El caso de adulterio y derecho de asilo de 1627


El adulterio se define como la relación carnal entre una persona casada y otra no casada o entre dos casados en distintos matrimonios no disueltos. Durante muchos siglos estuvo considerado como un delito grave y como tal fue castigado con las más severas penas, cuya gravedad varió en función de la época y de los territorios contemplados.

Gracias a los documentos guardados en el archivo diocesano de Cuenca, conocemos los detalles de un caso singular ocurrido en Mira. Esta historia se inicia en el verano de 1627, cuando el molinero del pueblo, Martín Sanz, acusa a su mujer Ana de Ruescas y a Juan García Lázaro de adulterio. Días después, el viernes 30 de julio de aquel año, se llevó a cabo el juicio, y los alcaldes ordinarios Diego Ruiz Jubera y Vicente García, hallaron culpables a los acusados del delito de adulterio y dictaron sentencia ordenando que se construyera un cadalso en la plaza pública de la población (posiblemente en la actual plaza del ayuntamiento) y allí fuesen entregados ambos públicamente al marido de Ana para que éste hiciere lo que quisiere de ellos.

A la espera del castigo, Ana de Ruescas fue puesta en prisión en casa de Mateo Sánchez Domínguez «con prisiones a los pies, cadena y grillos» y a Juan García, su amante, lo pusieron preso en casa de Miguel Sánchez.

Según el testimonio de Cecilia Sánchez, mujer de Mateo Sánchez Domínguez, una mañana, mientras su marido había salido temprano para trabajar en el campo, oyó a Ana que la llamaba y cuando acudió le dijo que quería confesar. Cecilia le contestó que no podía ser si no lo autorizaba la justicia. Al día siguiente, mientras Cecilia estaba amasando pan, se presentó en dicha casa el vicario don Pedro Ferrer, en compañía del sacristán Juan Ferrer, diciendo que venía a confesarla. Cecilia le dijo que no podía pero Pedro la llamó y Ana «bajó» (por lo visto estaba recluida en algún piso superior de la casa y a pesar de las cadenas podía moverse con cierta facilidad) y comenzaron a hablar. Ana le recriminó su tardanza a lo que el vicario argumentó que no había ido antes «por ser el caso que era». Cecilia comprendió que debía acceder a que don Pedro la confesase y lo consintió pero apremiándoles con la excusa de que «la masa ya está en el horno» y se quería ir. Creyendo que Ana se quedaba confesando se retiró de la estancia a sus quehaceres para dejarlos a solas en confesión. Al poco rato le pareció ver una sombra que cruzaba por la casa y salió para ver qué ocurría. Sorprendida y asustada pudo comprobar que no estaban ni Ana ni el vicario. Entonces empezó angustiada a llamarla a voces por la calle pero nadie le respondió. Una pequeña niña le dijo que Ana había ido a la iglesia. Cecilia se fue inmediatamente a casa del teniente de alcalde Juan de Barea para informarle de lo ocurrido.

Según las declaraciones del vicario, este se encontró a Ana de Ruescas dentro de la iglesia pidiendo protección. El vicario la metió en la sacristía vieja de dicha parroquia («que está debajo del altar mayor») con la ayuda de Juan Ferrer, el sacris­tán. Allí ella le manifestó que estaba presa por adúltera y que la habían condenado a muerte. Al poco rato irrumpió en la iglesia «con mucha cólera y enojo» el teniente de alcalde Juan de Barea, el cual tomó a Ana y la sacó por la fuerza,  quebrantando así el derecho de asilo de un edificio religioso, por el cual se ofrecía protección segura a determinados delincuentes, criminales y deudores, ya fuera frente a la venganza de sus víctimas o de la ley.

El día 5 de agosto (tan solo cuatro días más tarde de los luctuosos hechos de la iglesia) los alcaldes ordenaron que se llevara a cabo la sentencia en el cadalso dispuesto en la plaza, prohibiendo que ningún seglar fuese osado de subir a él bajo pena de doscientos azotes. Fueron testigos: Martín Ruiz, alguacil; Bartolomé Conde, Francisco de Fez y Sixto Martínez viejo, todos ellos vecinos de Mira. Se hizo pregón público y Ana de Ruescas fue sacada del lugar donde se encontraba presa con sus «prisiones y cadenas» y entre la expectación y la murmuración del pueblo allí congregado fue atada de pies y manos y entregada a su marido Martín Sanz, quien le tapó los ojos y la degolló «por la garganta». El cuerpo desangrado quedó allí expuesto «un rato» sobre el cadalso en medio de la multitud hasta que la justicia se lo llevó.

Lugar donde posiblemente se llevó acabo el castigo

Varios días después, un juez provisor episcopal mandó encerrar al teniente alcalde Juan de Barea y a los alcaldes ordinarios Diego Ruiz y Vicente García, acusados de haber violado el derecho de asilo de un lugar sagrado. Por su parte el vicario Pedro Ferrer, fue acusado por el santo oficio de haber sacado a una mujer de la cárcel para llevarla a la iglesia, y aunque en un principio fue encerrado en la cárcel de familiares de Cuenca, al final todo quedó en una simple amonestación.

Durante el siglo XVIII las diversas bulas pontificias, los breves y los concor­datos emanados de la Iglesia Católica acabaron por anular de hecho el Derecho de Asilo tal y como fue conocido y aplicado hasta entonces.


BIBLIOGRAFÍA:

Adulterio y derecho de asilo en castilla. El suceso de Mira. José Alabau Montoya.

Los Castellares


Los Castellares es un yacimiento prerromano situado en un cerro superior, muy próximo a las Hoces del río Mira y a la Hoya Hermoso. Su utilización pudo ser durante el periodo del ibérico pleno, es decir, entre el siglo IV hasta el II-I A.D.C

Los factores que condicionan la función y el establecimiento de un asentamiento ibérico son diversos: posibles vías de comunicación, la topología, la visibilidad, la proximidad a los cursos de agua, los recursos del suelo etc. En el caso de los Castellares todo parece indicar que tendría una función tanto de explotación del medio, como también de carácter estratégico. Su economía pudo basarse en la combinación de la explotación agrícola y pastoreo, u otras actividades como la minería o la recogida de madera. Su carácter estratégico le vendría por estar situado en un punto de amplio control visual y de posibles vías de comunicación naturales.

En la actualidad los restos constructivos son muy escasos, el elemento más destacado es la utilización de una gran roca del lugar como elemento de construcción.

Desde lo alto de Los Castellares las vistas panorámicas son de una inmensidad espectacular: Hoces del río Mira, Hoya Hermoso, montes y pinos, el infinito, el sosiego, la paz.

BIBLIOGRAFÍA:

- Una hipótesis sobre la organización del territorio en época ibérica en la cuenca del río Algarra. Esther Marín Rubio.

Mira al Cielo


Desde la Sierra de Mira no solo podemos ver la población de Mira, sino también a una curiosa estrella con el mismo nombre. Mira es una estrella variable de la constelación de Cetus, «la ballena». Una de las estrellas más notables del cielo nocturno, su magnitud aparente varía entre +2,0 —siendo en ese momento la estrella más brillante de la constelación y visible a simple vista— y +10,1 —visible sólo con telescopios— con un período de 332 días. Ello ha dado origen a su nombre, Mira, procedente del latín mira, «maravillosa, asombrosa».

Historia de su observación
Puede ser que la variabilidad de Mira fuera ya conocida en la antigua China, Babilonia y Grecia. Lo que es seguro es que la variabilidad de Mira fue registrada por el astrónomo David Fabricius desde el 3 de agosto de 1596. Al observar el planeta Mercurio, Fabricius necesitaba una estrella de referencia para comparar posiciones, escogiendo una estrella de tercera magnitud cercana antes inadvertida —Mira—. Sin embargo, hacia el 21 de agosto el brillo de la estrella había aumentado una magnitud, mientras que para octubre de ese mismo año no era ya visible. Fabricius supuso que era una nova, hasta que la vio de nuevo el 16 de febrero de 1609.

En 1638, Johann Holwarda determinó el período de las reapariciones de la estrella en once meses; a menudo se atribuye a este astrónomo frisio el descubrimiento de la variabilidad de Mira. En la misma época, Johannes Hevelius observó la peculiar estrella, denominándola «Mira» —en el sentido de «maravillosa» o «asombrosa»— en la Historiola Mirae Stellae de 1662, pues su comportamiento se apartaba del de cualquier otra estrella conocida. Ismail Bouillaud estimó su período en 333 días, lo que supone menos de un día de diferencia respecto al período actualmente aceptado de 332 días.

