El molino de la Piedad

 

En 1817, Juan Claramunt, vecino de Mira, pide licencia para construir un molino harinero de dos piedras a 800 pasos de la población, en un lugar de su propiedad conocido como las eras del pontón. En la misma petición se menciona la existencia de un molino del concejo a más de dos mil pasos río arriba y que sin duda se refiere al molino de la Piedad, el mismo que se menciona en el catastro de Ensenada en 1753.

En la parte final de la primera guerra carlista se llevó a cabo en Mira un ataque de las tropas liberales sobre los tradicionalistas. Sobre este hecho el coronel Pedro Ortiz de Pinedo dibujó un croquis donde se ven los dos molinos que habían en el pueblo: el molino de la Piedad y el molino del Sargal.

Croquis de Pedro Ortiz de Pinedo, 1840

A mediados del siglo XIX se lleva acabo la desamortización de Madoz donde se declararon en venta varias propiedades del Estado, del clero, de las Órdenes Militar, cofradías, de los propios y los comunes de los pueblos. En la población de Mira se declararon en venta cinco propiedades comunes y dos propiedades del clero. Entre las propiedades comunes se encontraban los molinos de la Piedad y del Sargal, y un batán que estaba contiguo al primer molino. Sería un vecino del pueblo, Pedro José Pardo,  quien compró los dos molinos con una inversión de 124.960 reales de vellón.

El año 1900 se reconoce propietaria a Carmen Maudes. Estaba de molinero Félix Terrádez. Después lo cogió José Valero Martínez.

En 1957 se hacen cargo del molino dos hijos del tío Félix, José y Antonio Terrádez. En 1960 lo ceden a su hermana Carmen y a su marido, que siguen de molineros hasta 1965, cuando lo convierten en una fábrica de papel, pero el mal acceso para los grandes camiones hizo que lo tuvieran que cerrar al cabo de unos años, poniendo fin a la historia de este antiguo molino.

BIBLIOGRAFÍA:
- Croquis del Sitio de la Sorpresa de Mira don Pedro Ortiz de Pinedo
- Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca. Antonio García Cuevas
- Archivo Histórico Nacional.
- La Desamortización de Madoz en la provincia de Cuenca (1855-1886). Felix González Marzo.

Baños y aguas termales

Se llaman aguas termales a las aguas minerales que salen del suelo con más de 5°C que la temperatura superficial. Estas se encuentran donde hay bolsas de magma próximas a la superficie que calientan las rocas que las cubren. El agua subterránea se caldea al circular por las fisuras de la roca, y surge a temperaturas superiores a la de la atmósfera en forma de fuentes termales. Además de estar caliente, el agua suele ir cargado de minerales.

Formación de las aguas termales.

Documentado desde el siglo XVIII, en Mira hubo un manantial de aguas termales situado en la antigua aldea de la Fuencaliente, exactamente en una oquedad de un risco calizo, de donde manaba un generoso caudal con una temperatura estable entre 15 a 20 grados rico en sustancias sulfúreas. El agua iba a parar a un estanque que se conocida como la balsa.

En el siglo XIX, en toda Europa los baños pasan a convertirse en una práctica popular como sistema de relajación, de tratamiento o terapia. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen en la ribera mireña del Cabriel varios establecimientos aprovechando las condiciones naturales y privilegiadas de la zona.


En La Fuencaliente se abrieron los Baños de Cecilio Guaita, ubicados en un edificio de cierta prestancia cerca de la Balsa. El establecimiento disponía de bastantes habitaciones en las que se alojaban los huéspedes principalmente en verano, cuando venían a tomar las aguas y a meterse en bañeras de aguas calientes y saludables para desentumecerse y controlar el reuma.


 Fotografías aéreas de El Cañaveral y La Fuencaliente en 1956.

