trabajo y cuidado, ya que al ir abriéndose la flor durante el día hace más difícil su recogida.

Esbrinar
Una vez recogidas las rosas en una cesta de mimbre, se trasladan para proceder a la esbrinación, es decir, a la separación de los estigmas del resto de la flor.

Tueste
Una vez mondada toda la flor, se extiende los estigmas sobre un cenazo o ciezo, de malla o lino y se colocan al amor de un foco de calor débil pero constante y permanente, de forma que irá tomando un color más oscuro, sin que se alteren las propiedades del producto, como el color o el aroma.

El azafrán en Mira
La primera mención al azafrán en Mira lo conocemos gracias al catastro de Ensenada del siglo XVIII, donde se nos informa de su cultivo y precio; la libra de azafrán valía diez reales y estando tostado cincuenta.

En el siglo XIX los testimonios tanto de José Cornide en 1801, como del Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal en 1829, nos confirman de nuevo su cultivo.

En 1911 tenemos los nombres de varios vecinos de Mira relacionados con el Azafrán:

Azafrán (almacenes y despachos):
Antonio Esteban
Julián Esteban
Ramón Valero

Azafrán (Cosecheros):
Atanasio Sierra
Julián Esteban Cañada
Juan Francisco López
Gregorio Sáiz


BIBLIOGRAFÍA:

- Historia del azafrán : la flor del amanecer. Jesús Ávila Granados.
- Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de España.
- Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.

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El poder local de la Inquisición


En la estructura de la Inquisición española existían en cada población de cierta importancia una serie de individuos de rango inferior que la representaban a nivel local. Estos surgieron fruto o consecuencia del afán de controlar la mayor parte del territorio posible con el fin de detectar cualquier caso de falsos conversos. Los inquisidores inicialmente durante sus viajes o visitas fueron dejando pequeñas representaciones del tribunal que serían la base para el establecimiento de una red fija y nominal de funcionarios por todo el territorio nacional. Ellos no solamente ostentaban la delegación del Santo Oficio sino que representaban su brazo ejecutor. Esta presencia inquisitorial local estaba representada principalmente por cuatro tipos de funcionarios: comisarios, notarios, alguaciles y familiares. Cargos que no eran remunerados pero que otorgaban a quienes los ostentaban un prestigio e indiscutible categoría social a nivel local, amén de una serie de privilegios  económicos, sociales y jurisdiccionales que los hacían muy apetecidos y por ello eran casi exclusivos de las clases acomodadas de cada población.

Comisarios
Los comisarios fueron creados hacia 1530 como consecuencia de la progresiva sedentarización de los tribunales con la intención de servir de cobertura de apoyo en los distritos ante la imposibilidad de los inquisidores de realizar las visitas a larga distancia con la frecuencia debida. Fueron nombrados en las poblaciones más importantes del distrito. Sus funciones y modo de actuar, como la del resto de funcionarios de la Inquisición, estaban perfectamente establecidas a través de los libros de "Instrucciones" redactados por los inquisidores generales. En ellas se pormenorizaban los detalles de actuación que debían seguir en cuanto a la correspondencia del tribunal, forma de interrogar a los testigos, de formarlos expedientes con las declaraciones y diligencias, y de nombrar ayudantes. La labor de los comisarios consistía en informar al tribunal sobre la vida y costumbres de quienes residían dentro del ámbito de su territorio jurisdiccional, recibían las denuncias o delaciones de los vecinos a quienes tomaban las declaraciones que estimaban oportunas así como de los testigos, y remitían toda esta documentación a los inquisidores para que éstos juzgaran si había sospecha fundada de herejía o delito contra el Santo Oficio. También recogían las pruebas e investigaban sobre la "limpieza desangre" de aquéllos que aspiraban a obtener algún cargo dentro del organigrama inquisitorial, distribuían las órdenes y publicaban los edictos procedentes del tribunal por su territorio. Estaban autorizados a nombrar un notario y un alguacil para su servicio.