Animación realizada por la Nasa de la estrella Mira

Hay una considerable especulación sobre si Mira había sido ya observada antes de Fabricius. La historia de Algol (β Persei) —con seguridad conocida como variable en 1667, aunque distintas leyendas muestran que había sido observada desde milenios con recelo— sugiere que Mira pudiera haber sido conocida en la antigüedad. Karl Manitius, traductor del Comentario en Aratus de Hiparco de Nicea, sugiere que ciertas líneas de aquel texto del siglo II a. C. pueden versar sobre Mira. Otros catálogos, como los de Ptolemeo, Al-Sufi, Ulugh Beg y Tycho Brahe no la mencionan, ni siquiera como estrella «normal». Existen tres observaciones de archivos chinos y coreanos, de 1596, 1070 y 134 a. C. —el mismo año que Hiparco de Nicea habría hecho sus observaciones— que sugieren que la estrella podría ser ya conocida en aquellas épocas.

Actualmente, Mira es el prototipo de una clase de variables que llevan su nombre, las variables Mira.


BIBLIOGRAFÍA:

- Wikipedia, 
artículo sobre la Estrella Mira.

La visita de un insigne botánico alemán


Heinrich Moritz Willkomm fue un insigne botánico y geógrafo alemán, sobre todo conocido por ser el autor junto al botánico danés John Lange del “Prodromus Florae Hispanicae...”, que vio la luz entre los años 1861 y 1880 y que aún hoy es considerada la mejor contribución de su género para la Península Ibérica.

Tras doctorarse en Filosofía por la Universidad de Leipzig en 1850, viaja por segunda vez a la Península Ibérica donde durante 9 meses recorre el centro y el norte del país. Durante un viaje desde Valencia a Madrid, pasando por Cuenca, tiene la oportunidad de pasar por la población de Mira, dejando por escrito los siguientes comentarios:

"Ya las primeras crestas de la Serranía, que se elevan cerca de los Corrales, están cubiertas de pinos; pero aquí los bosques aún son muy raros y las grandes superficies sin ningún pino. Después de subir y cruzar varias hileras de colinas llegamos a una meseta cubierta de trigales y rodeada de elevaciones cubiertas de bosques, donde está situado aislado y desierto el pueblo de Camporrobres al pie de una colina árida, desnuda y coronada de ruinas de un castillo moro.


Después de tomar una comida simple y poco apetitosa en la única y malísima posada seguimos nuestro camino; nuestra ruta nos llevaba otra vez por una meseta accidentada cubierta de sotos de pinos y matorrales bajos, que estaba limitada hacia el oeste por una cadena de colinas con cumbres escarpadas. Después de un paseo a caballo de cuatro horas llegamos hacia las seis al hondo valle del río Moya, un claro río de la Serranía y desemboca en el Cabriel. Una visita extraordinariamente hermosa me sorprendió agradablemente. Las abruptas vertientes, con puntas grotescas del muy ameno y retorcido valle, están cubiertas pintorescamente con matorrales y árboles frondosos, las faldas interiores con terrazas, al igual que la parte valenciana, la vaguada cultivada y cuidada.


Por todas partes lucían campos de cáñamo de un verde oscuro y de un verde claro, brillantes campos de maíz, rodeados de nogales y morales (moreras). Enfrente de nosotros se elevaban las casas en forma de terrazas en un tramo muy grande por la vertiente abrupta del pueblo de Mira, dominado por enormes peñascos de asperón. Hacia arriba pronto se estrechaba el valle en una garganta oscura y boscosa, que finalmente parecía cerrada por montañas más altas cubiertas con bosques de tupidas coníferas. El camino bajaba rápidamente en zig-zag desde la abrupta vertiente hacia la orilla del río, salvajemente espumante, que acciona varios molinos. Uno piensa aquí encontrarse en medio de una sierra muy importante, pues las paredes del valle parecen inmensas cumbres montañosas.


Ya que la posada de Mira no ofrecía un aspecto apetitoso y nos habían dicho que el siguiente pueblo, Villora, distaba sólo dos leguas, sin perder el camino, me decidí llegar hasta allí."


BIBLIOGRAFÍA:

- Wikipedia, artículo de Heinrich Moritz Willkomm
- Wanderungen durch die nordöstlichen und centralen Provinzen Spaniens ... aus dem Jahre 1850. Heinrich Moritz Willkomm.
- "Viajeros por la Historia. Extranjeros en Castilla-La Mancha. Cuenca" de Ángel Villar Garrido.

El libro de la caza de Don Juan Manuel


El libro de la caça o libro de la caza es un tratado cinegético compuesto por Don Juan Manuel en su primer periodo de producción literaria, entre 1325 y 1326. La obra se centra en la actividad de la caza con distintos tipos de halcones para la captura de aves utilizando también perros para la recogida de las presas. El libro contiene 12 capítulos, siendo el último muy interesante por señalar los lugares más apropiados para la caza de éste estilo en varias zonas de España. Cuando el autor describe los lugares del obispado de Cuenca, menciona a Mira, afirmando que no es un buen lugar de caza aunque contiene alguna zona con patos.

"El arroyo de Guardaçahón naçe en la sierra […] sobre Valdemoro, aldea de […] et entra en[…] deyuso de Ymeda; et en este arroyo ay ánades et garças, señaladamente çerca del aldea de Valdemoro et dende fasta Ymeda por do se acaesçe, et en esa vega, cabo del almarjal deYmeda, á un par o dos de grúas de morada. Et el arroyo de Mira, porque non es buen lugar de caça, non fizo don Johan fuerça de saber do naçe nin en quál río entra, pero dize que deyuso de Mira ay algún [lugar] de ánades. En las lagunas de Canpos Robres ay mucha sánades et […] et muchas garças al tienpo del paso. El arroyo de Ovel nasçe sobre Alcaudete, et fasta en Requena ..."


BIBLIOGRAFÍA:

- Artículo "El libro de la Caça" en Wikipedia.
- El libro de la caza de Don Juan Manuel. Fernando Martín Martín, Pedro Martín Sánchez y Borja Moreno Garranzo.
- El libro de la Caça. Don Juan Manuel.

Origen etimológico de Mira


El origen del nombre no está del todo claro; según algunos diccionarios de topónimos se le concede el significado que el DRAE otorga a mira en las fortalezas antiguas, es decir, obra que por su elevación permitía ver bien el terreno. En 1866 el historiador Trifón Muños y Soliva afirmó que podría venir de la palabra hebrea Schamira, guarda, centinela, custodio; y de ella se quedó en Mira. Mucho más reciente es la opinión de Bernat Mira Tormo, quien ha estudiado con gran interés la toponímia ibérica, y asegura que Mira es uno de los hidrónimos ibéricos, citados desde la antigüedad y cuyo significado sería "El río". De este hidrónimo y sus derivados, existiría una gran abundancia de nombres en España como en Portugal, como Mira, Mier, Miera, Mieres, Mera o Miranda. Por su parte Francisco Piqué Más piensa que su origen estaría en el antropónimo de Banü Amira, uno de los linajes que durante los primeros tiempos de la islamización tuvieron una importante presencia en la región de Santaver, región a la que por entonces pertenecía todo el territorio de Mira. Por último mencionar la opinión de Manuel Martínez García, quien piensa que MISUAT (Mira en Arabe) indica "lugar de asados".


BIBLIOGRAFÍA:

- Historia de la Ciudad de Cuenca y del territorio de su provincia y obispado. Autor Trifón Muñoz y Soliva.
- El origen ibero-tartésico del euskera. Bernat Mira Tormo. Libro disponible en Google Libros
- Los tres castillos de la cruzada contra Requena (1219). Francisco Piqué Más. Revista Oleada 2007.
- Toponimia navarroaragonesa del Ebro (IV): Orónimos Juan A. Frago Gracia.
- Aliaguilla, memoria de un pueblo. Manuel Martínez García

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El azafrán


El azafrán es una especia que se obtiene a partir de los estigmas de la flor del Crocus sativus Linnaeus, conocida vulgarmente como Rosa del azafrán.

