Mira en época prerromana


Antes de la llegada de los romanos, en la Península Ibérica había dos grandes áreas culturales: la celta ubicada en el tercio norte peninsular y la íbera, ubicada en la mitad sur y en la zona mediterránea.

La cultura ibérica resulta compleja, pero a grandes rasgos fue el resultado de un proceso de formación iniciado en el siglo VI a.C. hasta finales del I a.C. Nunca llegaron a alcanzar una unidad política; sin embargo, tenían varios rasgos comunes que era producto de una misma herencia recibida de sus ancestros, a la que hay que añadir la influencia de los pueblos colonizadores: griegos, fenicios o cartagineses.

Por su parte, la cultura celta en la península ibérica se ha explicado siempre por medio de invasiones. La más antigua habría traído una lengua indoeuropea considerada “precelta, denominada “lusitano”, extendida por las regiones atlánticas de occidente. A partir del Bronce final, hacía 1200 a.C., la cultura de los campos de Urnas, originaria de Europa central y del norte de Italia, penetra en la península. A inicios del I milenio a.C. pequeños grupos de agricultores, quizás gentes de un tronco celto-ligur, se extendieron hasta el valle del Ebro y el sistema ibérico, la futura celtiberia, entrando en contacto con el citado substrato atlántico. Por el lado este, entra en contacto con el mundo ibérico, asimilando elementos mediterráneos, proceso esencial para comprender la personalidad de los celtas en la península ibérica.


Los celtiberos fueron, de los pueblos peninsulares, los mejor conocidos, jugando un papel histórico y cultural determinante en las guerras en la península ibérica durante el siglo II a.C. La primera referencia a la celtiberia se encuadra en el contexto de la II guerra Púnica, al narrar Polibio los prolegómenos del asedio de Sagunto, en la primavera de 219 a.C. Desde entonces, las menciones a la Celtiberia y los Celtiberos son abundantes y variadas.

Los pueblos celtíberos según Estrabón:
De los cuatro pueblos en que están divididos los celtíberos el más poderoso es el de los arévacos, que habitan la región oriental y meridional y son limítrofes de los carpetanos y vecinos de las fuentes del Tajo. La más famosa de sus ciudades es Numancia, cuyo valor se demostró en la guerra de veinte años que sostuvieron los celtíberos contra los romanos; luego de haber destruido varios ejércitos con sus jefes, los numantinos, encerrados tras sus murallas, terminaron por dejarse morir de hambre, a excepción de los pocos que rindieron la plaza. Los lusones, que pueblan la parte oriental, limitan también con el nacimiento del Tajo. De los arévacos son las ciudades de Segeda y Pallantía. Numancia dista unos ochocientos estadios de Cesaraugusta que, como hemos dicho, se alza en la orilla del Ebro. Tanto Segóbrida como Bílbilis son ciudades de los celtíberos... Posidonio dice que Marco Marcelo pudo sacar de la Celtiberia un tributo de seiscientos talentos, de lo que se puede deducir que los celtíberos eran muchos y dueños de abundantes bienes, aunque habitasen en una región tan poco fértil...

—Estrabón, III, 4, 13.

A partir de fuentes tan distintas como las literarias, la epigrafía, la lingüística, y la arqueología, la Celtiberia se configura como una región geográfica individualizada, a partir de las fuentes literarias, la epigrafía, la lingüística y la arqueología, en las altas tierras de la Meseta Oriental y la margen derecha del Valle Medio del Ebro, englobando, en líneas generales, la actual provincia de Soria, buena parte de Guadalajara y Cuenca, el sector oriental de Segovia, el sur de Burgos y La Rioja y el occidente de Zaragoza y Teruel, llegando incluso a alcanzar la zona noroccidental de Valencia.

El territorio de Mira; ¿ibero? o ¿celtíbero?
Los resto arqueológicos hallados en el termino de Mira no son lo suficiente claros para determinar la etnografía de sus pobladores, en tierras vecinas si se han hallado diferentes elementos característicos del ámbito celtibérico, como determinados tipos de armas (sobre todo puñales biglobulares, en algún caso asociados con espadas de La Tène, pero también alguna espada de antenas) o de fíbulas (principalmente los modelos de caballito y de la variante de jinete, así como zoomorfas de jabalí o decoradas con cabezas de lobo) que cabe interpretar como objetos de prestigio de evidente valor étnico, que ponen de manifiesto la vinculación de este territorio durante los siglos III–I a.C. con la cultura celtibérica, sin embargo no están del todo claros los límites etnográficos, se podría decir con todas las cautelas, que una línea imaginaria desde la Cabeza de Moya en Enguídanos, pasando por la Sierra de Mira hasta el valle del Turia, entre Tuejar y Benagéber, marcaría una área de transición fronteriza todavía confusa entre Iberos y Celtíberos. En el caso de la Sierra de Mira no debería sorprender, pues su naturaleza como elemento fronterizo se repetirá en varias ocasiones en su historia. Frente a este ámbito, las tierras llanas de la comarca Utiel-Requena destacarían por una clara vinculación con el mundo ibérico levantino.