En el lugar de El Cañaveral, también se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionaba con las aguas de la fuente de El Chorro, manantial que todavía existe. Después de la guerra civil, Fidel García-Berlanga, ofreció a la familia Cervera la posibilidad de trasladar los Baños desde El Cañaveral al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente. El traslado tenía sentido, El Cañaveral estaba bastante aislado y con comunicaciones complicadas, aparte que no disponía de fluido eléctrico. De esta manera al poco tiempo los nuevos baños empezaron a funcionar en La Fuencaliente. En una zona del interior de la casa y separada del resto, se instaló el gran cajón de madera en el que se administraba al cliente el vapor. El cajón tenía en su interior un asiento donde el bañista, después de entrar, se sentaba y, para que el usuario pudiera sacar la cabeza holgadamente, disponía de una abertura en el centro que, finalmente, se obstruía con toallas y paños para retener el vapor. Una caldera a cierta distancia hervía hierbas y plantas medicinales como espliego, romero, tomillo etc. y a través de un conducto entraba en el cajón. El bañista recibía el flujo del vapor y, tras una sesión, subía a su habitación para descansar. Los clientes procedían de diferentes lugares, de pueblos vecinos y también de pueblos más alejados, como Iniesta, Villalpardo, Motilla, Requena y incluso de Valencia.

 Ejemplo de cabinas de vapor de baños ingleses.

En la década de 1970, cuando se acabó la construcción del embalse de Contreras, todo quedó sumergido bajo las aguas del río Cabriel.


BIBLIOGRAFÍA:
- Historia universal de las fuentes minerales de España. Pedro Gómez de Bedoya. 1765
- Diversos artículos de Eduardo Monleon
- Wikipedia.

El reloj de sol


Los griegos tomaron de los babilonios, y estos de los egipcios, muchos conocimientos astronómicos, entre los que se encontraba la técnica de medir el tiempo por medio de los relojes de sol, así como la costumbre de emplear como patrón de medida el resultado de dividir el tiempo comprendido entre el orto y el ocaso en doce partes iguales.

Los romanos asimilaron los conocimientos de los griegos, continuaron con el mismo sistema de medida del tiempo y llamaron a las horas con numerales correlativos, correspondiendo la hora sexta al mediodía (siesta).

En la época de esplendor del imperio romano los relojes de sol se encontraban en todas las ciudades y villas importantes, como el que había en la antigua ciudad de Segóbriga. Este reloj solar, que es el más antiguo de la provincia de Cuenca, fue hallado durante la campaña arqueológica de 1972, al excavar las ruinas de un pequeño templo. Realizado en piedra caliza, tiene tallado en su parte superior el cuadrante hemisférico con 11 líneas incisas que dividen la cavidad en doce partes que representan los círculos horarios.

 Reloj de sol de Segóbriga. Museo de Cuenca

En el siglo IX entra en escena la astronomía árabe. Los sabios musulmanes enriquecieron el legado recibido de los clásicos griegos.

En el siglo XIII,  Alfonso X "el Sabio" al reunir en la ciudad de Toledo un numeroso grupo de astrónomos cristianos, griegos, hebreos y árabes, para traducir al latín gran parte de las obras escritas en árabe, permite a la gnomónica europea salir del oscurantismo medieval en que se hallaba inmersa.

Con el tiempo, prácticamente cada población tendría su reloj de sol, especialmente ubicados en las iglesias o en edificios civiles. En la provincia de Cuenca, el reloj solar activo y fechado más antiguo, lo encontramos en la casa consistorial de la población de San Clemente, de 1566.

 Relog de sol de San Clemente

El reloj solar de Mira
Este se encuentra coronando la antigua puerta de poniente de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Se desconoce su fecha de construcción, aunque si tenemos en cuenta que la nueva puerta de la iglesia, al mediodía, se construyó en 1792 y la iglesia tiene su origen según Gómez Serrano en el siglo XVI, el reloj pudo ser colocado entre los siglos XVI y XVIII.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Mira

El reloj es del tipo vertical, declinante a poniente. Le falta el gnomon, que posiblemente fuera de tipo polar con varilla de hierro forjado con un apoyo. Dada su orientación, su máxima capacidad horaria sería de entre las 10 de la mañana a las 20 de la tarde. El dial es un semicirculo de aprox. 1 m de diámetro enmarcado con una banda y rematado con forma de vieira, dando a pensar de que pudiera tener relación con el Camino de Santiago a su paso por Mira, sin embargo y sin descartar esta hipótesis, según la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol, hay que tener en cuenta que los modelos en semicírculo pueden dar pié a este tipo de diseños sin más pretensiones. Su estado de conservación es bastante malo.



BIBLIOGRAFÍA:
- Asociación Amigos de los Relojes de Sol.
- Fotografía del reloj de sol de Mora por Florentino Nevado y Vicente Hernández.
- Simulación y calculos del reloj de Mira por Luís Vadillo.
- El reloj romano de Segóbriga. M.M.Valdés
- Wikipedia, Reloj de sol.