En 1674 encontramos un comisario en Mira. Se trata de D. Salvador Martínez García que tres años más tarde, en el expediente de limpieza del requenense Fr. Andrés García Moreno para Calificador, aparece como Comisario del Santo Oficio en Camporrobles.

Familiares
En cuanto a los familiares fue éste sin duda uno de los cargos más numerosos, controvertidos y polémicos de la amplia nómina de la Inquisición. Ellos eran los representantes laicos del tribunal. Constituían la personalización del Santo Oficio al nivel más llano: la cara de la represión entre los propios vecinos. Eran  quienes podían controlar diariamente sus movimientos, sus palabras y sus actos cotidianos. Los confidentes de comisarios e inquisidores. Su misión consistía en estar prestos en todo momento a cumplir con sus obligaciones al servicio del tribunal, y éstas pasaban por desarrollar funciones tan diversas como proteger y acompañar a los inquisidores o a sus oficiales en sus visitas a los distritos; asistir a los Autos de Fe (en aquellas ciudades donde tenían lugar); perseguir y apresar a los acusados cuando se les ordenaba así como custodiar a los detenidos en los traslados entre poblaciones; proceder a las confiscaciones de bienes y actuar en las almonedas de los mismos; intervenir los libros y escritos declarados prohibidos por el tribunal y disponer su quema pública; delatar o provocar la delación y sobre todo ejercer un control efectivo sobre la población.

Para ser familiar en Castilla se exigía (desde 1627) ser varón, casado (aunque a veces cabía dispensa de soltería) o viudo (si reunía las demás condiciones del casado), seglar, tener veinticinco años cumplidos (aunque también hubo dispensas en la edad), y se insistía en que los aspirantes debían ser virtuosos, pacíficos y con condiciones para el cargo. Al igual que los comísanos los Familiares no cobraban tampoco por su trabajo pero a cambio gozaban de un gran poder social que quedaba de manifiesto en la gran cantidad de privilegios de que gozaban, tanto económicos (exención de cargas fiscales, contribuciones, repartimientos, etc.) como militares (relacionados con la prestación de servicios y de guerra), eclesiásticos (por concesiones pontificias) o  jurisdiccionales (derecho a portar armas, cuando la mayoría de la población lo tenía prohibido).

Según un documento de 1646 encontramos tres familiares del santo oficio en Mira. Se tratan de Juan de la Carcel Yrançu, Miguel García y Juan Támez.


BIBLIOGRAFÍA:

- Apuntes sobre la inquisición en las tierras de Requena y Utiel. (Revista "Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal" nº 22) Autor: José Alabau Montoya.
- Vecindario de las ciudades, villas y lugares de la corona de Castilla de 1646.

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Mira en la cartografía antigua


La cartografía es la ciencia que se encarga del estudio y de la elaboración de los mapas geográficos, territoriales y de diferentes dimensiones lineales y demás. En este artículo veremos una pequeña selección de antiguos mapas cartográficos donde podremos localizar la población de Mira.

En 1467 encontramos el primer mapa cartográfico que hace mención a Mira. Esta importante obra fue realizada por Nicolaus Germanus, cartógrafo alemán que fue uno de los primeros en crear mapas basados en la Geographica de Ptolomeo, con información actualizada de su época [1].

Mapa 1467

Quince años después, en 1482, Mira vuelve a ser mencionada en un mapa. Esta vez en la obra “Hispania novella”, del humanista italiano Francesco Berlinghieri [2].

Mapa 1482

En 1507, volvemos a ver a Mira en el primer mapa en representar el hemisferio occidental separado, con el Pacífico como un océano aparte. El mapa realizado por Martin Waldseemüller, fue el resultado de un ambicioso proyecto para documentar y actualizar los nuevos datos geográficos derivados de las exploraciones portuguesas y españolas de finales del siglo XV y principios del XVI.

Mapa 1507

Pasarían bastante tiempo, hasta 1634, para ver nuevamente a Mira en un mapa. En este caso sería en la obra de Pedro Texeira, cartógrafo portugués al servicio del monarca Felipe IV de España [3].