 Puñal biglobular celtibérico de El Molón (Camporrobles)

Patrimonio arqueológico
El municipio de Mira cuenta con varios yacimientos prerromanos, siendo los más importantes: El Molon II, pequeño asentamiento fortificado situado en las estribaciones de la Sierra de Mira, claramente vinculado con su homónimo de Camporrobles. Los Castellares, yacimiento fortificado situado en un cerro superior, muy próximo al río Mira y la Hoya Hermoso, y por último la Cueva Santa, lugar que pasaría de santuario prerromano a convertirse en un santuario mariano a partir de la reconquista.

 1-El Molón de Mira. 2-Vaso caliciforme de la Cueva Santa. 3- Urnas de La Cañada de Mira.

De los diferentes elementos encontrados, su mayoría son de material cerámico, destacando una serie de vasos caliciformes encontrados en la Cueva Santa y varias urnas cinerarias con ajuar, encontradas en La Cañada de Mira.

BIBLIOGRAFÍA:
-.http://hesperia.ucm.es/
- Los celtíberos. Alberto J. Lorrio
- Los guerreros del sol. Martín Almagro-Gorbea
- El hidrónimo prerromano Mira. Rosa Pedrero
- Wikipedia

El Cañaveral



El Cañaveral fue un antiguo núcleo poblacional de Mira. El lugar posiblemente se empezó a habitar en tiempos de barbecheras, sementeras o recolección de frutos. La primera referencia que se conoce es del siglo XVIII, cuando en el catastro de Ensenada se menciona que en el partido del Cañaveral habitaba una persona llamada María Malavia. Posteriormente, a principios del siglo XIX, Francisco Portillo compró varios terrenos en el lugar y los puso en cultivo entre varios colonos, lo que conllevaría a la creación de un núcleo poblacional estable.

Entre finales del siglo XIX o principios del XX, se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionó con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, serían trasladados al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente, donde había una mejor comunicación de acceso y existía fluido eléctrico.

 Vista aérea de El cañaveral en 1956

 El Cañaveral en la actualidad

Un hecho dramático se desarrollaría en los años 60 del siglo pasado, cuando la aldea fue expropiada por el estado para la construcción del embalse de Contreras. La construcción del pantano llevó varios años, y cuando se terminó en 1974, la aldea quedó totalmente sumergida bajo las aguas del río Cabriel. En la actualidad según el nivel del embalse, es posible de ver las ruinas de varias casas.


BIBLIOGRAFÍA:
- Catastro de Ensenada 1753.
- Diversos artículos de Eduardo Monleon.
- Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal 1829.

El molino de la Piedad


En 1817, Juan Claramunt, vecino de Mira, pide licencia para construir un molino harinero de dos piedras a 800 pasos de la población, en un lugar de su propiedad conocido como las eras del pontón. En la misma petición se menciona la existencia de un molino del concejo a más de dos mil pasos río arriba y que sin duda se refiere al molino de la Piedad, el mismo que se menciona en el catastro de Ensenada en 1753.

En la parte final de la primera guerra carlista, se llevó a cabo en Mira un ataque de las tropas liberales sobre los tradicionalistas. El coronel Pedro Ortiz de Pinedo fue el encargado de dibujar un croquis del pueblo, donde se ven los dos molinos que habían en el municipio en ese momento: el molino de la Piedad y el molino del Sargal.

Croquis de Pedro Ortiz de Pinedo, 1840

A mediados del siglo XIX se lleva acabo la desamortización de Madoz donde se declararon en venta varias propiedades del Estado, del clero, de las Órdenes Militar, cofradías, de los propios y los comunes de los pueblos. En la población de Mira se declararon en venta cinco propiedades comunes y dos propiedades del clero. Entre las propiedades comunes se encontraban los molinos de la Piedad y del Sargal, y un batán que estaba contiguo al primer molino. Sería un vecino del pueblo, Pedro José Pardo,  quien compró los dos molinos con una inversión de 124.960 reales de vellón.