El arte de blanquear la ropa


“Hacer la colada” es una frase que todavía hoy conservamos en el habla común para referirnos a lavar la ropa, aunque en realidad define una acción más concreta y es la de blanquearla e higienizarla.

Las culturas del mundo antiguo, como la fenicia o la griega, utilizaron distintos procedimientos para blanquear la ropa. La mayoría de aquellos métodos eran procedimientos naturales que empleaban agentes blanqueadores como la ceniza, la orina podrida o las tierras arcillosas, dada la alcalinidad de tales substancias. En la antigua Roma, era común unos cubos para la recogida de orina en las calles. Los transeúntes podría hacer sus necesidades en ellos y cuando los tanques estaban llenos se llevaban a una lavandería. Ahí se diluía en agua y se vertía sobre la ropa sucia, después un trabajador pisaba fuertemente la ropa para agitarla.

En la Europa de la edad media, fue Holanda quien mejor desarrolló las técnicas del blanqueo, siendo la ciudad de Haarlem su epicentro, donde comerciantes procedentes de diversas partes de Europa enviaban sus tejidos para su blanqueo. Los holandeses consiguieron mantener el monopolio industrial hasta el siglo XVIII.

Los blanqueadores modernos nacen de la labor de los científicos del siglo XVIII, como el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, quien descubrió el cloro y del francés Claude Berthollet, quien reconoció que el cloro podría ser utilizado para blanquear telas y el primero en hacer hipoclorito de sodio. Unas décadas después, en 1820 el farmacéutico Labarraque cambió el potasio por el sodio. Así nació la lejía moderna, cuya formula se ha mantenido hasta nuestros días.

La colada en Mira
Antiguamente en Mira como en la mayoría de lugares de España, se realizaba la colada con una lejía obtenida de cenizas vegetales, siendo las mejores las que provenían de la leña de la carrasca. Tal era la cotización de esta ceniza, para este y otros menesteres, que en las ordenanzas de Mira de 1737 se dictó que ninguna persona fuera osada de echar fuego a las carrascas por aquella desordenada codicia de llevar a vender las cenizas, con pena de cuarenta reales por cada pie que se encontrara quemado.

Antes de realizar la colada, se iba al río, a las acequias o a los lavaderos del pueblo (la Fuente Vieja o Valdefuentes) para limpiar la ropa con jabón. Casi todo era ropa blanca, sobre todo sábanas. Posteriormente se llevaba a casa y se ponía la ropa dentro de un cuenco que generalmente era de cerámica y que por estas tierras se conocía como cociol (En otras partes se le podía conocer como coladero, cuezo, barreñón para colar, coció,  tina,  codo,  cossi,  coladoriu, colaeru, coladem, boguen, bugadeiro). Encima del cociol, tapando la boca, se ponía un cenicero, que era una ropa gruesa sobre la que se depositaba la ceniza. Se calentaba agua en un caldero y luego se vaciaba sobre la ceniza formando una pasta líquida. Poco a poco el agua iba colando por el cenicero arrastrando la materia activa de la ceniza, produciendo la lejía. Se dejaba colar como mínimo 6 horas pero para ir bien era aconsejable tenerlo todo el día. Había quien ponían un poco de laurel en las cenizas para perfumar la ropa. Después de la colada, al día siguiente, se sacaba la ropa del cuenco y se volvía a llevar al lavadero y se le daba una o dos jabonadas más. El proceso terminaba poniendo la ropa al sol. El resultado era una ropa blanca e higienizada, aunque había un dicho en el pueblo que decía "El que mierda mete en el cociol, mierda tiende al sol" que quería decir que si no se había lavado bien en un inicio, difícilmente se podía blanquear y cuando se tendiera estaría sucia. El líquido sobrante de la colada, se reutilizaba para limpiar e higienizar suelos o utensilios.

 Lavadero de la Fuente Vieja. Mira 1965


Ejemplo de Cociol. Museo Etnográfico de Terque

La desaparición paulatina de la colada tradicional se iniciaría en 1889, cuando Salvador Casamitjana empezó a comercializar por la primera vez en España la lejía que hoy conocemos, aun así el antiguo proceso de la colada se mantendría en mucho lugares rurales de España hasta aproximadamente los años 50.