Aunque los orígenes del azafrán son confusos, parece casi exacto afirmar que procede de las mesetas de Anatolia. Desde allí su cultivo se extendió en todas las direcciones, propiciado en gran parte, gracias a los árabes.

La tradición azafranera en España ahonda sus raíces en la alta edad media, siendo la civilización Hispano-Musulmana la que, en los siglos VIII y IX, recogió de los árabes el conocimiento de la legendaria planta, cuyo cultivo no tardó en extenderse por todos los territorios de Al-Andalus, siendo monopolizada por la alta burguesía andalusí.

En el siglo XV, en los territorios de la Corona de Aragón, el azafrán se convirtió en uno de los artículos comerciales más importantes. En concreto el azafrán catalán de la Horta de Sant Joan fue reconocido por su alta calidad nacional e internacionalmente y uno de los centros de venta más importantes del mediterráneo.

El primer documento escrito que hace referencia al cultivo del azafrán en La Mancha aparece en 1720, aunque parece lógico pensar que su cultivo estuvo presente mucho antes. Ya en el siglo XIX esta región producía el azafrán de mayor calidad de España, que es como decir del mundo. La variedad manchega se caracteriza por unos estigmas de mucho cuerpo, mayores que los estilos. Su poder colorante puede alcanzar 300 grados y su aroma es penetrante.

Recolección
En el mes de octubre comienzan a aparecer las primeras rosas. Su recolección tradicionalmente ha sido realizada a mano y de mañana, con las primeras luces y con gran trabajo y cuidado, ya que al ir abriéndose la flor durante el día hace más difícil su recogida.

Esbrinar
Una vez recogidas las rosas en una cesta de mimbre, se trasladan para proceder a la esbrinación, es decir, a la separación de los estigmas del resto de la flor.

Tueste
Una vez mondada toda la flor, se extiende los estigmas sobre un cenazo o ciezo, de malla o lino y se colocan al amor de un foco de calor débil pero constante y permanente, de forma que irá tomando un color más oscuro, sin que se alteren las propiedades del producto, como el color o el aroma.

El azafrán en Mira
La primera mención al azafrán en Mira lo conocemos gracias al catastro de Ensenada del siglo XVIII, donde se nos informa de su cultivo y precio; la libra de azafrán valía diez reales y estando tostado cincuenta.

En el siglo XIX los testimonios tanto de José Cornide en 1801, como del Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal en 1829, nos confirman de nuevo su cultivo.

En 1911 tenemos los nombres de varios vecinos de Mira relacionados con el Azafrán:

Azafrán (almacenes y despachos):
Antonio Esteban
Julián Esteban
Ramón Valero

Azafrán (Cosecheros):
Atanasio Sierra
Julián Esteban Cañada
Juan Francisco López
Gregorio Sáiz


BIBLIOGRAFÍA:

- Historia del azafrán : la flor del amanecer. Jesús Ávila Granados.
- Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de España.
- Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.

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El poder local de la Inquisición


En la estructura de la Inquisición española existían en cada población de cierta importancia una serie de individuos de rango inferior que la representaban a nivel local. Estos surgieron fruto o consecuencia del afán de controlar la mayor parte del territorio posible con el fin de detectar cualquier caso de falsos conversos. Los inquisidores inicialmente durante sus viajes o visitas fueron dejando pequeñas representaciones del tribunal que serían la base para el establecimiento de una red fija y nominal de funcionarios por todo el territorio nacional. Ellos no solamente ostentaban la delegación del Santo Oficio sino que representaban su brazo ejecutor. Esta presencia inquisitorial local estaba representada principalmente por cuatro tipos de funcionarios: comisarios, notarios, alguaciles y familiares. Cargos que no eran remunerados pero que otorgaban a quienes los ostentaban un prestigio e indiscutible categoría social a nivel local, amén de una serie de privilegios  económicos, sociales y jurisdiccionales que los hacían muy apetecidos y por ello eran casi exclusivos de las clases acomodadas de cada población.

Comisarios
Los comisarios fueron creados hacia 1530 como consecuencia de la progresiva sedentarización de los tribunales con la intención de servir de cobertura de apoyo en los distritos ante la imposibilidad de los inquisidores de realizar las visitas a larga distancia con la frecuencia debida. Fueron nombrados en las poblaciones más importantes del distrito. Sus funciones y modo de actuar, como la del resto de funcionarios de la Inquisición, estaban perfectamente establecidas a través de los libros de "Instrucciones" redactados por los inquisidores generales. En ellas se pormenorizaban los detalles de actuación que debían seguir en cuanto a la correspondencia del tribunal, forma de interrogar a los testigos, de formarlos expedientes con las declaraciones y diligencias, y de nombrar ayudantes. La labor de los comisarios consistía en informar al tribunal sobre la vida y costumbres de quienes residían dentro del ámbito de su territorio jurisdiccional, recibían las denuncias o delaciones de los vecinos a quienes tomaban las declaraciones que estimaban oportunas así como de los testigos, y remitían toda esta documentación a los inquisidores para que éstos juzgaran si había sospecha fundada de herejía o delito contra el Santo Oficio. También recogían las pruebas e investigaban sobre la "limpieza desangre" de aquéllos que aspiraban a obtener algún cargo dentro del organigrama inquisitorial, distribuían las órdenes y publicaban los edictos procedentes del tribunal por su territorio. Estaban autorizados a nombrar un notario y un alguacil para su servicio.

En 1674 encontramos un comisario en Mira. Se trata de D. Salvador Martínez García que tres años más tarde, en el expediente de limpieza del requenense Fr. Andrés García Moreno para Calificador, aparece como Comisario del Santo Oficio en Camporrobles.

Familiares
En cuanto a los familiares fue éste sin duda uno de los cargos más numerosos, controvertidos y polémicos de la amplia nómina de la Inquisición. Ellos eran los representantes laicos del tribunal. Constituían la personalización del Santo Oficio al nivel más llano: la cara de la represión entre los propios vecinos. Eran  quienes podían controlar diariamente sus movimientos, sus palabras y sus actos cotidianos. Los confidentes de comisarios e inquisidores. Su misión consistía en estar prestos en todo momento a cumplir con sus obligaciones al servicio del tribunal, y éstas pasaban por desarrollar funciones tan diversas como proteger y acompañar a los inquisidores o a sus oficiales en sus visitas a los distritos; asistir a los Autos de Fe (en aquellas ciudades donde tenían lugar); perseguir y apresar a los acusados cuando se les ordenaba así como custodiar a los detenidos en los traslados entre poblaciones; proceder a las confiscaciones de bienes y actuar en las almonedas de los mismos; intervenir los libros y escritos declarados prohibidos por el tribunal y disponer su quema pública; delatar o provocar la delación y sobre todo ejercer un control efectivo sobre la población.

Para ser familiar en Castilla se exigía (desde 1627) ser varón, casado (aunque a veces cabía dispensa de soltería) o viudo (si reunía las demás condiciones del casado), seglar, tener veinticinco años cumplidos (aunque también hubo dispensas en la edad), y se insistía en que los aspirantes debían ser virtuosos, pacíficos y con condiciones para el cargo. Al igual que los comísanos los Familiares no cobraban tampoco por su trabajo pero a cambio gozaban de un gran poder social que quedaba de manifiesto en la gran cantidad de privilegios de que gozaban, tanto económicos (exención de cargas fiscales, contribuciones, repartimientos, etc.) como militares (relacionados con la prestación de servicios y de guerra), eclesiásticos (por concesiones pontificias) o  jurisdiccionales (derecho a portar armas, cuando la mayoría de la población lo tenía prohibido).

Según un documento de 1646 encontramos tres familiares del santo oficio en Mira. Se tratan de Juan de la Carcel Yrançu, Miguel García y Juan Támez.


BIBLIOGRAFÍA:

- Apuntes sobre la inquisición en las tierras de Requena y Utiel. (Revista "Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal" nº 22) Autor: José Alabau Montoya.
- Vecindario de las ciudades, villas y lugares de la corona de Castilla de 1646.

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Mira, un siglo de historia 1875-1975


En el 2006 el ayuntamiento de Mira publicó la obra “Mira, un siglo de historia 1875-1975”, libro ilustrado que recoge una excelente recopilación de fotografías antiguas del pueblo.