El año 1900 se reconoce propietaria a Carmen Maudes. Estaba de molinero Félix Terrádez. Después lo cogió José Valero Martínez.

En 1957 se hacen cargo del molino dos hijos del tío Félix, José y Antonio Terrádez. En 1960 lo ceden a su hermana Carmen y a su marido, que siguen de molineros hasta 1965, cuando lo convierten en una fábrica de papel, pero el mal acceso para los grandes camiones hizo que lo tuvieran que cerrar al cabo de unos años, poniendo fin a la historia de este antiguo molino.

BIBLIOGRAFÍA:
- Croquis del Sitio de la Sorpresa de Mira don Pedro Ortiz de Pinedo
- Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca. Antonio García Cuevas
- Archivo Histórico Nacional.
- La Desamortización de Madoz en la provincia de Cuenca (1855-1886). Felix González Marzo.

Baños y aguas termales

Se llaman aguas termales a las aguas minerales que salen del suelo con más de 5°C que la temperatura superficial. Estas se encuentran donde hay bolsas de magma próximas a la superficie que calientan las rocas que las cubren. El agua subterránea se caldea al circular por las fisuras de la roca, y surge a temperaturas superiores a la de la atmósfera en forma de fuentes termales. Además de estar caliente, el agua suele ir cargado de minerales.

Formación de las aguas termales.

Documentado desde el siglo XVIII, en Mira hubo un manantial de aguas termales situado en la antigua aldea de la Fuencaliente, exactamente en una oquedad de un risco calizo, de donde manaba un generoso caudal con una temperatura estable entre 15 a 20 grados rico en sustancias sulfúreas. El agua iba a parar a un estanque que se conocida como la balsa.

En las relaciones de Tomás López de 1787, se detalla que era una fuente con un agua mineral y medicinal a donde concurrían muchos enfermos a bañarse con problemas de obstrucciones, reumas, humos salados y privación o entorpecimiento de algunos miembros. 

En el siglo XIX, en toda Europa los baños pasan a convertirse en una práctica popular como sistema de relajación, de tratamiento o terapia. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen en la ribera mireña del Cabriel varios establecimientos aprovechando las condiciones naturales y privilegiadas de la zona.


En La Fuencaliente se abrieron los Baños de Cecilio Guaita, ubicados en un edificio de cierta prestancia cerca de la Balsa. El establecimiento disponía de bastantes habitaciones en las que se alojaban los huéspedes principalmente en verano, cuando venían a tomar las aguas y a meterse en bañeras de aguas calientes y saludables para desentumecerse y controlar el reuma.


 Fotografías aéreas de El Cañaveral y La Fuencaliente en 1956.

En el lugar de El Cañaveral, también se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionaba con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, Fidel García-Berlanga, ofreció a la familia Cervera la posibilidad de trasladar los Baños desde El Cañaveral al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente. El traslado tenía sentido, El Cañaveral estaba bastante aislado y con comunicaciones complicadas, aparte que no disponía de fluido eléctrico. De esta manera al poco tiempo los nuevos baños empezaron a funcionar en La Fuencaliente. En una zona del interior de la casa y separada del resto, se instaló el gran cajón de madera en el que se administraba al cliente el vapor. El cajón tenía en su interior un asiento donde el bañista, después de entrar, se sentaba y, para que el usuario pudiera sacar la cabeza holgadamente, disponía de una abertura en el centro que, finalmente, se obstruía con toallas y paños para retener el vapor. Una caldera a cierta distancia hervía hierbas y plantas medicinales como espliego, romero, tomillo etc. y a través de un conducto entraba en el cajón. El bañista recibía el flujo del vapor y, tras una sesión, subía a su habitación para descansar. Los clientes procedían de diferentes lugares, de pueblos vecinos y también de pueblos más alejados, como Iniesta, Villalpardo, Motilla, Requena y incluso de Valencia.

 Ejemplo de cabinas de vapor de baños ingleses.

En la década de 1970, cuando se acabó la construcción del embalse de Contreras, todo quedó sumergido bajo las aguas del río Cabriel.


BIBLIOGRAFÍA:
- Historia universal de las fuentes minerales de España. Pedro Gómez de Bedoya. 1765
- Diversos artículos de Eduardo Monleon
- Wikipedia.