BIBLIOGRAFÍA:
- El gran libro de la historia de las cosas. Pancracio Celdran Gomáriz.
- Sign. 1387/21 y 1387/22. Libro de Mira. Archivo Municipal de Requena.
- Mira. Un siglo de Historia 1875 - 1975
- http://www.villadesesa.com
- http://hassam.hubpages.com 

De los Caballeros de la Sierra a los Agentes Forestales

Con la reconquista castellana de poblaciones serranas con términos muy amplios, se vio la necesidad de vigilar, guardar y defender las fuentes de riqueza existentes en esos territorios (montes, dehesas, campos de cultivo etc). De esta manera en el fuero de Molina de Aragón de 1112 se menciona por primera vez la figura de los Caballeros de la Sierra o Caballeros de Sierra, cuya principal misión era la defensa de los bosques, encinares, pinares y sabinares, árboles y arbustos, pastizales, cobros del uso de estos bienes y montazgos. Salvando las diferencias, eran la versión medieval de los agentes forestales.

Posteriormente distintos fueros sistematizan el oficio de forma pormenorizada: el de Cuenca (1190) sirvió como ejemplo paradigmático para amplias zonas territoriales de la Castilla oriental –Moya, Huete, Consuegra, Alarcón, Iniesta, Alcaraz– y de Andalucía: Andújar, Baeza, Úbeda, Iznatoraf y Cazorla.

En Mira, los Caballeros de la Sierra son mencionados por primera en 1512, aun siendo aldea de Requena. La estructura de oficiales del Concejo de Mira en 1566, estaba formada por dos alcaldes ordinarios, dos regidores, un procurador síndico, 4 diputados, un escribano y de sus propios Caballeros de Sierra.

El nombramiento de los Caballeros era anual, dentro de los oficios menores del concejo. El sistema, sin embargo, defería de unos concejos a otros. Desconocemos como lo haría el concejo de Mira, pero para tener una idea, en Úbeda a principios del siglo XIII se realizaba después de la elección del concejo, entre los vecinos de cada colación, así como de las aldeas, viniendo para ello un caballero y un juez. En Segura de la Sierra se convocaba en el siglo XVI a todas las personas que quisieran ejercer el dicho oficio todos juntos en el día que para ello fuese nombrado y señalado por el cabildo.

Desde la aparición de la Caballería de Sierra, los concejos exigen a los caballeros una serie de requisitos que regula el derecho local (fuero, privilegio de villazgo, ordenanzas). Aunque pudiera haber diferencias de un concejo a otro, fundamentalmente se exigía que el aspirante tuviera caballo, armas y un patrimonio mínimo en bienes raíces, es decir, inmuebles. En Segura de la Sierra, se exigía que el caballo valiese doce mil maravedís sin la silla, las armas deberían ser aquellas para defenderse y coaccionar a los infractores, como puñal, lanza, espada o coraza y por último los bienes raíces debían ascender a 50.000 maravedís.

En diversas ocasiones los Caballeros se vieron envueltos en distintas situaciones conflictivas entre concejos. En el siglo XVI los caballeros de la Sierra de Requena y Mira serían protagonistas en varias ocasiones de las diferencias entre ambas comunidades.

Varias ordenanzas municipales ampliaron progresivamente sus funciones, sobrepasando la mera vigilancia forestal para ocuparse de la guarda de los bienes comunales, siendo más parecido a una policía rural.

A nivel real, serían durante el reinado de Carlos II, en 1677, cuando se dicte por primera vez, una real ordenanza que establece una “vigilancia de las masas arbóreas y los animales salvajes que las habitasen”. Posteriormente, en la época de Fernando VI, se dicta una ordenanza para la creación de los “Guardas de Campo y Monte” para que prendan, denuncien a los taladores, causantes de incendios y introductores de ganados plantíos. Esto crearía la desaparición paulatina de los Caballeros de la Sierra.

Durante el reinado de Isabel II, vigilaban los montes la Guardería Rural, los Guardas Mayores, los Guardas del Monte y del Estado y la Guardia Civil. En 1876, durante el reinado de Alfonso XII, desaparecen los colectivos anteriores, y es la Guardia Civil el único cuerpo encargado de vigilar el monte. Al año siguiente, por la Ley de Repoblaciones Forestales, se crea los Capataces de Cultivo en los distritos Forestales, y dos años después se les autoriza a denunciar los daños que se causen a los bosques y se contratan los vigilantes temporales de incendios. Este cuerpo es el que se considera como verdadero antecesor de los actuales Agentes Forestales.