BIBLIOGRAFÍA:

- Mira, un siglo de historia 1875-1975. Ayuntamiento de Mira.
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Mira en la cartografía antigua


La cartografía es la ciencia que se encarga del estudio y de la elaboración de los mapas geográficos, territoriales y de diferentes dimensiones lineales y demás. En este artículo veremos una pequeña selección de antiguos mapas cartográficos donde podremos localizar la población de Mira.

En 1467 encontramos el primer mapa cartográfico que hace mención a Mira. Esta importante obra fue realizada por Nicolaus Germanus, cartógrafo alemán que fue uno de los primeros en crear mapas basados en la Geographica de Ptolomeo, con información actualizada de su época.


Quince años después, en 1482, Mira vuelve a ser mencionada en un mapa. Esta vez en la obra “Hispania novella”, del humanista italiano Francesco Berlinghieri.


En 1507, volvemos a ver a Mira en el primer mapa en representar el hemisferio occidental separado, con el Pacífico como un océano aparte. El mapa realizado por Martin Waldseemüller, fue el resultado de un ambicioso proyecto para documentar y actualizar los nuevos datos geográficos derivados de las exploraciones portuguesas y españolas de finales del siglo XV y principios del XVI.


Pasarían bastante tiempo, hasta 1634, para ver nuevamente a Mira en un mapa. En este caso sería en la obra de Pedro Texeira, cartógrafo portugués al servicio del monarca Felipe IV de España.


En 1692 el obispado de Cuenca manda realizar un mapa donde se informa de los diferentes partidos de gobierno y de los principales puntos religiosos. Se puede ver también mencionada la ermita de la Cueva Santa de Mira.


En 1766 tenemos un mapa donde a Mira se le llama de San Clemente por pertenecer al partido del mismo nombre. Esto se debía a que las divisiones administrativas del Antiguo Régimen tenían como base la organización medieval, en este caso el Marquesado de Villena, origen de la relación de Mira con San Clemente. A Utiel le pasaba lo mismo.


Mapa del obispado de Cuenca de 1802, donde podemos ver por primera vez mencionadas las aldeas de la Fuencaliente y la Cañada de Mira.


En la parte final de la primera guerra carlista, en 1840, se llevó a cabo en Mira un ataque de las tropas liberales sobre los tradicionalistas. Para ello el coronel Pedro Ortiz de Pinedo realizó un croquis del mismo. En la actualidad representa en el primer plano conocido de la población.


En junio de 1851, varios municipios de Cuenca (Requena, Utiel….) pasarían a formar parte de la provincia de Valencia. Los siguientes mapas de 1848 y 1860 reflejan perfectamente el antes y el después. Mira pasaría a marcar los límites de la provincia de Cuenca con Valencia.

Mapa de 1848
Mapa de 1860

En el siguiente trabajo de 1858 podemos observar una pequeña parte del sistema de correos de la provincia de Cuenca. En aquel momento las cartas con destino a Mira eran llevadas desde la cartería más próxima que era Henarejos, siendo Landete la estafeta principal de distribución de la zona.



BIBLIOGRAFÍA:
- Biblioteca Nacional.
- Biblioteca Digital Mundial
- Institut Cartogràfic de Catalunya.
- Biblioteca Nacional de Polonia.
- El Atlas del Rey Planeta. «La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos», de Pedro Texeira (1634).

Herreros y herrerías


Un herrero es una persona que elabora objetos de hierro o acero, utilizando para ello herramientas manuales para martillar, doblar o cualquier acción tendiente a dar determinada forma al metal (modelar) cuando éste se encuentra en estado plástico.

La herrería, el trabajo del hierro, comenzó en oriente medio en el siglo XII a.c. Se dice que los grandes buhoneros, los fenicios, trajeron a la península los primeros objetos de hierro, así como los secretos de su metalurgia.

Los herreros siempre fueron importantes y de gran necesidad para los pueblos, no solo realizaban herramientas, campanas o diferentes utensilios, si no que en muchas ocasiones también realizaban artículos decorativos o artísticos.

Los herreros de Mira
La mención más antigua a esta profesión en Mira la conocemos gracias al catastro de Ensenada, donde se nos informa que en 1753 había dos maestros herreros llamados Miguel de Requena y Gabriel de la Huerta, que ganaban al día cinco reales cada uno.

La siguiente mención es en 1893, donde encontramos dos herreros: uno llamado Esteban Illán Rubio y el otro Elías Galbadón Pérez, domiciliados en la calle del Río 21 y en la calle Calicanto 2 respectivamente.

En los años 30 del siglo XX lo serían Manuel Gabaldón, Valentín Gabaldón y Ángel Illán y en 1953 lo ejercerían Eduardo Gabaldón y Crecencio Martínez.


BIBLIOGRAFÍA:

- Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de España.
- Anuario General de España.
- Wikipedia
Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.

Nombres propios con solera


No hace muchos años, nombres propios como Saturio, Nemesia o Társila podían ser muy habituales en España, sin embargo en la actualidad prácticamente nadie los elije para sus hijos. Admito que años atrás esos mismos nombres me parecían horribles, sin embargo ahora los recuerdo con cariño e incluso alguno me parece hermoso. A continuación hago una pequeña selección de ese tipo de nombres que fueron usados en Mira, explicando su interesante origen o significado:

Anacleto: De griego, Ankletos, “llamado, solicitado” y también metafóricamente “resucitado”.

Aquilino: Del latín Aquilinus “como el aguila”, aludiendo a su poder, es también gentilicio de Aquiles.

Atanasio: Del griego A-thanatos “sin muerte, inmortal” (sinónimo de Ambrosio) famoso por San Atanasio el Grande, patriarca de Alejandría y Doctor de la iglesia (s. IV)

Crescencio: Del cristiano-romano Crescens, “que crece”, es decir, “vital, robusto”. Posee numerosos equivalentes y derivados; Crescente, Crescenciano, Crescentino.

Eustasio: Del Griego Eustasios, “estabilidad, firmeza”.

Filomena: Del Griego Philos-melos, “amante del canto”. La forma antigua Filomela pasó, por disimilación, a Filomena.

Carlota: Forma femenina de Carlos, tomada del Francés Charlotte.

Hermógenes: Del Griego Hermos-gemos, “engendrado por Hércules”, de la casta de Hércules.

Honorato: Del latín Honoratus, “Honrado”, más bien en el sentido de “honorado”, o sea que ha recibido honores, que ha ejercido algún cargo público.

Nemesio: Del latín Nemesius, “justiciero”. En Grecia, Némesis era la diosa de la justicia y de la venganza.

Saturio: Variante de Sáturo y éste del latín Saturus, “saciado, saturado”.

Társila: Como Tarsicio, procede del griego Tharsos, “valor”.

Toribio: Nombre masculino de origen Griego, su significado es "Ruidoso" o "Movido"

Balbino: Es un nombre propio masculino de origen latino en su variante en español. Es un diminutivo de balbus (tartamudo).


BIBLIOGRAFÍA:

- Los nombres: origen y significado. Francis Rey.
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La revolución de Enero de 1933


La revolución de Enero de 1933 fue una huelga general anarcosindicalista convocada por la CNT y la FAI, con el objetivo de realizar numerosas agitaciones sociales que denunciaran las paupérrimas condiciones de vida de la clase trabajadora española.

La insurrección se inicia el 1 de enero, cuando desde la siete de la tarde a las nueve de la noche, hacen explosión en La Felguera, (sede de la CNT de Asturias), varias bombas de gran potencia. Simultáneamente, en Sevilla, se producen algaradas callejeras y son asaltadas tiendas y bares. Se producen también saqueos en Lérida, y enfrentamientos en Pedro Muñoz (Ávila), donde los sindicalistas toman el Ayuntamiento, proclamando el comunismo libertario. El 2 de enero la Guardia Civil de Barcelona descubre un depósito de bombas atribuido al mismo sindicato. El día 3 se descubre otro arsenal de explosivos en Barcelona y el 5 estallan más artefactos en La Felguera, en Gijón. Sin embargo los hechos más graves se desarrollarían en Casas Viejas (Cadiz), donde las fuerzas del orden acabaron incendiando la casa donde se habían refugiado algunos de los dirigentes de la insurrección, entre ellos Francisco Cruz Gutiérrez, conocido como "Seisdedos" que muere calcinado junto a otros vecinos de la población.