El reloj de sol


Los griegos tomaron de los babilonios, y estos de los egipcios, muchos conocimientos astronómicos, entre los que se encontraba la técnica de medir el tiempo por medio de los relojes de sol, así como la costumbre de emplear como patrón de medida el resultado de dividir el tiempo comprendido entre el orto y el ocaso en doce partes iguales.

Los romanos asimilaron los conocimientos de los griegos, continuaron con el mismo sistema de medida del tiempo y llamaron a las horas con numerales correlativos, correspondiendo la hora sexta al mediodía (siesta).

En la época de esplendor del imperio romano los relojes de sol se encontraban en todas las ciudades y villas importantes, como el que había en la antigua ciudad de Segóbriga. Este reloj solar, que es el más antiguo de la provincia de Cuenca, fue hallado durante la campaña arqueológica de 1972, al excavar las ruinas de un pequeño templo. Realizado en piedra caliza, tiene tallado en su parte superior el cuadrante hemisférico con 11 líneas incisas que dividen la cavidad en doce partes que representan los círculos horarios.

 Reloj de sol de Segóbriga. Museo de Cuenca

En el siglo IX entra en escena la astronomía árabe. Los sabios musulmanes enriquecieron el legado recibido de los clásicos griegos.

En el siglo XIII,  Alfonso X "el Sabio" al reunir en la ciudad de Toledo un numeroso grupo de astrónomos cristianos, griegos, hebreos y árabes, para traducir al latín gran parte de las obras escritas en árabe, permite a la gnomónica europea salir del oscurantismo medieval en que se hallaba inmersa.

Con el tiempo, prácticamente cada población tendría su reloj de sol, especialmente ubicados en las iglesias o en edificios civiles. En la provincia de Cuenca, el reloj solar activo y fechado más antiguo, lo encontramos en la casa consistorial de la población de San Clemente, de 1566.

 Relog de sol de San Clemente

El reloj solar de Mira
Este se encuentra coronando la antigua puerta de poniente de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Se desconoce su fecha de construcción, aunque si tenemos en cuenta que la nueva puerta de la iglesia, al mediodía, se construyó en 1792 y la iglesia tiene su origen según Gómez Serrano en el siglo XVI, el reloj pudo ser colocado entre los siglos XVI y XVIII.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Mira

El reloj es del tipo vertical, declinante a poniente. Le falta el gnomon, que posiblemente fuera de tipo polar con varilla de hierro forjado con un apoyo. Dada su orientación, su máxima capacidad horaria sería de entre las 10 de la mañana a las 20 de la tarde. El dial es un semicirculo de aprox. 1 m de diámetro enmarcado con una banda y rematado con forma de vieira, dando a pensar de que pudiera tener relación con el Camino de Santiago a su paso por Mira, sin embargo y sin descartar esta hipótesis, según la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol, hay que tener en cuenta que los modelos en semicírculo pueden dar pié a este tipo de diseños sin más pretensiones. Su estado de conservación es bastante malo.



BIBLIOGRAFÍA:
- Asociación Amigos de los Relojes de Sol.
- Fotografía del reloj de sol de Mora por Florentino Nevado y Vicente Hernández.
- Simulación y calculos del reloj de Mira por Luís Vadillo.
- El reloj romano de Segóbriga. M.M.Valdés
- Wikipedia, Reloj de sol.

El arte de blanquear la ropa


“Hacer la colada” es una frase que todavía hoy conservamos en el habla común para referirnos a lavar la ropa, aunque en realidad define una acción más concreta y es la de blanquearla e higienizarla.

Las culturas del mundo antiguo, como la fenicia o la griega, utilizaron distintos procedimientos para blanquear la ropa. La mayoría de aquellos métodos eran procedimientos naturales que empleaban agentes blanqueadores como la ceniza, la orina podrida o las tierras arcillosas, dada la alcalinidad de tales substancias. En la antigua Roma, era común unos cubos para la recogida de orina en las calles. Los transeúntes podría hacer sus necesidades en ellos y cuando los tanques estaban llenos se llevaban a una lavandería. Ahí se diluía en agua y se vertía sobre la ropa sucia, después un trabajador pisaba fuertemente la ropa para agitarla.

En la Europa de la edad media, fue Holanda quien mejor desarrolló las técnicas del blanqueo, siendo la ciudad de Haarlem su epicentro, donde comerciantes procedentes de diversas partes de Europa enviaban sus tejidos para su blanqueo. Los holandeses consiguieron mantener el monopolio industrial hasta el siglo XVIII.