En 1907, se percibe la necesidad de contar con un cuerpo que se ocupe de los montes, y como sus misiones son incompatibles con el carácter de la Guardia Civil, se crea sustituyendo al anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal del Estado.

Guardas Forestales en la Nava de San Pedro (1920). Enrique Mackay.

La figura del Agente de Medio Ambiente sigue modificándose con diferentes títulos y colectivos hasta que en el año 1978, se firma un Real Decreto, por el cual la denominación de Guarda Forestal queda sustituida por la de Agente Forestal.

A partir de 1985, la Guardería Forestal es gestionada por las autonomías, por lo que este cuerpo sufre modificaciones según las necesidades en materia forestal, que presente cada Comunidad Autónoma.


BIBLIOGRAFÍA:
- El Fuero de Laredo en el octavo centenario de su concensión. Juan Baró Pazos
- La Guardería forestal en España: conservación de nuestros bosques. Tarazona Grasa, Carlos
- Concejo, poder y élites: la clase dominante de Cuenca en el siglo XV. José Antonio Jara Fuente.

- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés  
- Los Caballeros de la Sierra y la vigilancia de los montes en la baja edad media castellana. José Ignacio Ortega Cervigón

El infante Pedro y su ilustre comitiva a su paso por Requena y Mira


Jaime I el Conquistador fue modificando su testamento a medida que iba teniendo hijos. Esta situación se mantuvo hasta el último testamento de 1262, cuando como resultado de la muerte del primogénito Alfonso, dejó a su segundo hijo, el infante Pedro, el Reino de Aragón, el Reino de Valencia y el principado de Cataluña, dando continuidad a la Corona de Aragón. Este hecho hizo que el futuro Pedro III de Aragón, colaborara con su padre de manera activa en varios aspectos de la vida política del reino.

A principios de abril de 1269, quizás con el objetivo de estimular la cooperación castellana a la cruzada de Jaime I, o quizás por la cuestión de reino de Navarra, no se sabe de manera cierta, el infante Pedro junto con una nutrida comitiva, inició un viaje hacia Toledo para entrevistarse con el rey castellano Alfonso X.

La comitiva
El séquito del infante estuvo formado por aproximadamente de ochenta personas. Entre los personajes importantes, figuraron los obispos de Barcelona y de Valencia, los nobles aragoneses Blasco Eiximenis, Blasco Maça y los catalanes Gilabert de Cruilles y Pere d´Ofegat entre otros. No faltó una representación de italianos, con el marino y militar Roger de Lauria en primer término. Por ultimo cabe destacar al famoso trovador, Guillermo de Cervera.

Cada noble llevó según su categoría una o varias cabalgaduras. De ejemplo, el obispo de Barcelona llevó 30 bestias y los nobles de alta categoría, Gilabert de Cruilles y Blasco Eiximenis, 8 cada uno. El número total de bestias fue de 168, entre cabalgaduras y bestias de carga.

Después de las personalidades, vendrían un grupo de oficiales y servidores de categoría inferior. Por último, las gentes de la compañía que iban a pie, los andantes. Hay que decir que para un viaje tan largo, los peones fueron, proporcionalmente, poco numerosos. Entre ellos los documentos nos indican; la panadera, el guarda de la avena, la lavandera y otros hasta 33 personas.

La logística
La comitiva disponía de un encargado de la intendencia, el repostero, que se encargaba de procurar los víveres, servicios y productos necesarios para el viaje. Él mismo o algún ayudante se avanzaba y entraba en las poblaciones donde el infante y sus acompañantes pretendían descansar, para disponer el alojamiento, negociar las adquisiciones o resolver servicios necesarios como la comida o el mantenimiento para los caballos.

La alimentación
La comitiva llevó una gran cantidad de provisiones desde el inicio del viaje, tales como gallinas, vino, pan, huevos, coles, ajos, vinagre y canela. Después las cuentas nos muestran la compra de vino y carneros principalmente. Las raciones irían en función del cargo, así hay apuntes de porciones especiales para los obispos y otros altos cargos. En Mira, queda constancia que el obispo de Barcelona recibió del infante una generosa ración.