Los disturbios en Mira
El 12 de Enero los disturbios llegaron a Mira al declararse esa misma mañana una huelga general en el pueblo. Según la crónica del diario “La Libertad”, todo empezó cuando un grupo de huelguista se dirigió a las obras del ferrocarril Cuenca-Utiel, con el objetivo de forzar a los obreros para que abandonasen el trabajo. Algunos se opusieron a ello, produciéndose por este motivo algunos altercados entre ellos. Por fin, al mediodía, consiguieron los manifestantes sus propósitos, y en actitud levantisca volvieron al pueblo. Antes de llegar, les salió al paso la guardia civil, que preguntó a los huelguistas que querían, estos respondieron con una agresión a los guardias, que recibieron una pedrada y varios disparos, resultando dos guardias heridos levemente. Las fuerzas del orden replicaron, hiriendo a dos manifestantes levemente y a uno con extrema gravedad.

Consecuencias de la huelga general en España
La huelga y especialmente los sucesos de Casas Viejas conmocionaron profundamente a la opinión pública española, hasta el punto de catalizar la caída de Manuel Azaña como presidente del Consejo de Ministros; así como un aura de desprestigio de la autoridad gubernamental republicana por parte de las clases populares.


BIBLIOGRAFÍA:

- Wikipédia
- Diario “La Libertad”, jueves 12 de Enero de 1933

Zara, Niceto Hinarejos Ruiz


Niceto Hinarejos Ruiz, natural de Alcalá de la Vega y gran conocedor de la historia de la serranía baja conquense, es el autor de Zara, una novela que nos recrea la conquista y la guerra de intereses en que varios castillos de la región, de entre ellos el castillo de Mira, fueron protagonistas a principios del siglo XIII. Su lectura resulta amena y altamente recomendada para todo aquel que desee conocer un momento trascendental de la historia de Mira.

El libro fue editado con motivo del 800 (1210-2010) aniversario de la conquista de los castillos de El Cuervo, Castielfabib, Ademuz y Serreilla por Pedro II de Aragón y, por este motivo, de la puebla de Moya y sus tierras por Alfonso VIII. La obra puede ser adquirida bajo pedido escribiendo al siguiente correo electrónico: 965605606@infonegocio.com

BIBLIOGRAFÍA:

- Zara. Niceto Hinarejos Ruiz. ISBN: 978-84-613-3842-0

La visita ilustre de José Cornide


José Andrés Cornide de Folgueira y Saavedra, señor de Cebreiro, de Madiz y de Saa, fue ante todo un hombre curioso, cuyo afán por conocer y estudiar cuantas materias eran objeto de su atención, le llevó a dedicar su vida a la erudición y a la búsqueda de las evidencias que apoyaran sus investigaciones.

Su vinculación con la Real Academia de la Historia, primero como académico correspondiente y después como numerario, le llevaron a desempeñar las funciones de Revisor General y, posteriormente, Secretario y Bibliotecario de la Real Corporación. Esta vinculación con la Real Academia de la Historia y sus amistades con señaladas personalidades de la política y sociedad española de la época, le permitieron desarrollar una intensa actividad viajera por tierras de España y Portugal.

Uno de sus últimos viajes fue el que inició el 22 de octubre de 1801 por las tierras de Cuenca y Teruel, con el objetivo de buscar las fuentes de río Tajo y conocer con más detalle la geografía de la serranía de Cuenca, como complemento a sus trabajos sobre la geografía Ibérica. Un hecho a destacar durante este periplo, fue la visita que realizó el 4 de noviembre del mismo año a la población de Mira, donde hizo noche y dejaría anotado en su cuaderno los siguientes comentarios:

De Garaballa fui a dormir a Mira, distantes 2 leguas del monte y media de la Vega, en la que se haya situado el pueblo a falda de unos cerrillos que la cierran por la derecha; aunque su posición es pendiente y dominada por un antiguo castillo ya arruinado, es agradable porque le baña el río Moya, del que se sacan varias acequias que riegan la vega en la que a la salida del lugar, vi un paseito de álamos blancos. El vecindario me pareció numeroso y aplicado a la labor del campo, pues en las faldas de los cerros tiene sus viñas y algunos frutales. Yo me alojé por gracia en casa del boticario, pues la posada es sólo de arrieros y ni tiene cuarto ni cama. Es vicaría agregada a Camporrobles y cultivan azafrán.”

José Cornide murió en 1803, dejando una extensa y interesante documentación, y sin duda siendo uno de los viajeros más importantes de la Ilustración española.


BIBLIOGRAFÍA:

- “Los viajes de José Cornide por España y Portugal de 1754 a 1801” Abascal, Juan Manuel; Cebrián, Rosario.

La navaja barbera y los barberos


Antes del siglo XX, los hombres que se afeitaban lo hacían con navaja barbera, una herramienta afiladísima que, manejada con destreza sobre un rostro humedecido y enjabonado, dejaba la piel tan fina como el culito de un bebé. Para ello eran imprescindibles los preparativos que llevaban a ablandar el pelo y lubricar la superficie cutánea de modo que la tarea no fuera sangrienta, y de ahí el consejo –popular desde el siglo XV– “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

Tradición milenaria
El hábito generalizado de afeitarse se remonta, al menos, al antiguo Egipto, cuando se hicieron con bronce las primeras herramientas de corte fino. Alejandro Magno introdujo la costumbre en el mundo grecorromano, de modo que en la antigua Roma surgió la figura del tonsor, profesional que resultaría precursor de los alfagemes o barberos, que todavía en el medioevo usaban navajas de hierro. Hasta mediados del siglo XIX los oficios de barbero, peluquero y cirujano podían coincidír en la misma persona, ya que la navaja, de acero desde el siglo XVIII, era el instrumento con el que tanto se podía afeitar como hacer las sajaduras y cortes propios de las operaciones.

El ritual del barbero
La navaja barbera había de tener siempre el filo en perfectas condiciones, para lo cual se afinaba antes de cada uso pasándola unas cuantas veces por un asentador, posteriormente el incomparable ritual de enjabonarse con brocha, propio de quienes han aprendido a disfrutar con el afeitado.

Barberos en Mira
La mención más antigua a esta profesión la conocemos gracias a la contribución industrial de 1893, donde se nos informa que en Mira habían dos barberos: uno llamado Joaquín García Lázaro y otro Felipe Pérez Valdés, domiciliados en la calle del Río 19 y en la calle del Medio 3 respectivamente.

En 1911 Joaquín y Felipe todavía seguirían siendo los barberos del pueblo, en cambio en 1929 lo serían Emiliano García y Faustino Tortajada. En los años cincuenta los profesionales del afeitado lo serían Eligio García, Isaías Tortajada y Julián Tortajada.


BIBLIOGRAFÍA:

- Revista MuyInteresante.
- Boletín Oficial de la provincia de Cuenca.
- Ilustración de la Colección de Alvarez Caballero.
- Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración de España.
- Anuario General de España.

Gil Garcés de Azagra, el primer Señor de Mira


En 1219 el castillo de Mira es conquistado por el arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada. Dos años después, en 1221, el mismo Arzobispo toledano hace entrega del castillo de Mira a Gil Garcés de Azagra, convirtiéndose así en el primer señor en feudo de Mira tras la etapa musulmana.

¿Quién era exactamente Gil Garcés de Azagra?
Gil Garcés de Azagra (también conocido como Egidio o Gil García de Azagra)  fue uno de los hijos de matrimonio formado por Teresa de Hinojosa o Hinestrillas y García Ruiz de Azagra, hermano de los dos primeros señores de Albarracín. Era nieto de Miguel Muños de Hinojosa y Sancha de Hinestrillas, por tanto primo de Don Rodrigo Jiménez de Rada.

Debió de nacer en la década de 1170; como hijo de Teresa recibió en 1185 su parte en Deza junto con el obispo y abad de Huerta, su tío Martín de Hinojosa.

Gil Garcés se casó con Toda Ladrón (pariente de Teresa Gil de Vidaurre, una de las mujeres de Jaime I). En el testamento de su mujer se evidencia que Garcés gobernó Mora, hoy Mora de Rubielos, antiguo dominio de su suegro Pedro Ladrón, alférez de Pedro II de Aragón.