Mapa 1634

En 1692 el obispado de Cuenca manda realizar un mapa donde se informa de los diferentes partidos de gobierno y de los principales puntos religiosos. Se puede ver también mencionada la ermita de la Cueva Santa de Mira.

Mapa 1692

En 1766 tenemos un mapa donde a Mira se le llama de San Clemente por pertenecer al partido del mismo nombre. Esto se debía a que las divisiones administrativas del Antiguo Régimen tenían como base la organización medieval, en este caso el Marquesado de Villena, origen de la relación de Mira con San Clemente. A Utiel le pasaba lo mismo.

Mapa 1766

Mapa del obispado de Cuenca de 1802, donde podemos ver por primera vez mencionadas las aldeas de la Fuencaliente y la Cañada de Mira.

Mapa 1802

En la parte final de la primera guerra carlista, en 1840, se llevó a cabo en Mira un ataque de las tropas liberales sobre los tradicionalistas. Para ello el coronel Pedro Ortiz de Pinedo realizó un croquis del mismo. En la actualidad representa en el primer plano conocido de la población [4].

Mapa 1840

En junio de 1851, varios municipios de Cuenca (Requena, Utiel….) pasarían a formar parte de la provincia de Valencia. Los siguientes mapas de 1848 y 1860 reflejan perfectamente el antes y el después. Mira pasaría a marcar los límites de la provincia de Cuenca con Valencia.

Mapa de 1848
Mapa de 1860
En el siguiente trabajo de 1858 podemos observar una pequeña parte del sistema de correos de la provincia de Cuenca. En aquel momento las cartas con destino a Mira eran llevadas desde la cartería más próxima que era Henarejos, siendo Landete la estafeta principal de distribución de la zona.

Mapa 1858

Michelin editan en 1926 los primeros mapas de carreteras de España a escala 1: 400 000. Mira sale en el sector número 9, donde se puede apreciar que la carretera general solamente estaba construida desde Mira a Camporrobles, el tramo desde Mira a Víllora todavía no existía [5].

Mapa 1926

BIBLIOGRAFÍA:
[1] Biblioteca Nacional de Polonia.
[2] Institut Cartogràfic de Catalunya.
[3] Pedro Texeira, El Atlas del Rey Planeta, 1634.
[4] Pedro Piñero, Croquis del sitio de la sorpresa en Mira, 1840.
[5] Michelin España núm. 9 Castellón-Teruel-Cuenca.

Herreros y herrerías


Un herrero es una persona que elabora objetos de hierro o acero, utilizando para ello herramientas manuales para martillar, doblar o cualquier acción tendiente a dar determinada forma al metal (modelar) cuando éste se encuentra en estado plástico.

La herrería, el trabajo del hierro, comenzó en oriente medio en el siglo XII a.c. Se dice que los grandes buhoneros, los fenicios, trajeron a la península los primeros objetos de hierro, así como los secretos de su metalurgia.

Los herreros siempre fueron importantes y de gran necesidad para los pueblos, no solo realizaban herramientas, campanas o diferentes utensilios, si no que en muchas ocasiones también realizaban artículos decorativos o artísticos.

Los herreros de Mira
La mención más antigua a esta profesión en Mira la conocemos gracias al catastro de Ensenada, donde se nos informa que en 1753 había dos maestros herreros llamados Miguel de Requena y Gabriel de la Huerta, que ganaban al día cinco reales cada uno.

La siguiente mención es en 1893, donde encontramos dos herreros: uno llamado Esteban Illán Rubio y el otro Elías Galbadón Pérez, domiciliados en la calle del Río 21 y en la calle Calicanto 2 respectivamente.

En los años 30 del siglo XX lo serían Manuel Gabaldón, Valentín Gabaldón y Ángel Illán y en 1953 lo ejercerían Eduardo Gabaldón y Crecencio Martínez.


BIBLIOGRAFÍA:

- Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de España.
- Anuario General de España.
- Wikipedia
- Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.