El ocio
Para amenizar el viaje, en la comitiva no faltó un buen número de trovadores y juglares. Se especula que el famoso trovador Guillermo de Cervera, creó durante o después del viaje, la canción de Madona Santa María, de las impresiones recibidas por la presencia del rey castellano. En una de las estrofas alude a las pretensiones imperiales del rey Alfonso X.

Tots reys que haver vol nom d´emperador
Deu averar sos dits e sa lauzor,
Que hom non ha pretz, si ab vertat no s´afina.

También se sospecha que en alguna ocasión, el infante pudo disfrutar de alguna cacería. Esto se entiende al encontrarse partidas de gastos relacionadas con los perros que formaban parte de la comitiva.

El coste
Viajar en la edad media no era barato, y menos para un séquito de estas características. En la población de Requena y alrededores, la comitiva se gastó 296 sueldos y 6 dineros en cebada, 143 sueldos en vino, 80 sueldos y 6 dineros en pan de ración, y 70 sueldos en carne de carneros. Sólo este dispendio supuso más de 589 sueldos, equivalentes a lo que podía pagar al rey una villa mediana del reino de Valencia como Cocentaina en 1259. Esto nos puede proporcionar una idea del coste de este tipo de viajes.

El itinerario
La expedición partió el 8 de abril de Tarragona, y desde allí se encaminaron hacia Valencia, donde llegaron el 14 de abril. Después de 9 días en la ciudad, el día 23 partieron hacia Buñol, para al día siguiente entrar en el reino de castilla y llegar hasta Requena. El día 25 de abril pernoctaron en Mira, donde se deja constancia de pagos a un posadero. A la mañana siguiente continuaron su camino hacia Reillo y el 27 hacían entrada en la ciudad de Cuenca. Posteriormente pasaron por Villar del Maestre, Huete, Santa Cruz de la Zarza, Ocaña y Yepes. El día 5 de mayo de 1269, por fin llegaron a Toledo.

El séquito realizó una media aproximada de unos cuarenta kilómetros diarios, con jornadas de hasta 60 kilómetros, un ritmo asequible para las cabalgaduras pero que puede parecer exigente para los que iban a pie, sin embargo el hombre medieval era un gran andarín: investigaciones realizadas a partir de restos humanos en enterramientos ponen de manifiesto, sobre todo a partir del siglo XI, su configuración física condicionada por y para la marcha, con largas y fuertes piernas. Aparte se puede especular que los andantes de la expedición tendrían la posibilidad de descansar en ciertos momentos de la jornada a lomos de alguna bestia de carga. Por último señalar que en las cuentas de la comitiva, a menudo consta la compra de zapatos para los andantes.

Relación de jornadas en el viaje de ida:
08 abril > Tarragona – Sant Jordi: 35 km
09 abril > Sant Jordi (La Ametlla de Mar) – Tortosa: 34 km
10 abril > Tortosa – Sant Mateu: 61 km
11 abril > Sant Mateu – Castellón: 61 km
12 abril > Castellón – Sagunto: 44 km
13 abril > Murvedre (Sagunto) – Valencia: 27 km
14 abril > Valencia – Buñol: 41 km
23 abril > Buñol – Requena: 35 km
24 abril > Requena – Mira : 43 km
25 abril > Mira – Reillo: 55 km
26 abril > Reillo – Cuenca: 35 km
27 abril > Cuenca – Villar del Mestre : 27 km
29 abril > Villar del Mestre – Huete: 25 km
30 abril > Huete – Santa Cruz de la Zarza: 58km
01 mayo > Santa Cruz de la Zarza – Ocaña: 29 km
02 mayo > Ocaña – Yepes : 12 km
03 mayo > Yepes – Toledo: 38 km


NOTA: Los kilómetros están calculados de manera aproximada según comunicaciones actuales.

BIBLIOGRAFÍA:
- Pere el Gran: Primera Part. Ferran Soldevila
- Jaume I i els valencians del segle XIII. Robert Ignatius Burns
- Saber viajar: Arte y técnica del viaje en la edad media. Elisa Ferreira Priegue

La provincia de Cuenca durante el Califato de Córdoba


Durante el Emirato y Califato de Córdoba, al-Ándalus fue dividido en varias provincias llamadas Coras. Una de estas divisiones territoriales fue la Cora de Santaver, denominación que parece ser tiene su origen en la antigua ciudad conquense de Ercávica, cuyo nombre oficial -Potens et Nobilísima Civitas Ercávica Caput Caeltiberiae-, generó en Caeltiberiae, arabizándose posteriormente como Shantaberyya o simplemente Santaver.