Desde Julio de 1202 hasta Diciembre de 1204 confirma diplomas de Alfonso VIII; luego sólo aparece en uno de 1206. En 1211 testifica junto a su primo, el señor de Albarracín Pedro Fernández de Azagra, que acude a la corte castellana en cumplimiento de una cláusula testamentaria paterna; desde entonces su presencia sólo consta en documentos de Albarracín y sobre todo aragoneses. En 1214 jura fidelidad al rey niño Jaime I entre los nobles aragoneses.

En 1221 obtiene de su primo Don Rodrigo Jiménez de Rada los castillos de Mira, Santa Cruz (Santa Cruz de Moya) y Serreilla.

Gil Garcés de Azagra debió de morir en 1237, cuando su viuda Toda Ladrón testa teniendo como albaceas a su propio hermano don Ladrón y al rey Jaime I durante el sitio de Valencia. El testamento menciona, junto al heredero varón Gil Garcés II, a una hija, Maria Gil, y una nieta, Elvira Gil.

Hay dudas sobre el lugar donde pudo ser enterrado; según un testamento de 1201, prometió varias donaciones y enterrarse en el monasterio de Santa María de Huerta, hecho que ratifica Antonio Ponz en el siglo XVIII, cuando vió un tablero en el monasterio de Huerta que decía: "Aquí yacen sepultados los nobles caballeros Gil Garcés, Don Diego Munóz y Don García Muñoz, que fueron nietos de generoso caballero Nuño Sánchez el noble”. Sin embargo sabemos que en 1228 se hizo freire de Santiago, orden que regularmente ligaba las donaciones a enterramientos en sus iglesias. De esta manera hay la hipótesis que pudo ser enterrado en la iglesia santiaguista de San Marcos de Teruel.

Gil Garcés de Azagra representa esos señores de frontera que durante la reconquista establecieron vínculos entre los reinos de Castilla y Aragón, según los intereses y alianzas por entonces muy cambiantes.


BIBLIOGRAFÍA:

- Una cruzada, un noble y un castillo en la frontera de Moya. Guillermo de León y Luís Mombiedro.
- Mira, tierra de frontera. Miguel Romero Saíz. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal. Nº. 22, 2007. ISSN 1139-4943.
- Historia de Albarracín y su sierra, Tomo III / dirigida por Martín Almagro.
- Feudo de Gil Garcés. Niceto Hinarejos Ruiz.
- Viaje por España. Antonio Ponz


Los Terrádez, de catalanes a manchegos.

Ruinas del Castillo de Terrades

El apellido Terrádez es bastante escaso, según las últimas cifras relativas, hay 215 personas censadas como primer apellido y aproximadamente 235 personas como segundo apellido. El mayor número de apariciones se da en Valencia (59,83%), Cuenca (14,53%) y Madrid (11,54%), en menor medida en Barcelona (3,85%) y Sevilla (2,14%).

Origen de los Terrádez
Según varios documentos del siglo XIX de la provincia de Cuenca, vemos como el apellido Terrádez se encuentra escrito como Terrades. Esto nos da fuerza para suponer que varios Terrades de Valencia emigraron a las tierras de Cuenca, y fue en esta zona donde se desarrolló una disimilación, es decir, un cambio en la estructura del nombre, se cambió la última “S” por una “Z”, partiendo de la hipótesis que para un castellano es mucho más fácil pronunciar Terrádez que Terrades.

A continuación, si aceptamos Terrades como un toponímico, es decir, un nombre derivado de un lugar o región, su origen podría estar en la población catalana de Terrades, localizada en la comarca del Alt Ampordà, en la provincia de Gerona. Su iglesia románica dedicada a Santa Cecilia, se menciona en 1115, cuando Ricardo de Terrades empeña a Dalmau de Montmarí las propiedades que tenía en esta parroquia. En esta población también se encuentra las ruinas del Castillo de Terrades, que fue entregado por el Infante Pedro, en nombre de Jaime I, a los vizcondes de Rocabertí, en 1272.

En la reconquista y siglos posteriores, un gran número de Terrades emigrarían a las tierras de Valencia y a las islas Baleares. Hecho revelador es que en la actualidad, la mayoría de Terrades viven en la comunidad de Valencia (48%), seguidos de Cataluña (34%) y en las Baleares (16%). Una de la primeras referencias se da en la ciudad de Valencia entre 1354 y 1374, donde aparecen registrados Jaume Terrades y Miquel Terrades.

Los Terrádez de Mira
Según la documentación disponible, varios Terradez llegarían a la población de Mira a mediados del siglo XIX desde los siguientes puntos: Enguídanos, Villargordo del Cabriel y Villalpardo.

En Mira, los primeros Terrádez del siglo XIX tendrían un importante papel en la gestión y desarrollo de los molinos harineros del pueblo. La siguiente generación de Terrádez se caracterizaría por ser propulsores de la modernidad. Según cuentan las memorias populares, el molinero Nicolás Terrádez Esteban fue el primero en montar un generador eléctrico en su molino, y por consiguiente el primero en tener luz eléctrica en el pueblo. Por su parte Constantino Terrádez Huerta, fue el primero en tener un negocio de transporte público, en 1928 disponía de tres vehículos de la marca Ford.

Posteriormente, en los años 50 y 60 del siglo XX, varios Terrádez como otros tantos mireños se desplazarían a Valencia, Barcelona o Madrid, en busca de mejores oportunidades.


BIBLIOGRAFÍA:

- Registro Civil de Mira.
- INE
- Wikipedia
- Boletín Oficial de la provincia de Cuenca.


Los Sierra de Mira


Sobre la base de este apellido, podría deducirse que existiendo en España tantas villas, pueblos, comarcas, cadenas montañosas con este nombre, es posible que por haber nacido, o haber estado afincado en tales lugares, algunas familias adoptaran como apellidos dichos nombres. En el caso de los Sierra de Mira, es fácil pensar que pudiesen haber tenido su origen en la cercana dorsal montañosa conocida popularmente como “La Sierra”. Otra hipótesis teniendo en cuenta la toponimia histórica de la comarca, viene de la existencia de un antiguo castillo musulmán llamado Sierra, renombrado castillo de Santa Cruz tras su conquista por don Rodrigo Giménez de Rada en el siglo XIII.  El cambio de nombre no evitaría que la antigua denominación se utilizara en la zona, a principios del siglo XV, una amplia zona dentro del término de Santa Cruz con varias aldeas, formaba un todo eclesiástico conocido como colación y beneficio de Sierra.


Los Caballeros de Sierra
Aun existe otra posibilidad. En el fuero de Molina de 1112 se menciona por primera vez la figura de los Caballeros de Sierra o los Caballeros de la Sierra. Estos tenían como principal misión la defensa de los bosques, encinares, pinares y sabinares, árboles y arbustos, pastizales, cobros del uso de estos bienes y montazgos. Serían una especie de guardas forestales armados. Lo interesante del tema, es que hay documentos del siglo XVI guardados en el archivo de Requena que confirman como el concejo de Mira gozaba de sus propios caballeros. De esta manera pudiéramos lanzar la hipótesis que el apellido Sierra pudiera derivar del oficio o profesión que ejercían estos caballeros o de la familia asociada.

Siglo XVII
En el siglo XVII tenemos al primer Sierra documentado. Según el censo de vecinos de todas las poblaciones del reino de Castilla de 1646, vemos que en el poblado de Mira vivía un tal Pedro La Sierra. El hecho de que el apellido vaya precedido del artículo "la", da a pensar que quizás estemos ante otra rama familiar totalmente diferente, o quizás no, quizás el paso del tiempo quitaría el artículo para dejarlo como Sierra.

Siglo XVIII
Gracias a las ordenanzas del concejo de Mira y al catastro de Ensenada, sabemos que a mediados del siglo XVIII vivían en el pueblo un tal Joseph Sierra, que fue diputado del concejo en 1737 y propietario de varias colmenas, y Maria Sierra, también apicultora.

De otros documentos del mismo siglo conocemos a Marcela Sierra López, hija de Mateo Sierra y Ana López. Marcela se casaría con Antonio Martínez, con quien tendría un hijo llamado Antonio Martínez Sierra, quien a la edad de 19 años estudiaría medicina y cirugía en el Colegio de San Carlos de Madrid. Por último mencionar a Petronila Sierra, posiblemente hermana de Marcela Sierra y tía de Antonio Martínez Sierra.