Los blanqueadores modernos nacen de la labor de los científicos del siglo XVIII, como el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, quien descubrió el cloro y del francés Claude Berthollet, quien reconoció que el cloro podría ser utilizado para blanquear telas y el primero en hacer hipoclorito de sodio. Unas décadas después, en 1820 el farmacéutico Labarraque cambió el potasio por el sodio. Así nació la lejía moderna, cuya formula se ha mantenido hasta nuestros días.

La colada en Mira
Antiguamente en Mira como en la mayoría de lugares de España, se realizaba la colada con una lejía obtenida de cenizas vegetales, siendo las mejores las que provenían de la leña de la carrasca. Tal era la cotización de esta ceniza, para este y otros menesteres, que en las ordenanzas de Mira de 1737 se dictó que ninguna persona fuera osada de echar fuego a las carrascas por aquella desordenada codicia de llevar a vender las cenizas, con pena de cuarenta reales por cada pie que se encontrara quemado.

Antes de realizar la colada, se iba al río, a las acequias o a los lavaderos del pueblo (la Fuente Vieja o Valdefuentes) para limpiar la ropa con jabón. Casi todo era ropa blanca, sobre todo sábanas. Posteriormente se llevaba a casa y se ponía la ropa dentro de un cuenco que generalmente era de cerámica y que por estas tierras se conocía como cociol (En otras partes se le podía conocer como coladero, cuezo, barreñón para colar, coció,  tina,  codo,  cossi,  coladoriu, colaeru, coladem, boguen, bugadeiro). Encima del cociol, tapando la boca, se ponía un cenicero, que era una ropa gruesa sobre la que se depositaba la ceniza. Se calentaba agua en un caldero y luego se vaciaba sobre la ceniza formando una pasta líquida. Poco a poco el agua iba colando por el cenicero arrastrando la materia activa de la ceniza, produciendo la lejía. Se dejaba colar como mínimo 6 horas pero para ir bien era aconsejable tenerlo todo el día. Había quien ponían un poco de laurel en las cenizas para perfumar la ropa. Después de la colada, al día siguiente, se sacaba la ropa del cuenco y se volvía a llevar al lavadero y se le daba una o dos jabonadas más. El proceso terminaba poniendo la ropa al sol. El resultado era una ropa blanca e higienizada, aunque había un dicho en el pueblo que decía "El que mierda mete en el cociol, mierda tiende al sol" que quería decir que si no se había lavado bien en un inicio, difícilmente se podía blanquear y cuando se tendiera estaría sucia. El líquido sobrante de la colada, se reutilizaba para limpiar e higienizar suelos o utensilios.

 Lavadero de la Fuente Vieja. Mira 1965


Ejemplo de Cociol. Museo Etnográfico de Terque

La desaparición paulatina de la colada tradicional se iniciaría en 1889, cuando Salvador Casamitjana empezó a comercializar por la primera vez en España la lejía que hoy conocemos, aun así el antiguo proceso de la colada se mantendría en mucho lugares rurales de España hasta aproximadamente los años 50.


BIBLIOGRAFÍA:
- El gran libro de la historia de las cosas. Pancracio Celdran Gomáriz.
- Sign. 1387/21 y 1387/22. Libro de Mira. Archivo Municipal de Requena.
- Mira. Un siglo de Historia 1875 - 1975
- http://www.villadesesa.com
- http://hassam.hubpages.com 

De los Caballeros de la Sierra a los Agentes Forestales

Con la reconquista castellana de poblaciones serranas con términos muy amplios, se vio la necesidad de vigilar, guardar y defender las fuentes de riqueza existentes en esos territorios (montes, dehesas, campos de cultivo etc). De esta manera en el fuero de Molina de Aragón de 1112 se menciona por primera vez la figura de los Caballeros de la Sierra o Caballeros de Sierra, cuya principal misión era la defensa de los bosques, encinares, pinares y sabinares, árboles y arbustos, pastizales, cobros del uso de estos bienes y montazgos. Salvando las diferencias, eran la versión medieval de los agentes forestales.

Posteriormente distintos fueros sistematizan el oficio de forma pormenorizada: el de Cuenca (1190) sirvió como ejemplo paradigmático para amplias zonas territoriales de la Castilla oriental –Moya, Huete, Consuegra, Alarcón, Iniesta, Alcaraz– y de Andalucía: Andújar, Baeza, Úbeda, Iznatoraf y Cazorla.