Delimitar el territorio de la provincia de Santaver es complejo, pero de una manera aproximada, durante el califato se extendería por la actual provincia de Cuenca y parte de las provincias de Guadalajara, Valencia, Albacete y Teruel. Su límite noreste llegaría hasta Al Rayahin, cerca de la Calomocha en Teruel, hacia el este pudo pasar por Molina (Mulina), y continuaría la ruta del río Tajo hasta el castillo de “Welid”, próximo a Ocaña. El sur quedaría delimitado en la población de La Roda. La parte sureste variaría: durante un periodo pudo seguir el cauce del río Júcar (wadi  Sukr) hasta la confluencia con el Cabriel  (Wadi Cabrial), pasando por la comarca de Utiel/Requena para posteriormente buscar el río Turia. En otro se buscaría el río Gabriel, la sierra de Mira y el Turia. A continuación se incluiría el rincón de Ademuz hasta Teruel. Por último, se subiría por el valle del río Jiloca hasta encontrarnos de nuevo con el castillo de Al Rayahin.

¿Qué grupos se establecieron y quienes gobernaron la Cora de Santaver?
Tras finalizar la conquista de la península ibérica, se inició la distribución de las tierras conquistadas entre los oficiales y soldados, la minoría conquistadora árabe recibió las tierras más fértiles, mientras que la mayoría bereber recibió tierras baldías y desfavorecidas. De esta manera un buen número de bereberes se establecieron en zonas montañosas como la serranía de Cuenca, donde pudieron desarrollar su oficio original, el pastoreo. De las diferentes confederaciones tribales bereberes que se establecieron en Cuenca, los Hawwara fueron los más destacados. Esta tribu todavía habita en Aurés (Argelia). en la parte meridional de Marruecos y en Libia.

El primer gobernador de Santaver fue Sulaiman ben Utman ben Marwan ben Aban ben Utman ben Affan, que murió en el año 768. A partir del año 873 este cargo pasó a la familia bereber de los Banu Zennun, de origen Hawwara.

Organización administrativa
La capitalidad de la cora se situó en Ŝantabarīa (Ercávica), que a su vez se subdividía en ciudades más pequeñas denominadas "amal" (amelia) y, de cada un de ellas, dependía una región denominada "al-hawz" (alfoz). Los "Iqlim" fueron unidades financieras menores del estado Musulmán. Capitales de "iqlim" o cabezas de "amelias" fueron Guabda (Huete), Gualamu (Huélamo) y Uglís (Uclés). Tambíen Suritta (Zorita de los Canes), Mulina (Molina de Aragón) y Santa Mariyya (Albarracín) fueron capitales de amelías o distritos.

¿Cúal era su economía?
Económicamente era menor comparada con otras Coras. Se cultivaba trigo y cebada, así como olivo, vid, nogales, avellanos y azafrán. También era importante el pastoreo de corderos y la cría de caballos. Además, ya se producía el traslado de maderas por el río Cabriel y el Júcar.

¿Existía Mira?
Sabemos que durante el califato de Córdoba hubo un asentamiento humano en el Molón de Mira, sin embargo no podemos confirmar la existencia de un núcleo poblacional en el poblado de Mira. Independientemente de ello, todo indica que el territorio del municipio estuvo integrado dentro de los límites de la antigua Cora de Santaver y que por un periodo de tiempo sin determinar, la Sierra de Mira ejerció de frontera entre la Cora de Santaver y la Cora de Balansya (Valencia).


BIBLIOGRAFÍA:
-    La kura de Santaveria: Estructura político-administrativa. Almonacid, J.A
-    El Molón (Camporrobles, Valencia). Un poblado de primera época islámica.
-    Historia de Albarracín y su sierra. Almagro, Martín.
-    Un itinerario de Cordoba a Zaragoza en el siglo X. Jesús Zanón.
-    ¿Continuidad o ruptura entre musulmanes y mudejares?. Mº Elena Cortés Ruiz