Los descendientes de Julián Sierra
En el último tercio del siglo XVIII, vendría al mundo Julián Sierra, persona que puedo confirmar inicia una ramificación genealógica del apellido Sierra que todavía perdura en Mira hasta la actualidad. Julián Sierra se casaría con Ventura Guadalajara y tendrían tres hijos: Maximino (1809-1883), Francisco y Marcelino (1816-1893). Marcelino Sierra Guadalajara, quien fue regidor del ayuntamiento de Mira, se casaría con Justa Sánchez Domínguez. De este matrimonio vendrían al mundo cuatro hijos: Faustina (1826-1903), Josefa (1829-1907), Longinos (1836-1922) y Atanasio (1835-1899). Este último se casaría con Victorina Nieto Hurriaga, ejercería como juez municipal durante un corto periodo de tiempo a finales del siglo XIX y tendría siete hijos: Atanasio (1867-1945), Crescencio (1874-1957), Jerónimo, Victoria, Rosenda (1880 -1941), Victoriana (1884 -1943) y Petra. Me pararé en este punto porque seguro que muchas personas de Mira ya conocen como continúa el árbol familiar.

Resumen
Como hemos podido ver, el origen de los Sierra de Mira todavía está por resolver, aunque no su arraigo en el municipio, más de doscientos años confirmados y quien sabe cuantos por confirmar. 


BIBLIOGRAFÍA:

- Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.
- Vecindario de las ciudades, villas y lugares de la corona de Castilla.
- Registro Civil de Mira.
- Archivo de Requena.
- Moya: estudios y documentos I / Grupo de Investigación de Moya


El camino de Santiago


Para peregrinar a Santiago de Compostela, lo único que se ha necesitado aparte de motivación, es salir de casa y seguir un camino con la dirección correcta. Con esta simple frase podemos entender que nunca hubo un camino único, sino que dependiendo del punto de partida se escogía la mejor ruta que en ese momento de la historia se podía o era conveniente tomar.

Para las personas que habitaban las tierras de la Valencia, o bien que llegaban en barco desde Italia sea Sicilia o Nápoles (recordemos que durante varios siglos pertenecieron al Imperio Español, y podía ser más económico y práctico viajar en barco hasta Valencia que partir hacia Francia para posteriormente entrar bien por Somport o San Jean de Pied de port dirección al Camino Francés), una de las opciones documentadas en el siglo XVI, consistía en coger un camino que les llevara hasta Utiel o Requena, de allí encaminarse hacia el puente del Pajazo para cruzar el río Cabriel, y seguir vía Almodóvar del Pinar hasta Cuenca. Una vez en la capital conquense se dirigirían a Burgos, donde podían enlazar con el camino francés hasta Santiago.

Sin embargo gracias al trabajo que están realizando desde la asociación Jacobea de Requena, se tienen bastantes indicios para pensar que muchos peregrinos que llegaban a Utiel o Requena, en vez de dirigirse al Pajazo se dirigían a Camporrobles, para posteriormente encaminarse hacia Mira, Víllora y otros pueblos de la serranía baja hasta llegar a Cuenca.

En el siglo XVI, en el lugar de Camporrobles, y cito lugar y no población puesto que así está documentado, solicita a Requena la tala de 80 piezas del pinar de Mira para la construcción de un Hospital. En aquel momento Camporrobles solo tenía 100 habitantes y la construcción de un hospital de las características documentadas hace pensar que solo tenía sentido si la zona era frecuentada por un alto número de transeúntes o peregrinos. Posteriormente en el catastro de la Ensenada se vuelve hacer mención del hospital para transeúntes, casi 3 siglos después. También tras una visita pastoral del obispado de Cuenca a Camporrobles en 1588, se cita  entre los libros de cofradías la existencia de la ermita de Santiago. Hoy una de sus calles está dedicada al Santo, coincidiendo curiosamente con el camino.

De Mira y su relación con el camino de Santiago podemos decir que según el catastro de Ensenada, desde tiempos inmemorables existía una casa que servía de hospital para pobres, y que posiblemente también fuese para peregrinos, sin olvidarnos del llamativo reloj con forma de Vieira de la iglesia de Mira.

También es importante tener en cuenta que el puente del Pajazo continuamente podía estar sin servicio por las numerosas riadas causadas por el río Cabriel, por lo tanto una ruta alternativa siempre hubo de estar presente, tanto por Mira como por los puentes de Valdocañas o Contreras.

Aun con todas las pruebas presentadas, no deberíamos considerar el recorrido del camino de Santiago por Mira como una ruta principal, sino más bien como un importante ramal alternativo.



BIBLIOGRAFÍA:

- Archivo de Requena.
- Repertorio de caminos de Juan Villuga.
- Catastro Ensenada 1753. Archivo General de Simancas.
- Asociación Jacobea de Requena.
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Un caso admirable de longevidad


El 9 de abril de 1929 se publicó en la revista gráfica “La Estampa”, una curiosa e interesante entrevista a Claudia Huertas, natural de Mira. El artículo no tiene desperdicio, aparte de desvelarnos alguna diferencia generacional de la época, la protagonista es capaz de aportarnos con sus 102 años de edad interesantes datos históricos.

Entrevista integra que realizo el periodista Ignacio Carral a Claudia Huertas en 1929: 

“Pues verá usted, yo nací en diciembre del año… 1826 …

Cuando una persona que está sentada a vuestro lado, os dice tranquilamente esto, no puedo por menos de sentir un escalofrió y un poco de vértigo. Pensad que cuando nació esta pulcra viejecita que nos habla, doña Claudia Huertas, viuda de Navarro, acababan, como quien dice, de irse de España las tropas de Napoleón.

- ¿Entonces tiene usted?...

- Ciento dos años, voy a hacer ciento tres en diciembre – dice con la seguridad de quien tiene al tiempo fuertemente sujeto.

Y, como si quisiera que yo me diese mejor cuenta, añade:

- Nací en Mira, en la provincia de Cuenca, y allí estaba cuando estalló la primera guerra carlista, teniendo yo siete años. Lo recuerdo perfectamente. Los vecinos decían que habían levantado partidas el Arcipreste de Moya, Tallada, Morcadel, el fraile de la Esperanza … ¡La que se armó! ¡Todos los días había tiros!... ¡Y hasta cañonazos!... Los liberales sacaban coplas a los carlistas. Verá usted, me acuerdo de alguna:

Carlos V tiene un hijo,
y le quieren coronar,
y de corona le pone,
una piedra de amolar.

Y los carlistas venían, invadían el pueblo y cobraban las contribuciones.

La viejecita habla casi sin pausa, con voz apenas temblorosa, y con una memoria segura que no le falla ni en un nombre ni en una fecha. Solo de vez en cuando se detiene como esperando que yo la pregunte algo, y continua:

- Después se sublevó Cabrera, y estuvo allí en el pueblo … Llevaba una capa encarnada y una boina blanca..


- ¿Ha vivido usted mucho tiempo en Mira?

- No, solo hasta los catorce años; luego me fui a Requena; allí me casé; mi marido era médico – y como temerosa de que crea que no se acuerda de la fecha de su boda, retrocede – me casé el año 49. El año 53, cuando yo tenia veintisiete años, fuimos ha vivir a Valencia…

- Y a Madrid, ¿No venia usted nunca entonces?

- Vine, por primera vez; hace… sesenta años… Luego, no volví hasta el 1914, en que me vine a vivir con mis nietos, los señores de Gallardo.

- ¿Entonces usted muy cambiado esto de una vez a otra?

- ¡Uf! ¡Lo mismo que si fuera otra ciudad distinta! Vinimos de Valencia por Aranjuez en silla de posta… Y desde la glorieta de Atocha, que fue por donde entramos en Madrid, no se veía ni una sola casa. Todo era campo… Era muy difícil viajar entonces ¿sabe usted?, había muchos bandidos por los caminos, que asaltaban las diligencias y despojaban a los viajeros … Y aun las calles por la noche eran poco seguras. No se podía salir.

La anciana calla y mueve lentamente los ojos como si los paseara a lo largo de los años. Observamos mientras tanto su rostro con dos grupos de arrugas, uno en cada mejilla, su pelo blanquísimo, curiosamente peinado, su mueca sonriente, como si la divirtiera este siglo, que no es ya el suyo, y al que la ha sido permitido asomarse como por broma por graciosa concesión de la providencia.

- ¿Sus padres alcanzaron mucha edad también?