En Mira, los Caballeros de la Sierra son mencionados por primera en 1512, aun siendo aldea de Requena. La estructura de oficiales del Concejo de Mira en 1566, estaba formada por dos alcaldes ordinarios, dos regidores, un procurador síndico, 4 diputados, un escribano y de sus propios Caballeros de Sierra.

El nombramiento de los Caballeros era anual, dentro de los oficios menores del concejo. El sistema, sin embargo, defería de unos concejos a otros. Desconocemos como lo haría el concejo de Mira, pero para tener una idea, en Úbeda a principios del siglo XIII se realizaba después de la elección del concejo, entre los vecinos de cada colación, así como de las aldeas, viniendo para ello un caballero y un juez. En Segura de la Sierra se convocaba en el siglo XVI a todas las personas que quisieran ejercer el dicho oficio todos juntos en el día que para ello fuese nombrado y señalado por el cabildo.

Desde la aparición de la Caballería de Sierra, los concejos exigen a los caballeros una serie de requisitos que regula el derecho local (fuero, privilegio de villazgo, ordenanzas). Aunque pudiera haber diferencias de un concejo a otro, fundamentalmente se exigía que el aspirante tuviera caballo, armas y un patrimonio mínimo en bienes raíces, es decir, inmuebles. En Segura de la Sierra, se exigía que el caballo valiese doce mil maravedís sin la silla, las armas deberían ser aquellas para defenderse y coaccionar a los infractores, como puñal, lanza, espada o coraza y por último los bienes raíces debían ascender a 50.000 maravedís.

En diversas ocasiones los Caballeros se vieron envueltos en distintas situaciones conflictivas entre concejos. En el siglo XVI los caballeros de la Sierra de Requena y Mira serían protagonistas en varias ocasiones de las diferencias entre ambas comunidades.

Varias ordenanzas municipales ampliaron progresivamente sus funciones, sobrepasando la mera vigilancia forestal para ocuparse de la guarda de los bienes comunales, siendo más parecido a una policía rural.

A nivel real, serían durante el reinado de Carlos II, en 1677, cuando se dicte por primera vez, una real ordenanza que establece una “vigilancia de las masas arbóreas y los animales salvajes que las habitasen”. Posteriormente, en la época de Fernando VI, se dicta una ordenanza para la creación de los “Guardas de Campo y Monte” para que prendan, denuncien a los taladores, causantes de incendios y introductores de ganados plantíos. Esto crearía la desaparición paulatina de los Caballeros de la Sierra.

Durante el reinado de Isabel II, vigilaban los montes la Guardería Rural, los Guardas Mayores, los Guardas del Monte y del Estado y la Guardia Civil. En 1876, durante el reinado de Alfonso XII, desaparecen los colectivos anteriores, y es la Guardia Civil el único cuerpo encargado de vigilar el monte. Al año siguiente, por la Ley de Repoblaciones Forestales, se crea los Capataces de Cultivo en los distritos Forestales, y dos años después se les autoriza a denunciar los daños que se causen a los bosques y se contratan los vigilantes temporales de incendios. Este cuerpo es el que se considera como verdadero antecesor de los actuales Agentes Forestales.

En 1907, se percibe la necesidad de contar con un cuerpo que se ocupe de los montes, y como sus misiones son incompatibles con el carácter de la Guardia Civil, se crea sustituyendo al anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal del Estado.

Guardas Forestales en la Nava de San Pedro (1920). Enrique Mackay.

La figura del Agente de Medio Ambiente sigue modificándose con diferentes títulos y colectivos hasta que en el año 1978, se firma un Real Decreto, por el cual la denominación de Guarda Forestal queda sustituida por la de Agente Forestal.

A partir de 1985, la Guardería Forestal es gestionada por las autonomías, por lo que este cuerpo sufre modificaciones según las necesidades en materia forestal, que presente cada Comunidad Autónoma.


BIBLIOGRAFÍA:
- El Fuero de Laredo en el octavo centenario de su concensión. Juan Baró Pazos
- La Guardería forestal en España: conservación de nuestros bosques. Tarazona Grasa, Carlos
- Concejo, poder y élites: la clase dominante de Cuenca en el siglo XV. José Antonio Jara Fuente.

- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés  
- Los Caballeros de la Sierra y la vigilancia de los montes en la baja edad media castellana. José Ignacio Ortega Cervigón