- No, no murieron jóvenes, a los cincuenta y cinco años…

- No quedará ya nadie de sus tiempos, de su familia, de sus amistades.

- Sí; tengo una hermana, aunque mucho más joven que yo; va a cumplir noventa años. También tengo una hija que pronto cumplirá los ochenta. ¡su hija mayor se murió ya casada! – y dice esto con acento lleno de amargura, como quien ha recibido un golpe que difícilmente borrarán los años - ¡Pobre nieta mía! ¡Ya tendría ahora cincuenta y dos años! Mire, estas son sus hijas – termina señalándome a dos lindas muchachitas de unos quince a veinte años, que la viejecita besuquea apasionadamente cuando se acerca a saludarla.

- ¿Y qué le parecen a usted estos tiempos? – Le digo para distraerla de su pensamiento triste - ¿Qué le parecen las modas actuales de las mujeres?

Al principio, la anciana no me responde nada. Se limita a juntar y separar varias veces sus manos expresando su desalación con un gesto mímico. Al fin, dice:

- ¡Uy, dios; como han cambiado las cosas! ¡No va nada de ahora a entonces! Cuando una de nosotras asomaba la punta del pie bajo la franja de la falda, ¡la que se armaba! Y ahora, ¡Santo Dios! – Y Doña Claudia se tapa la cara con las manos como si quisiera apartar de delante de sus ojos la terrible visión de las faldas dejando al descubierto las pantorrillas - ¡Si por allí las viesen! – Y tiene la mano señalando con el dedo, desde la azotea donde hablamos, un punto indeterminado en el infinito, como si tratase de situar en el espacio este allí, con el que quiere designar su época lejana.

- ¿Y como se las ha arreglado usted para conservarse tan bien?

Me contesta con un gesto de sonriente encogimiento de hombros, como expresándome que ella no tiene la culpa, y dice simplemente:

- De ninguna manera

- ¿No ha hecho usted vida higiénica? ¿No ha tomado mucho aire y mucho sol? ¿No he hecho mucha gimnasia, grandes excursiones a pie?

La viejecita sonríe como si la hablasen de cosas de otro mundo.

- No; el aire y el sol me molestan mucho, no les puedo sufrir, no me gustan. Yo he hecho mi vida de mujer de mi casa, y nada más.

- ¿Ha tomado usted mucha carne en su vida’

- Mucha. Y la sigo tomando aún con estos dientes que aún me quedan – Y me señala dos grupos de dientes, en magnifico uso, abajo y arriba, que han sobrevivido a la catástrofe de su boca. - Lo que no como es pescado; no me gusta. Pero no crea que tomo sólo carne; también como tomates, pimientos, naranjas, limón, lechuga, mucha sal y mucho vinagre…

- ¿Ahora, no sale usted de casa?

- No, ya no, Sólo algún rato aquí a la azotea; pero poco; ya le digo que el sol y el aire me molestan.

- ¿Y que hace usted durante el día? ¿Se levanta usted pronto?

- No, me levanto tarde. Me gusta estar en la cama hasta las doce o la una. Después de comer, la pido a mi nieta algo de labor, y coso un poco de ropa, o le alguna novela..

- ¿Le gusta a usted leer novelas?

- Mucho; me paso grandes ratos.

- ¿Y no se cansa la vista?

- No; yo no he usado nunca lentes – dice con sencillez.

- ¿Y qué novelas prefiere usted?

- Me gustan las novelas de amor, esas en que los personajes se matan o llegan a las cosas más terribles por amor…

La anciana calla. En la azotea se agita la turba vocinglera y alegre de una veintena de chicos, algunos asomándose ya a la adolescencia: son los bisnietos. Poco más allá, los Sres. De Gallardo y dos o tres matrimonios más: los nietos… Doña claudia contempla los grupos con mirada serena, sonriente. Denotando una alegría de alma que ha sido quizás el secreto de su permanencia en el mundo a través de más de un siglo.

Cuando divisa a Zapata con la máquina ante ella, protesta:

- ¿Pero me van a retratar? ¡Oh, no; ya estoy vieja! ¡Si hubiera sido hace unos años menos!

Y al fin cede:

- Bueno, me dejo para que mi hermana vea la fotografía. ¡Le gustará tanto verme!


BIBLIOGRAFÍA:

- Revista “La estampa”, número 66 del 9 abril 1929

La epidemia de gripe de 1918 y 1919


La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1 que mató a 143930 personas en España y entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919. Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos y jóvenes saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas débiles.

Para la mayor parte de los especialistas, la gripe de 1918 comenzó en las estepas centrales de Asia, como todas las pandemias de gripe cuyo origen ha podido ser conocido. Sin embargo la revisión de la documentación existente nos hace inclinar hacia la hipótesis de un origen americano. La primera noticia que se tiene de la aparición de la epidemia se registró en un campamento del ejército americano en Funston, Kansas, el 4 de marzo de 1918, justamente en la misma región donde aparece la gripe porcina. Un mes más tarde había invadido Francia y poco después se había extendido por casi todo el mundo. Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto del mundo, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.

La epidemia de gripe cruzó la provincia de cuenca describiendo las misma tres oleadas que en el resto del país. Gracias a un par de breves estudios publicados en El Día de Cuenca y a los datos sobre movimientos de población de los boletines oficiales, conocemos a grosso modo la evolución de la enfermedad en el término provincial. Hasta el 1 de Enero de 1919, la gripe había hecho presa en 26.618 personas de 172 pueblos y provoca la muerte de 1223. Solo en Octubre de 1918, la epidemia causó 913 de las 1925 defunciones contabilizadas en la provincia, multiplicado por 2,5 el número total de fallecimientos respecto al mes anterior (779). El gobernador civil declara extinguida la epidemia en 118 poblaciones a mediados de diciembre. Dieciséis más se les unen el día de Navidad. Hasta ahí la llamada fase de invasión y propagación. A primeros de enero de 1919 continuaba activa en Garcinarro (12 enfermos), Mazarulleque (20), Huete (130), Tinajas (40), Villanueva de Guadamajud (44), Sisante (30), El hito (30), Caracenilla (11) y en Mira, donde ya se había dado el alta, pero sorprendentemente reapareció la epidemia con 80 casos y 2 defunciones. La capital se mantiene todavía a salvo del mal más virulento. Se inicia entonces la fase de decrecimiento, caracterizada por una notable caída en las tasas de morbilidad y letalidad. El inspector de sanidad Eduardo Castillo recopila las cifras: 26 localidades epidemiadas, 1669 afectados, 68 muertes. La tercera fase, o de recrudemiento, comienza hacia febrero y engulle a la ciudad de Cuenca y a otros 47 pueblos, a algunos de ellos por segunda vez, incrementando ostensiblemente las vistimas pero sin llegar a los niveles el primer período: 348 muertos de 7654 afectados.

Por fin, en el boletín oficial de 4 de julio de 1919 se publica el ansiado anuncio de la Junta Provincial de Sanidad que proclama la victoria de los hombres sobre la tenacidad del virus.

La epidemia en Mira
Las consecuencias de la epidemia de gripe en el municipio de Mira me son desconocidas, aunque no seria muy difícil descubrirlas, simplemente revisando las actas de defunción podríamos conocer el número total de muertes o incluso saber si las víctimas fueron enterradas en un lugar especial, como sucedió con el cólera morbo en el siglo XIX.


BIBLIOGRAFÍA:

- La muerte edificada. El impulso centrífugo de los cementerios de la ciudad de Cuenca (Siglos XVI-XX). Diego Gómez Sánchez
- La Gripe española: la pandemia de 1918-1919. Beatriz Echeverri Dávila

La Unión Patriótica


El 24 de Julio de 1924, se publicó en el diario ABC de Madrid la siguiente fotografía donde aparecen todas las mujeres de Mira que componían la sección femenina del partido.

La Unión Patriótica fue un partido político español creado el abril de 1924 por el dictador Miguel Primo de Rivera como una asociación de ciudadanos, que integraría a toda la sociedad y sustituiría a los partidos tradicionales a los que consideraba corruptos, para dar soporte al nuevo régimen. 

Fue un partido personalista ligado al mantenimiento del régimen primorriverista y a la personalidad de su líder. Como partido careció del necesario apoyo social que le permitiera existir una vez desaparecido el régimen de la dictadura.


BIBLIOGRAFÍA:

- Wikipedia.
Hemeroteca del ABC.